El guionista Ranald MacDougall, autor de libretos tan celebrados como el de
Alma en suplicio, Pánico en la escena o Cleopatra, también tiene una curiosa
faceta como director. Una de sus obras más interesantes es, probablemente, esta
historia de ciencia ficción con elementos sociológicos, protagonizada por Harry
Belafonte, Inger Stevens y Mel Ferrer. La
historia está en la base de varias películas posteriores y es, a su vez, una adaptación de una novela de M.P. Shiel (monarca del Reino de Redonda): un único hombre
sobrevive a una hecatombe mundial y debe adaptarse a vivir en soledad en un
mundo derrotado y abandonado. No es esa soledad de la que hablara Edgar Poe en El hombre de la multitud. Ni esa soledad
marginal y desgarrada de la que escribió Walter de la Mare en Memorias de una enana. Es la soledad
real, la de la ausencia total de compañía. Hasta que aparece un segundo
superviviente, en este caso una mujer (como el lector recordará, la premisa recuerda
a The Last Man on Earth, El último hombre vivo o Soy leyenda, por ejemplo). Lo mejor de
la película es, sin duda, las escenas rodadas en un Manhattan despoblado y fantasmal, porque las pinceladas sociales no consiguen convencer al espectador.
Por cierto, la película tiene, a su vez, un precedente en el obscuro clásico
post apocalíptico Five, del
desconocido director Arch Oboler.
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