John W. Burns es un vaquero que
gana unos dólares cuidando vacas aquí y allá. Al enterarse de que un amigo suyo
ha sido encarcelado en un polvoriento pueblo de Nuevo México, por ayudar a unos
espaldas mojadas, decide acercarse a echarle una mano. Sin embargo, no consigue
convencer a su amigo para que se fugue de la cárcel con él por lo que debe huir
de la policía del condado. El sheriff
(Walter Mathau) comenzará a perseguirle y, poco a poco, se transformará en una
cacería. David Miller firma uno de sus mejores trabajos como director, con una
dirección solvente y sobria aunque no exenta de personalidad, con una
grandísima interpretación del trío protagonista (los mencionados más una
jovencísima y magnífica Gena Rowlands), un guión elegante y áspero de Dalton Trumbo y, por último, una magnífica BSO de Jerry Goldsmith, en uno de sus
primeros scores para el cine. Además,
el semi olvidado Philip Lathrop borda su trabajo con la cámara, fotografiando
espléndidamente tanto los interiores como los espacios abiertos. Una película
que comienza con humor (lo que recuerda a Cactus Jack) pero que, tras los créditos, se vuelve indómita porque refleja las
dificultades de adaptación a la vida moderna de una parte del pueblo
USAmericano. Finalmente, el film
guarda similitudes con Vidas rebeldes,
estrenada solo un año antes, aunque su planteamiento es más radical que la
crepuscular Junior Bonner y que La pradera sin ley. En este sentido, el
argumento contrasta la vida tradicional, basada en una concepción profesional
del trabajo y la fidelidad, con el convencionalismo de la vida modena, absurda,
mediocre y despersonalizada. Lo más curioso del film es que tiene algunas de las semillas cinematográficas que
luego germinarían en obras como Acorralado,
del gran Ted Kotcheff. Por su parte, Kirk Douglas despierta todas las simpatías
con un personaje hecho a medida de su enorme personalidad y carisma.
viernes, 21 de febrero de 2014
Los valientes andan solos (Aka Lonely are the Brave)
3.5*
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jueves, 20 de febrero de 2014
Terror sin habla (Aka Frightmare)
3*
En 1974, el director británico Pete Walker (poseedor de una curiosa
filmografía) rodó está desconocida película sobre un matrimonio que es
condenado a permanecer en una institución mental hasta que puedan reinsertarse
en la sociedad. Han sido acusados de crímenes aberrantes, crímenes que rozan el
canibalismo. 19 años después, comienzan a vivir en una casa en el sur de
Inglaterra, cerca de Chichester, porque ya han sido considerados sanos. Sin embargo,
comienzan a ocurrir extraños sucesos en los que también están implicadas sus
dos hijas. En el mismo campo semántico, tanto temático como visual, que La matanza de Texas, Frenesí o El estrangulador de Rillington Place, Frightmare supone un hachazo decidido al cine de terror europeo de
comienzos de los setenta, tanto por su ambiente sórdido y perturbado como por
su pesimismo psicológico (aunque, evidentemente, la película se sitúa en una
tradición ya existente en la filmografía británica de terror). Pese a errores
constantes de raccord, Walker
consigue armar una historia desasosegante, que va revelando poco a poco todas
sus implicaciones enfermizas y que guarda varias sorpresas al espectador,
incluida alguna cinéfila (como la referencia a La gran comilona). Además, hay varias escenas explícitas (no muy
abundantes, por cierto), lo que acerca Terror
sin habla a los films de un Joe
D’Amato, por ejemplo, o a esa seminal Mumsy, Nanny, Sonny & Girly, dirigida por Freddie Francis.
martes, 18 de febrero de 2014
Nebraska
3.5*
Si Larry Fink hubiera rodado
una película, le hubiera salido muy parecida a la última obra del gran
Alexander Payne, Nebraska. Pero no
nos referimos al Larry Fink glamouroso y high
class, sino al Fink provinciano, costumbrista, al que visita las granjas rurales en busca del tuétano USAmericano. Payne vuelve a su estado natal
para contar una historia emocionante y cómica, con sus momentos descorazonadores y también con sus
momentos tiernos, todo fifty-fifty. El casi senil Woody Grant (Bruce Dern) recibe uno de esos
timos clásicos por correo que nos anuncian que hemos ganado un millón de
dólares. El pobre viejo se lo cree y decide hacer el viaje desde Montana hasta
Nebraska para “cobrar” el premio. Le acompañará su bondadoso hijo, cerrándose así
el círculo that will be unbroken. La
dirección de Payne está llena de humilde sabiduría, de una pulcritud propia de una vieja
camisa Pendleton y, sobre todo, de
una ironía tan fina como el mejor de los carpaccios.
Con el espíritu de los films de los
cincuenta/sesenta (plasmado en una fotografía de Papamichael gloriosa y en una
música folk, sencilla y emotiva, de
Mark Orton), Payne suelta por el Medio Oeste al viejo Grant y a sus Sancho
Panzas, prestos a descubrir al espectador la maravilla de las ilusiones y de
los sueños rotos. Contaba Italo Svevo la tristeza de Mefistófeles cuando una
vez intentó comprar el alma de un viejo y éste, abatido, esperando la muerte,
le dijo que no necesitaba nada, que no quería nada. Payne nos enseña que
siempre se puede soñar, que siempre se puede desear y que, por tanto, siempre
se está a tiempo de conseguir algo, aunque tu vida parezca la de un mero
espectador, pasivo, decrépito, anciano. Por cierto, esta vieja camisa tiene un par de pequeñas arrugas. Casi no se ven pero hacen que el resultado final no alcance la perfección.
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sábado, 15 de febrero de 2014
Mis 5 imprescindibles de Philip Seymour Hoffman:
-
Happiness
(1998).
-
Owning
Mahowny (2003).
-
Truman
Capote (2005).
-
La
familia Savages (2007).
-
The
Master (2012).
viernes, 14 de febrero de 2014
El imperio contraataca (Aka The Empire Strikes Back)
4*
Segundo episodio de las aventuras
de Luke Skywalker, la Princesa Leia y Han Solo, en el seno de un imperio
intergaláctico dirigido por el malvado Emperador, sus disciplinados ejércitos y
Lord Vader. Y segunda parte de la historia de la rebelión de los pueblos de la
galaxia contra ese despótico imperio. Con la excelsa partitura de John Williams
sonando por todo el metraje, Irvin Kershner rueda una ilustre space opera de aventuras, en la estela de La guerra de
las galaxias, pero con grandes dosis de filosofía Jedi, elementos
psicoanalíticos y excusas argumentales propias de la tragedia griega y del
folletín decimonónico. A lo que hay que sumar un punto de oscuridad moral y
ornamental que le viene estupendamente bien para aumentar la ratio de edad de sus posibles
espectadores. De hecho, entre el carácter aventurero de la primera película de
la saga y el carácter festivo (aunque repetitivo) del cierre de la trilogía (El retorno del Jedi), este film destaca con propiedad como el mejor
realizado y como el más profundamente pergeñado, tanto desde el punto de vista
narrativo como estético, tanto en sus aspectos técnicos como artísticos.
Además, la revelación final ha pasado con justicia a la historia del cine. Por
otro lado, El imperio contraataca
siguió despertando en toda una generación el amor por la tecnología, por los
efectos especiales y por el reverso tenebroso de la fuerza. Pero también por el
odioso merchandise, por obra y
gracia de comerciantes y artistas visionarios como George Lucas. Curiosamente,
la película coincide en el tiempo con el comienzo de la popularización del
ordenador personal, tanto del PC como del Mackintosh, creado por Wozniak y
Jobs, aunque los FX de este film son casi todos tradicionales.
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jueves, 13 de febrero de 2014
Mujeres en fuga
2*
Michele Massimo Tarantini, el autor Polizzioti Violenti (un interesante polizziesco), rueda esta sexploitation centrada en el sugénero WIP. El argumento gira en torno a Angela Duvall (Suzane Carvalho), una mujer que es condenada por un asesinato que no ha cometido y que es encerrada en una cárcel donde despierta todo tipo de bajos instintos. Evidentemente, las condiciones de la cárcel son infames, hay una violencia permanente, la población presidaria es muy libidinosa y los carceleros son unos calentorros desalmados. Además, claro, la cochambrosa prisión está ubicada en un país sudamericano. En un momento determinado, logrará escapar de la misma y tendrá que huir tanto de los carceleros como de otros individuos que la persiguen. El film es bastante competente en sus aspectos técnicos pero está muy mal iluminado (fíjense en la primera escena de interior de la película, donde los dos personajes que conversan tienen siempre su sombra detrás, independientemente del lugar que ocupen en el plano), las interpretaciones son un punto mediocres y estereotipadas y el argumento, más allá de un superficial thriller de investigación, se queda en una mera excusa para el conveniente batiburrillo de violencia, sexo y acción. Sin embargo, el espectador morboso podrá disfrutar de un par de escenas bien pergeñadas desde el punto de vista erótico. Aunque el erotismo no llega a la lujuria cachonda de las producciones Russ Meyer, ni a la depravación de las obras de Bruno Mattei, Sergio Garrone o de la serie de Ilsa. Por cierto, no hay que confundir esta película con el libro del mismo título de la escritora panameña Rose Maria Tapia.
martes, 11 de febrero de 2014
Dando la nota (Aka Pitch Perfect)
2.5*
La joven Beca (Anna Kendrick) es
una chica tímida y frágil que se aleja de los demás para protegerse. Hasta que
llega a la Universidad de Barden y se apunta a un grupo de voces a capella, las Damas de Brenton (The Bellas), con las que deberá trabajar
en equipo e, incluso, convivir, para ganar un concurso interesatatal de canto. La
idea es conseguir el pitch perfect
(el tono perfecto) gracias al perfect pitch (oído natural). Jason Moore, un teledirector, se pasa a la pantalla grande
con esta comedia postadolescente sobre los efectos socializadores de la música,
aunque sea una tan mainstream y tan facilona. La película
destaca por contar con una producción sonora arrolladora así como por la
energía que desprenden las coreografías, los montajes musicales y el juego
armónico de las voces. Por el contrario, las interpretaciones son de lo más
normalitas e, incluso, estereotipadas (véase, por ejemplo, la escena en la que
Beca visiona The Breakfast Club).
Además, el film cuenta con bastante humor zafio y hormonado, una concepción de las relaciones personales de lo más
trivial y una dirección tirando a convencional. En todo caso, para verla con
los ojos entornados y despertar en los números musicales es perfecta.
lunes, 10 de febrero de 2014
Heat
4*
El teniente Vincent Hanna (Al Pacino) persigue
con ahínco al equipo de Neil McCauley (Robert de Niro), un grupo de ladrones
sofisticados, en una ciudad envilecida y rodeados, asimismo, de un paisanaje
donde no faltan los más atroces depredadores, tanto en las altas esferas (Van
Zant) como en las cloacas (Waingro). Michael Mann filma su propio guión de plomo (un guión que ya había rodado en ese borrador de Heat que fue L.A. Takedown), con la ayuda de una fotografía crepuscular de Dante Spinotti, una BSO
épica de Eliott Goldenthal y un abultado presupuesto. 60 millones de euros pueden dar para mucho: para firmar 170’
de implacable narración de género, para rodar en más de 95 localizaciones en
Los Ángeles, para desarrollar un guión absorvente y trágico, para contratar a
un buen puñado de excelsos profesionales y actores, para no tener que deber
nada a ninguno de los grandes estudios, etc. Es verdad que la escena de la
conversación entre McCauley y Hanna podría haber dado más de sí ya que
decepciona un poco, le falta intensidad e ingenio. Es verdad que algún
personaje, algún diálogo, alguna escena podrían haber sido eliminados del
montaje final. Pero tambien es verdad que la película funciona maravillosamente
bien allí donde Michael Mann quería que funcionase: en el retrato abstracto
pero apasionado de dos mundos enfrentados —de dos “profesiones” límite, el de
los ladrones y el de heat, con sus
respectivos códigos de honor—, engarzado en el espacio y el tiempo de una
epopeya urbana que se mueve, además, en los límites del thriller y del drama romántico. Aunque, finalmente, todo acaba
siendo trágico porque nadie gana nada. Mientras que Amy Brenneman, Diane
Venora, Val Kilmer y Jon Voight están perfectamente fusionados con sus
personajes y Al Pacino está desbocado, Robert de Niro y Ashley Judd se llevan
la película de calle: dos actores como la copa de un pino que, muy a menudo,
alcanzan el techo de sus capacidades interpretativas. Todo el mundo recordará a
Neil McCauley, ese perfeccionista y solitario ladrón enamorado, y a Charlene
Shiherlis, esa madre ex prostituta que solo quiere llevar una vida normal. Ambos
actores están maravillosamente comedidos, entregados, convincentes. Y el film les rodea y les quiere aunque, al
final, les abandona.
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viernes, 7 de febrero de 2014
Estudio de terror
3*
Probablemente, uno de los más conseguidos crossovers entre la obra de Conan Doyle y la leyenda que rodea a
Jack el destripador. Con una exhuberante y tétrica ambientación victoriana,
James Hill sitúa a un muy british John
Neville, en el papel de Sherlock Holmes, y a su inevitable compañero, el Doctor
Watson, tras la pista de una serie de asesinatos de prostitutas en una
neblionosa y oscura Whitechapel. Por cierto, así como el Holmes de John Neville
alcanza cotas dignas de mención, el Watson de Donal Houston se queda a la
altura del personaje bobalicón interpetado por Nigel Bruce. Pero claro, estas
son cosas del guión. En todo caso, sin llegar al clima desapacible de Asesinato por decreto ni al nivel de
sordidez alcanzado por el bisturí de Alan Moore en From Hell (la oscura y metafísica versión de los hechos del autor
de V de Vendetta), Estudio de terror es una entretenida
muestra del thriller inglés de
suspense, con puntuales elementos cabareteros y humorísticos y que muestra un
excelente abanico de los métodos detectivescos usados por el más famoso
habitante de Baker Street: desde la abducción a la deducción, pasando por la
inducción, como sugería Charles Sanders Peirce y tan sabiamente han expuesto el matrimonio Sebeok. Por otro lado, determinadas escenas de acción así como una
conseguida mezcla de alta política, folletín e investigación policial
convierten a este film en un
antecedente directo del Holmes de Guy Ritchie aunque, por otro lado, muestra un perfil bajo
respecto de la teoría conspiranoica más extendida sobre la identidad del destripador.
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jueves, 6 de febrero de 2014
La última cacería (Aka The Last Hunt)
3.5*
Dos hombres, muy distintos entre
sí, se ganan la vida cazando búfalos en territorio indio, por lo que también
tienen que hacer frente a la oposición de éstos debido a que los búfalos son
una parte importante de su sustento. El liberal Richard Brooks, experto en
meter el dedo en la llaga (como escribe Claude Beylie), dirige un Western ecologista sobre la masacre de búfalos
e indios. Y lo hace contrastando dos caracteres y dos sensibilidades: Stewart
Granger pone la tolerancia y el respeto por los derechos de los animales mientras
que Robert Taylor ofrece el lado siniestro y depredador del hombre blanco,
obsesionado con ganar más y más a costa del resto de los seres vivos (animales
e indios). Excelente fotografía, de Rusell Harlan, y magníficos diálogos para un film que se puede considerar el
precursor de la obra de Sam Pekinpah y del Western naturalista de los setenta. Por
cierto, uno de los motivos musicales, obra de Daniele Amfitheatrof, es el mismo
que el tema principal de la BSO de Max Steiner para Centauros del desierto, estrenada ese mismo año, 1956. También
aparecen una bellísima Debra Paget y un jovencísimo Russ Tamblyn, por cierto. Un año
después, en 1957, Brooks estrenaría una obra de estructura similar pero sobre
el colonialismo y el racismo, Sangre sobre la tierra.
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martes, 4 de febrero de 2014
La campana del infierno
3*
Un hombre sale de un manicomio y
regresa, para vengarse, al hogar de la mujer que le internó: su tía, que vive
con sus tres hijas, todas las cuales consideran que sigue siendo un perturbado.
La campana del infierno es la segunda
y última película de Claudio Guerin (póstuma, para más inri) y supone una extraña realización dentro del panorama del
fantaterror español de la época. De hecho, es una coproducción con Francia. El film tiene una relativamente interesante
trama de suspense psicológico que coquetea con el slasher y con Edgar A. Poe, a lo que se añade un ligero toque
sobrenatural. Además, la obra cuenta con interesantes localizaciones y con dos
actores de la talla de Viveca Lindfors y Alfredo Mayo. Sin embargo, conviene
hacer algunas observaciones en su contra. En primer lugar, recrearse en el descuartizamiento
real de animales en pantalla no solo
es una vileza falsamente artística sino también un golpe bajo al hipócrita
espectador, desacostumbrado como está al sufrimiento que se vive en los
mataderos, tal y como escribió Marguerite Yourcenar en unas páginas certeras y
brutales que dedicó a denunciar la hipocresia genocida del mundo contemporánea
(en El tiempo, gran escultor). En
segundo lugar, algunas interpretaciones son realmente mediocres así como
ciertos aspectos técnicos. En último lugar, tanto el montaje como la narración
subsecuente pretenden ser innovadores pero no siempre aciertan en el tono (como
algunos encuadres, varios zooms y
ciertas secuencias con cámara subjetiva). En todo caso, una curiosidad para amantes de la serie B.
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