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jueves, 29 de septiembre de 2016

El próximo año a la misma hora

3*

Dos jóvenes cenan una noche en el restaurante de una hermosa posada en Mendocino, al Norte de California (algo así como en Nepenthe de Big Sur). Cruzan miradas, se sonríen, comparten una mesa y, al final, acaban acostándose y enamorándose. Pero ambos están casados. Cuando acaba el fin de semana, deciden volver a encontrarse en el mismo lugar al año que viene. La película, basada en una exitosa obra teatral, recrea varios de esos encuentros a lo largo de los años, desde la inseguridad de las primeras veces hasta la serenidad de la madurez y lo hace siguiendo algunas de las principales corrientes, tanto estéticas como morales, tanto políticas como sexuales, de la reciente historia de los EE.UU., hecho que transforma esta película en un retrato modelo de la evolución del USAmericano medio desde comienzos de los cincuenta hasta finales de los setenta. Bien mirado, también podría ser una metáfora de una realidad en peligro de extinción: el matrimonio que dura varias décadas. Ellen Burstyn arrasa con su emocionante y sutil personaje mientras que Alan Alda vuelve a demostrar su vena cómica y neurótica. El film consigue hacer sonreír al espectador pero también le hace sentir las penalidades de los personajes, a lo largo de los años, e, incluso, le puede hacer llorar, pulsando su tecla nostálgica. Algo a lo que la música echa una buena mano. Pero Mulligan no hace un drama de esta preciosa historia de amor. Ni tan siquiera un melodrama. Es, más bien, una comedia vital.

jueves, 19 de junio de 2014

El exorcista (Aka The Exorcist)

4*

Uno de los clásiscos incontestables del cine de terror moderno, El exorcista tiene una estructura narrativa muy interesante: 3 historias extrañas que terminan por cruzarse. La primera, la de un arqueólogo en Irán; la segunda, la de los tormentos familiares y personales del padre Karras; la tercera, la de una actriz separada y su hija Regan Teresa, en Georgetown. La idea básica del film es mostrar al espectador cómo se viviría en una sociedad coetánea la presencia del diablo, a través de una posesión y su correspondiente exorcismo. Tanto William Peter Blaty (autor de la novela original) como William Friedkin (director de la película) juegan muy bien con la evocación anímica que tanto la iconografía religiosa como la representación del mal despiertan en el espectador. Al igual que otras películas del género, como La matanza de Texas, por ejemplo, Friedkin juega también excelentemente con los efectos de sonido (en las pesadillas del Padre Karrras, por ejemplo) y, por supuesto, con la mítica BSO compuesta por Mike Oldfield, Tubular Bells. Por otro lado, si bien la historia puede ser leída en un tono conservador (moral y socialmente hablando) y el espectador se pregunta cómo hubiera ido todo si la protagonista no fuera una mujer adinerada, The Exorcist pulsa con contundencia algunos de los miedos más primigenios del ser humano (a la pérdida de la identidad, a la propia maldad y al diablo, a la profanación religiosa, etc.). Técnicamente, la película es soberbia y lo que se ve en pantalla adapta sabiamente el contraste entre la ciencia y la religión mediante un estilo semidocumental que alcanza altas cotas en las escenas del hospital y en las escenas del exorcismo. Aunque la producción muestra algunos errores (esos empleados que caban siempre en el mismo sitio, algún desliz de montaje, etc.), el film ha pasado a los anales del fantaterror contemporáneo por los efectos que produce en el espectador y por su lograda conjunción de virtudes, donde los actores, precisamente, no son una característica accesoria. De hecho, todos ellos están expléndidos (Ellen Burstyn, Linda Blair, Max von Sidow, Lee J. Cobb y Jason Miller).

martes, 25 de octubre de 2011

La fuente de la vida

3*

Mágica, irreal, hermosa. Una sorprendente mezcla de espiritualidad y carnalidad. Darren Aronofsky trama una reflexión moral y sentimental mediante tres historias que se superponen cronológicamente: una ambientada en la conquista de América, otra en la actualidad y, la tercera, en el futuro. Sin embargo, el esteticismo se superpone continuamene a un eclecticismo religioso que desemboca, finalmente, en un conclusión excesiva y grandilocuente. Todo ello salpicado con las gotas inaprensibles de la obra de un Edgar A. Poe, especialmente las que se destilan de las etéreas pero lúgubres Ligeia o Morella. Por otro lado, la profundidad no consigue estar siempre a la altura de las imágenes e, incluso, alguna escena fuerza la sonrisa del espectador con una inesperada ridiculez, todo lo cual hace totalmente comprensible las opiniones encontradas sobre la película. Como digo, esteticamente absorbente, espiritualmente emotiva pero, a la vez, muy triste, incluso con un love is forever de por medio. A destacar el trabajo de Hugh Jackman y de la oscarizada Ellen Burstyn.