El guionista Stiller (Humphrey
Bogart) lleva años sin repetir su éxito anterior. Una noche, en un restaurante,
conoce a una dependienta que está terminando de leer un best seller sobre el que le han encargado un guión. Hombre impetuoso, la invita a su casa para que le cuente el argumento del libro. Al
cabo de un rato, se marcha y él se queda en casa. A la mañana siguiente, bien
temprano, la policía visita su casa porque han encontrado a la dependienta
estrangulada. Solo una hermosa vecina (Gloria Grahame) puede proporcionarle una
coartada, ya que les vio desde la terraza de su apartamento colindante. A
partir de aquí, el film se mueve
entre el thriller (Stiller es el
principal sospechoso) y el romance (él y la vecina se enamoran y comienzan un affaire), lo que da pié al gran Nicholas Ray para que desarrolle una puesta en escena compacta y acerada, entre la
trilogía de Lang con Joan Bennett y el cine negro de Wilder. En todo caso,
salvando la acidez general del argumento y del diseño de personajes, la película
no es especialmente harboiled (salvo
alguna escena con Bogart como detonante) ni creíble (tanto los cambios de
carácter del protagonista como el momento de la confesión del asesino, no son
dos puntos a favor de la verosimilitud de la trama). El cine negro USAmericano
de los cuarenta y los cincuenta tiene obras mucho más punzantes, más incisivas, tanto
social como políticamente. En todo caso, estamos ante un film estimable y, por muchos años, alabado como una auténtica obra maestra.
martes, 10 de mayo de 2016
En un lugar solitario (Aka In a Lonely Place)
3*
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Nicholas Ray
sábado, 7 de mayo de 2016
El oso (Aka L'ours)
3.5*
Jean-Jacques Annaud es uno de los
directores franceses más valientes de las últimas décadas. Ha tocado casi todos
los géneros y ha rodado casi todas las historias, aunque un elemento común a
todas ellas es su arrojo a la hora de afrontar los proyectos más arriesgados. Comenzó
su filmografía con una película sobre la prehistoria, que se ha convertido en
un film mítico, En busca del fuego. Un film
de 1981 que ha resistido muy dignamente el paso del tiempo y que se mantiene
incólume a su poder corruptor. Es verdad que, con anterioridad, Annaud había
rodado dos obras previas (El cabezazo
y La victoire en chantant) pero sería
con ese retrato de la vida antropoide, en los orígenes de la humanidad, con la
que se daría a conocer. Acto seguido vendría su exitosa adaptación de la novela
de Umberto Eco, El nombre de la rosa,
de 1986. Y, 2 años después, estrenaría El
oso, un feroz pero emotivo retrato de la vida salvaje en las espectaculares
montañas de la British Columbia (aunque, en realidad, la película fue rodada en
Los Alpes), protagonizado por un osezno cuya madre ha muerto por un
desprendimiento de rocas en un panal de abejas. Annaud consigue que el
espectador se emocione con las peripecias del pequeño animal, que parece seguir
con fidelidad el arco argumental y que, por supuesto, no necesita diálogos para
comunicar su estado de ánimo ni sus pensamientos. Estamos ante una versión
adulta y conservacionista de las películas de Disney protagonizadas por
animales, por lo menos las que Disney ha estrenado desde Bambi. Atención a la escena en la que el osezno se “reecuentra” con
su madre (sic.). En Dos hermanos,
Annaud volvería al cine rodado con animales, con una calidad similar.
viernes, 6 de mayo de 2016
En busca del avión perdido (Aka Race for the Yankee Zephyr)
2.5*
Everett de Roche es uno de los
guionistas más reputados y respetados de las antípodas. Sin embargo, no siempre
ha contado con un director a la altura de sus historias. En esta ocasión, el
actor David Hemmings se pone tras la cámara para contarnos una fábula de aventuras
sobre el Yankee Zephyr, un avión de
la 2ª G.M. que se perdió repletito de oro. El trío formado por Donald Pleasence,
su hija (Lesley Ann Warren) y su socio (Ken Wahl) pretenden llegar al avión
pero también lo pretenden un grupo de gángsters liderados por el señor Brown
(George Peppard). Ente ellos, las imponentes montañas de Nueva Zelanda,
hermosamente fotografiadas. El principal punto flaco de la película es la
incapacidad del director para equilibrar los componentes cómicos y de acción de
la historia. En este sentido, Hemmings se equivoca al rodar y al montar las
escenas de acción, que resultan inverosímiles, ilógicas y un poco ridículas.
Por su parte, el compositor australiano
Brian May (no confundir con el guitarrista de Queen) vuelve a regalar al cine una BSO atractiva y bien orquestada en la
que, incluso, hay algún que otro guiño al trabajo de Malcolm Arnold en El puente sobre el tío Kwai. Como curiosidad,
en un papel secundario encontramos a Bruno Lawrence, el protagonista de ese
pequeño clásico de la ciencia ficción austral que es El único superviviente. En definitiva, un entrañable pero
imperfecto divertimento pre peterjacksonero.
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miércoles, 4 de mayo de 2016
La delicadeza (Aka La délicatesse)
2*
La sombra de Amélie es alargada. Desde entonces, su protagonista, Audrey Tautou,
está encasillada en el mismo papel. Sí, ese personaje risueño y maniático que
pretende mostrar su aparente creatividad a través de cientos de chorradas pero
que, en realidad, es de lo más convencional. Como convencional es el argumento
de este film: una chica conoce a un
chico en un bar; se enamoran; se casan; un buen día ella se queda viuda; y se
queda sin ganas de tener otra relación. Pero a su alrededor hay varios
personajes de caza. Vamos, lo normal. El director sigue todos los
convencionalismos de la comedia sensiblera francesa (¡incluso en el título!) para
contarnos una historia absolutamente formularia y burguesa, basada en la
relación de pareja como único desarrollo emocional válido. En este sentido, los
amigos, por ejemplo, parece que solo aparecen cuando se está soltero (sic).
Mientras se está con pareja, los amigos son, tout simplement, esos personajes de atrezzo que añadimos a nuestras cenas de sábado para hacernos los guays. En fin, formal y temáticamente, si
el espectador (mejor, dicho, si la espectadora) quiere echarse unas buenas
gotas de eau de parfum francés, esta
es su película Anais Anais: una
romanticada de oficina, solo para empleados aburridos y sin mayores problemas
con su nómina. Lo único interesante es la banda sonora. Pero también parece un
remedo de temas instrumentales de Sigur
Rós o de Beirut.
sábado, 30 de abril de 2016
Mis 5 imprescindibles de Dustin Hoffman:
- El graduado (1967).
- Lenny (1974).
- Tootsie (1982).
- Muerte de un viajante (1985).
- Agu Trot de Roald Dahl (2015).
Toda clase de extraños (Aka All the Kind Strangers)
2.5*
Telefilm USAmericano que se adelanta unos cuantos años a Los chicos del maíz y que coincide temáticamente con Donde florecen los lirios. El argumento gira
en torno a un hombre que recoge a un chavalín, en medio de ninunga parte, y que
va cargando un pesado paquete. Le lleva en coche hasta la casa de su familia,
en medio de unos maizales, y, una vez allí, comprobará que los chavales no
tienen progenitores y que su intención es que se queda para ejercer como “padre”.
Pero, claro, lo intentarán por todos los medios, incluso a la fuerza. Fábulaca American Ghotic, que bordea la cultura redneck y que representa una buena
metáfora de la familia conservadora y autoritaria USAmericana. La película
despliega una buena dosis de tensión, aunque el guión tiene algunos pequeños
agujeros. Sin embargo, el final es totalmente decepcionante. Correctas
interpretaciones, salvo la de John Savage y Samantha Eggar, que se muestran por
encima de la media. ¡Ay si esta muchachada se hubiera encontrado con Pa y Ma,
el Steiger y la De Carlo de John Hough!
viernes, 29 de abril de 2016
Carretera asfaltada en dos direcciones (Aka Two-Lane Blacktop)
3.5*
Sin lugar a dudas, una de las más
fascinantes road movies del cine
USAmericano contemporáneo, un puro y desgarrado canto al motor de explosión, a
Detroit y a la vida en la carretera. El mismo director, Monte Hellman, monta
con precisión mecánica esta historia mínima pero que, en pantalla, funciona
como uno de esos anuncios de Marlboro
o Coca-Cola de la avenida Madison. Es
decir, como un commercial sobre la
libertad. Pero la película tiene otra lectura. Si el progreso de un país se
mide por la relación que ha creado entre su capacidad tecnológica y sus
costumbres morales, Two-Lane Blacktop
funciona como una terrible metáfora del vacío existencial que asola a esa “pesadilla
con aire acondicionado” de la que hablaba Henry Miller. En todo caso, de forma
hipnótica y con una intriga creciente, el espectador seguirá a varios locos de
las carreras, al conductor (James Taylor), al GTO (Warren “muscle car” Oates),
a la chica (Laurie Bird) y al mecánico (Dennis Wilson, ex Beach Boys y poseedor de uno de los mejores discos de Pop de finales
de los setenta, el Pacific Ocean Blue).
Como instantánea espiritual de una época gloriosa de nuestra historia reciente,
este film de 1971 se revela, con toda
su fidelidad y profundidad, como un canto arquetípico a ese nihilismo
desencantado que puede ser visto como el rasgo más importante de la década de los setenta (de forma similar a lo que hizo Punto límite: cero).
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jueves, 28 de abril de 2016
El síndrome de China (Aka The China Syndrome)
3.5*
Después del éxito del cine de
catástrofes, propio de una época (la irredenta década de los setenta) ávida de
experiencias cinematográficas morbosas, más o menos increíbles, había que
contar las amenazas reales a las que está expuesta “la sociedad del espectáculo”.
Por eso proliferaron, a finales de la década, varios disaster films, digamos, “reales” y críticos, es decir, sobre
situaciones que pueden asolar perfectamente nuestra forma de vida y que, de
hecho, en muchos casos, están en la base de la misma (especialmente con
empresas sin escrúpulos de por medio). Por ejemplo, el riesgo de la energía
nuclear, en varias de sus formas, no solamente como Holocausto Nuclear. Con el
compromiso y la producción del propio Michael Douglas, un desconocido James Bridges rueda una muy bien narrada y muy tensa historia sobre una central
nuclear que está a punto de ocasionar un auténtico estropicio en el idílico
territorio de California. En este sentido, es modélico el final elegido. Jane
Fonda y Jack Lemon regalan dos personajes admirablemente interpretados, al
igual que el propio Douglas, o los veteranos Scott Brady, James Hampton, James
Karen, Peter Donat, Richard Herd o el carpenteriano Wilford Brimley. Con una
factura cuasi televisiva, The China
Syndrome (y, luego, películas como Silkwood, Plutonium o Alerta atómica) puso en contacto a la población USAmericana con los riesgos de la
energía atómica, luego confirmados por variados accidentes, como el que ocurrió
solo unos pocos días después en Pensilvania. Pero está visto que los seres
humanos no tenemos memoria. Y así nos va.
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lunes, 25 de abril de 2016
Revolver
3*
Se ha dicho muchas veces que, por
el amor de una mujer, uno puede hacer cualquier cosa. Como decía
sardónicamente, Oscar Wilde, “no hay nada como el amor de una mujer casada”. Especialmente
si tu mujer es tan hermosa como Agostina Belli. El “tercer Sergio”, Sergio
Sollima, abandona el terreno del Euro
Western para rodar un poliziesco en
coproducción italo-franco-alemana, en la línea de Ciudad violenta. Unos mafiosos sicilianos secuestran a la esposa
del subdirector de una cárcel con la intención de que éste permita la fuga de
un peligroso recluta. El subdirector, por su parte, cederá al chantaje pero se
intentará tomar la justicia por su mano, aunque lo que descubrirá no encaja con
lo que había estado pensando. Sollima monta un film complejo, con elementos del thriller y del cine carcelario y en el que destaca la corpulencia
bruta de Oliver Reed (que, por entonces, tenía serios problemas con el alcohol,
como su compatriota Michael Caine) así como el espigamiento varonil de Fabio
Testi, en un papel que consigue sacar buena parte de su paleta gestual y
corporal. En todo caso, Sollima sigue escarbando en su lectura del
comportamiento humano y urde una trama sofisticada por sus múltiples lecturas
políticas y morales, a semejanza de su obra maestra Cara a cara. Por su parte, y curiosamente, Morricone desarrolla una
partitura gris, sin garra ni personalidad, a partir de la melodía original del Für Elise de Beethoven. Es, con
probabilidad, el precio que el compositor romano hubo de pagar por su sobrecarga
de trabajo en la época. En 1972 (es decir, un año antes), Morricone llegó a
firmar más de 28 bandas sonoras, por ejemplo.
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sábado, 23 de abril de 2016
Emmanuelle
2*
En el Bangkok de comienzos de la
década de la irredenta década de los setenta, la joven Emmanuelle (una especie
de Valentina à la Guido Crepax) vuelve
a su casa con su marido
diplomático. Una vez allí, y con el consentimiento de su esposo, comenzará su
educación erótica y sentimental, materializando todo tipo de sueños y fantasías
sexuales, aunque sin llegar al nivel de La
filosofía en el tocador, eso sí, que había que llenar los cines. Con esa
delgadez y esa languidez típica de una época que no se ponía hasta arriba azuzada
por el consumismo alimentario, la ansiedad y el estrés, Just Jaeckin aprovecha
a una excelsa Sylvia Kristel, convertida en sex
symbol para toda una generación, y le hace vibrar en un buen conjunto de situaciones,
a cada cual más sugerente y excitante, aunque todas con un etéreo machismo
flotando en el ambiente. Se habló mucho, por cierto, de la escena de los
cigarrillos (que trae a la memoria del espectador esa otra de Carlos Trillo y
Horacio Altuna en la que una prostituta se introducía bolas de billar por la
vagina). Uno de los más conocidos intentos de convertir la liberación sexual en un
“movimiento del alma”, en “la victoria de los sueños sobre la naturaleza”. Un clásico histórico del cine erótico.
jueves, 21 de abril de 2016
La dama roja mata siete veces (Aka La dama rossa uccide sette volte)
2.5*
Otra de esas producciones
oportunistas que poblaron los programas dobles durante un buen puñado de años. Con
una clara inspiración en 6 mujeres para
el asesino, la obra de Mario Bava (el codificador del género), y en El pájaro de las plumas de cristal, de
Dario Argento (su más perspicaz popularizador), Emilio Miraglia urde su segundo
giallo (tras el éxito del primero), con
algunos de sus más conspicuos elementos: un trauma juvenil, una tétrica
leyenda, una herencia disputada, luchas de ambición empresarial y familiar, varios
crímenes por descifrar, varios sospechosos, máscaras de por medio, truculentos
asesinatos, etc. El guión es un tanto confuso pero se sigue con interés, en
especial por un diseño de producción que roza lo gótico, algún que otro giro
“inesperado”, un score de Bruno
Nicolai a la altura así como, en último lugar, por la belleza de las actrices protagonistas,
capitaneadas por una habitual del género, Barbara Bouchet, y con la siempre
correosa presencia de Sybil Danning. El film
disfruta de un cierto status (y de una cierta adamiración) dentro de su ámbito temático, ese thriller amarillento que hizo furor
entre mediados de la ingenua década de los sesenta y mediados de la irredenta
década de los setenta. De hecho, se vende un diorama de la asesina, la dama
roja, nada menos. Hasta estos límites llega la cultomanía respecto de determinados productos culturales de serie B o Z. Por cierto, la película
cuenta con una buena edición en la colección española de Regia Films.
martes, 19 de abril de 2016
El amor del capitán Brando
3*
En 1974, en pleno "destape cinematográfico", el protoadolescente Juan,
de 13 años, asiste a una escuela rural en un pueblo de Segovia (Pedraza), en
los últimos y agonizantes momentos del franquismo. Allí, se enamora de la hermosa
profesora Aurora (Ana Belén). Por su parte, un viejo republicano adinerado
(Fernando Fernán Gómez) decide volver al pueblo, tras su exilio de varias
décadas. Entre los tres individuos, libres y desprejuiciados, comienzan a
desarrollarse una serie de escenas que sugieren el amor imposible entre todos
ellos, a la manera de la modernísima Academia
Rushmore. Jaime de Armiñán se apunta al cine revisionista de los Saura, los
Borau, los Camus, los García Sánchez o los Chávarri de la época, un cine
necesario y valiente que recupera el debate sobre las consecuencias de la
Guerra Civil española, por un lado, y sobre las aspiraciones democráticas de
una pequeña (aunque significativa) parte de la población del país (la más meritoria),
por la otra. La película tiene cierta rigidez interpretativa, varios diálogos
forzados y algún que otro esquematismo en la composición de los personajes, que
llega a rozar el arquetipo, lo cual no es una deficiencia en sí misma salvo
porque choca con la intención naturalista del film. Aunque, bien mirado, flota sobre toda la trama una aureola
simbólica que disimula gratamente todos estos defectos. A este tenor, la película
es hermosa en sus intenciones y sugestiva en su desarrollo. Curiosa escena, por
cierto, en que se homenajea a Bienvenido,
Mister Marshall, con un Ferrandis imitando al gran José Isbert. Y es que el
cine no solo imita a la realidad sino que también se alimenta del propio cine,
fagocitándose a sí mismo.
viernes, 15 de abril de 2016
Mis 5 imprescindibles de Veronica Lake:
-
Los viajes de Sullivan (1941).
-
Me casé con una bruja (1942).
-
Contratado para matar (1942).
-
La dalia azul (1946).
-
La mujer de fuego (1947).
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