jueves, 22 de octubre de 2015

Celebración del tercer aniversario: resultado



Como todos los años, y después de un escrupuloso sorteo, las películas que han sido seleccionadas para convertirse en PastillasCríticas dedicadas son las siguintes


Irrational Man
Inferno
The Lobster

Y, de manera excepcional, ha aparecido un accésit que corresponde a:

Fresas salvajes 

[ Finalmente, por puro y simple agradecimiento, Zineface también ha decidido regalar una PastillaCrítica a:

Bone Tomahawk y a Mr Holmes.

Y recuerda a sus lectores que ya hay una PastillaCrítica de Hombres armados ]


En esta ocasión, a lo largo de los meses de octubre, noviembre y diciembre serán subidas las respectivas PastillasCríticas, con su dedicatoria correspondiente.
Muchas gracias a tod@s, de corazón, por vuestra participación. Es un placer contar con seguidores como vosotr@s.
Zineface espera que disfrutéis de las PastillasCríticas dedicadas y solo os pide una cosa: recordad que se elaboran con el mayor de los cariños y con la más escrupulosa dedicación.
Ad astra per aspera.

miércoles, 21 de octubre de 2015

El último testigo (Aka The Parallax View)

3*

[Spoiler: ¿Se imaginan una conspiración para asesinar políticos incómodos? ¿Se imaginan a una misteriosa empresa, Parallax (como las que describe Dave Eggers), detrás de esa conspiración? ¿Se imaginan a alguno de ustedes investigando para desenmascarar dicha conspiración? ¿Y se imaginan presentando una solicitud para entrar a formar parte de los recursos humanos de esa empresa? ¿Se imaginan que las cosas no acaban como uno espera? Pues bien, esto es justo de lo que trata esta película]. Warren Beatty, testigo de un crimen político en Seattle, descubre que el resto de espectadores del magnicidio están muriendo en extrañas circunstancias. Poco a poco se pone a investigar y lo que descubre no le hará ni pizca de gracia. Con una puesta en escena realmente sobria, típica de la filmografía del director (planos fijos, pequeños movimientos de cámara, ligeros travellings, grandes planos generales, etc.), y un ritmo adecuadamente sincopado, Pakula entrega al espectador uno de sus característicos thrillers de política-ficción (con más política que ficción, por cierto), y con un espíritu políticamente fustigador, en la línea de Acción ejecutiva o JFK, por ejemplo. A la postre, estamos ante un producto muy pesimista, que denuncia la naturaleza realpolitik que hay detrás de buena parte de la democracia liberal representativa USAmericana (tal y como destaca Beverly Merrill en su Reelpolitik Ideologies in American Political Film), y que, incluso, se atreve a ponerle una buena zancadilla a la comisión Warren, pantomima demócrata para averiguar los motivos del asesinato de Kennedy. Como diría el propio Beatty, en el clásico de Peter Biskind, Star: The Life and Wild Times of Warren Beatty, “there’s nothing that can destroy Democratic Party like a Democrat”. Convendría destacar la similitud entre el cine rodado por Coppola en la época (especialmente, las dos primeras partes de El padrino) con el aspecto visual de este film. No por casualidad, el artífice de las tres narraciones visuales es Gordon Willis, nada menos, que comenta su trabajo en el imprescindible The Masters of Light. Uno de esos films que ayudan al espectador ingenuo a comprender las reglas del juego político.

jueves, 15 de octubre de 2015

Mis 5 imprescindibles de Charles Chaplin:


-       Vida de perro (1918).
-       La quimera del oro (1925).
-       Tiempos modernos (1936).
-       El gran dictador (1940).
-       Monsieur Verdoux (1947).

Hitchcock

2.5*

Decía Alfred Hitchcock que “el cine no es un trozo de vida sino un pedazo de pastel” (“for me, the cinema is not a slice of life, but a piece of cake”). Pues bien, haciendo literalmente honor a la frase, Sacha Gervasi fabrica un biopic apastelado, repletito de chocolate blanco, azúcar glasé y todos esos tópicos y lugares comunes sobre el orondo director (su obsesión por las rubias flemáticas, su inmadurez sentimental, su carácter obsesivo, su glotonería y hedonismo vital, su pasión por el cine, etc.). Aunque, claro, como se trata de vender la película a un público más amplio, vamos a meterle un final feliz, de esos que sonrojan a Hollywood pero que emocionan a casi todos esos espectadores medios que pagan unos 10 euros por ver una película en esos infaustos años de finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI. Desde este punto de vista, la película no defrauda al significado de la frase hecha inglesa, “piece of cake”. La excusa argumental consiste en narrar la historia de la dificultosa producción de Psicosis, uno de los films más populares de todo el siglo XX (un genuino éxito de público en el momento de su estreno y también hoy mismo), abuelo del género de terror (tal y como se realiza en la actualidad) y padre del subgénero psicopático (tal y como se ha venido haciendo desde entonces). Por cierto: tanto Hopkins como Mirren están especialmente inconsistentes en sus papeles, mientras que Jessica Biel sobresale como Vera Miles (además de protagonizar los fotogramas más glamorosos y hechizantes de la producción). 

La princesa prometida (Aka The Princess Bride)

3*

Contar un cuento, narrar una historia, ¡un arte universal! ¡Un arte atemporal! Muchos han sido los narradores y muchas las historias, a lo largo de los años, a lo largo de los siglos, a lo largo del ancho mundo. Michael Ende, por ejemplo, hacía que el joven Bastian leyera una historia que le transportaba al mundo de Fantasía y, además, le aislaba de la realidad, de una realidad en la que sufría una especie de proto bullying de la época. El propio Ende decía que “para encontrar la realidad hay que darle la espalda y pasar por lo fantástico”. La ultraconservadora década de los ochenta tuvo el privilegio de vivir una recuperación del cine fantástico, como evasión de la realidad, como mecanismo para contemplarla de una forma distanciada y crítica y, también, y precisamente por ello, para introducir una serie de valores morales. La princesa prometida, clásico indiscutible del cine fantástico y juvenil contemporáneo, no es una gran película. Pero tiene todas esas cosas. Tiene todo lo necesario para que mozalbetes de todas las edades disfruten con la irrealidad del amor eterno, aderezado con una amistad a prueba de bombas, con un variopinto grupo de antihéroes (¡ese Iñigo Montoya, por Tutatis!) que colaboran entre sí en pos de un fin colectivo y con un mundo irreal en el que los milagros pueden suceder. Y, por encima de todo, con la victoria del bien, que aplasta, sonriendo, a todas las costrosas y egoístas manifestaciones del mal. Una joya encantadora, para disfrutar de una tarde insulsa de sábado.

miércoles, 14 de octubre de 2015

El asesino de muñecas

2.5*

Uno de esos films oscuros y malditos que salpican la filmografía española y que es el producto de una forma artesanal e irrepetible de hacer cine, en un contexto en el que la industria se estaba reestructurando, de ahí la proliferación de coproducciones. Por otro lado, es un producto hijo de la irredenta década de los setenta, patria y madre de todo tipo de experimentos fílmicos, en este caso siguiendo, en cierta medida, la veta abierta por el gran Mario Bava (en especial, de su Un hacha para la luna de miel). Sobre el papel, una simple historia de un asesino perturbado. En la pantalla, una absorbente historia de múltiples resonancias sobre los desmanes de un coleccionistaa (un ex estudiante de medicina que se encapricha de una adolescente), con una sugerente ambientación y unas correctas interpretaciones (en particular, la de su protagonista, un David Rocha exultante, recuperado para la causa por esos expertos apasionados de Exhumed Movies y Miskatonic Videos). La puesta en escena no escatima en aciertos de todo tipo, como las escenas frente al espejo, la del árbol sangrante o las de las propias muñecas que dan nombre al título. En su contra, todo hay que decirlo, hay que mencionar cierta torpeza en la planificación y en el rodaje de varias escenas, un score que no deja un solo segundo al silencio y a la sugerencia y, para terminar, continuos y gratuitos movimientos de cámara, zooms y demás recursos típicos de la época, por no hablar de ese videoclip insertado en medio de la película o de esa camiseta de cuello vuelto con logotipo de playboy. Lo curioso del asunto es que la producción parece adelantarse a obras como Tourist Trap o Maniquí (aunque, a la vez, puede hacer recordar en el espectador una de las historias de Al morir la noche).

Jules y Jim (Aka Jules et Jim)

2.5*

Icono de la nouvelle vague más gafapastista, Jules et Jim es, con probabilidad, la mayor petulancia rodada nunca por François Truffaut, elaborada a base de acumular muchos microepisodios en una estructura arrítmica. Un film irreal, frívolo y falsamente ingenioso sobre unos personajes repelentes, contradictorios e incoherentes hasta (el aburrimiento o) la exasperación, henchidos de superficialidad burguesa y de esa joie de vivre propia de quienes no tienen que trabajar. En particular, el personaje de Jeanne Moreau es voluble, egocéntrica y caprichosa a más no poder. La trama proviene de una novela que Zineface no ha leído por lo que poco puede afirmar sobre el problema de su adaptación. Sin embargo, para que el lector esté alerta, conviene conocer la espina dorsal del argumento: dos amigos comparten una mujer mientras la vida pasa, los años avanzan impertérritos y un narrador desconocido va haciendo comentarios vertiginosamente superfluos. En todo caso, parece que la historia es una excusa para lo más destacable de la película: la forma. Un caparazón visual que se inspira en el cine mudo (de ahí la importancia de la música de Georges Delarue) así como en la pintura impresionista y cubista y que, además, incorpora metraje de archivo (para las escenas de la Guerra, por ejemplo) y que, como novedad, se aprovecha de varias de las conquistas técnicas de las vanguardias artísticas (cámara en mano, montaje abrupto, congelación de la imagen, narración entrecortada, travellings en primer plano, planos-secuencias filosofales, vistas aéreas, pantallas que se abren, falta de raccord, etc.). Sin duda, la extravagancia es la norma. Y la excepción, la empatía del espectador. Encima, puso de moda los bigotes femeninos, como símbolo de inconformismo (sic.) ¡Ay, si Bazin levantara la cabeza!

viernes, 9 de octubre de 2015

Celebración del cuarto aniversario


Parece mentira pero, PastillaCrítica a PastillaCrítica, un año más acaba de perfeccionarse, acaba de tener lugar. Zineface espera que haya sido un curso cinematográficamente provechoso para todos sus lectores.
Pues bien, para celebrar el cuarto aniversario del Blog, vamos a recuperar la dinámica de los últimos años. Como ya sabéis, la idea es que proporcionéis una película para que sea Pastilleada. De hecho, tres de vuestras propuestas recibirán sus respectivas PastillasCríticas, con sus correspondientes dedicatorias personalizadas. Es decir, con la dedicatoria que merecen nuestros seguidores. Ni más ni menos.

Así que la idea es la misma que en anteriores aniversarios. Repetimos: quien quiera tener su propia PastillaCrítica dedicada, que deje un comentario, en esta entrada, proponiendo el título de una película para que sea Pastilleada. De todos los comentarios que se reciban en el Blog, se sortearán 3 PastillasCríticas dedicadas, que se irán subiendo a lo largo de los meses de noviembre y diciembre.

La fecha límite para que dejéis vuestro comentario es el 20 de octubre de 2014.

Y, por favor, recordad que el cine no es lo más interesante de la vida pero sin él la vida sería menos interesante. Y, quizás, también, menos entretenida y, por supuesto, menos reflexiva y sensitiva.

Ad astra per aspera.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Campanadas a medianoche (Aka Chimes at Midnight)

4*

Harold Bloom considera que Hamlet y Falstaff son más grandes que la vida. Que están más vivos que muchos de nosotros. Bloom siempre ha considerado a Falstaff “el dios mortal de sus imaginaciones”, un rebelde que se niega a reconocer las instituciones sociales y que vive en los márgenes del lenguaje. Orson Welles, 20 años antes de esta sabia apreciación, se atrevió a volver a España para rodar su personal adaptación de algunas crónicas de la historia medieval de Inglaterra, siguiendo al Bardo de Stratford pero también a Geoffrey de Monmouth y a Ralph Holinshed. Emiliano Piedra, un joven productor, puso el dinero mientras que el propio Welles fue el encargado de reunir a un plantel de excelsos actores que no hubieran desentonado en el talentoso y avispado mundo del The Globe original (John Gielgud, Ralph Richardson, Fernando Rey, Margaret Rutherford, Jeanne Moreau, Keith Baxter, Walter Chiari, Norman Rodway y el propio Welles, que ofrece una composición magistral del sablista y asustadizo Sir Fat Jack). Chimes at Midnight, en su título original, brinda una historia hecha de retazos, de pequeñas capturas de pantalla en movimiento, lo que la transforma en una primeriza pieza postmoderna. Y dicha historia avanza, visualmente, con la gracilidad de un Eisenstein; narrativamente, con la genialidad de quien se atrevió, ya desde muy joven, a fusionar 4 textos míticos de Shakespeare; filosóficamente, con la profundidad y la nostalgia de quien ha tenido y le han quitado; y, finalmente, desde el punto de vista humano, con esa riqueza y perspicacia propia de dos genios, el de los King’s Men y el del Mercury Theatre. Atención a esa maravilla cinematográfica que es la escena de la batalla, rodada con cuatro cuartos pero de una fuerza expresiva apabullante, solo al alcance de unos pocos cineastas. Una obra imperecedera, llena de vigor y sabiduría, de lo mejor que ha rodado nunca el autor de Sed de mal y Fraude.

lunes, 5 de octubre de 2015

Territorio prohibido (Aka Crossing Over)

2.5*

En Tinseltown, varios personajes luchan por regularizar su situación legal, cruzando sus historias o viviéndolas de forma paralela. Wayne Kramer desarrolla un mosaico desagregado sobre un tema muy particular, siguiendo el ejemplo de Crash, más compacta pero igual de lacrimógena. La diferencia es que, aquí, existe un misterio criminal que revelar (en la historia principal, la que interpreta Harrison Ford). El resultado es una película extraña: estamos ante un discurso bastante convencional sobre los valores culturales USAmericanos pero que se atreve a deslizar una lectura revisionista sobre los atentados terroristas de las Torres Gemelas, entre otros aciertos parciales. Visual y narrativamente, el film no levanta el vuelo más allá de los recursos típicos de las teleseries, donde se entrecruzan varias historias y cuyo desarrollo vamos conociendo cronológica pero alternativamente (lo cual produce un falso efecto de complejidad), a lo que hay que añadir los inconfundibles planos aéreos sobre la laberíntica y cancerígena ciudad de Los Ángeles (para que el espectador pueda llenar su garganta de palomitas), además de algunas escenas enigmáticamente patrioteras. Desde este punto de vista, es comprensible la decepción de la mayoría de la crítica. Sin embargo, y al margen de un final agridulce pero esperanzador, la producción tiene otros aciertos, como el hecho de mostrar las dificultades del multiculturalismo existente en el American Dream, así como el dolor y el sufrimiento que se derivan de su estricta política de inmigración. Completan el reparto, Ashley Judd, Ray Liotta, Alice Eve o Ciff Curtis.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Mis 5 películas de superhéroes imprescindibles:


-       Superman (Richard Donner, 1978).
-       Los increíbles (Brad Bird, 2004).
-       Iron Man (John Favreau, 2008).
-       Watchmen (Zack Snyder, 2010).
-       X-Men: Días del futuro pasado (Brian Singer, 2014).

Perras callejeras

1.5*

Aprovechando el tirón del cine cutre-delictivo inaugurado por el Saura de Deprisa, deprisa, del cardado y de las carreras de caballo, José Antonio de la Loma intenta repetir el éxito con esta versión feminista de Perros callejeros, visión casposa del quinqui lumpenproletariat urbano de la España del PSOE pero, en este caso, protagonizado por tres mujeres que, por diversas necesidades, deciden dedicarse al atraco navajero. Una dirección standard (como de guardia), una historia absurda (como pocas), unas interpretaciones de feria (con diálogos sacados de un atestado policial), música de sintetizador y un conjunto de diversos elementos (desde el pop de discoteca al travestismo de Pintor Rosales, pasando por un intento de crítica política) "cortan" el producto, adulterando su pureza, y transformándolo en una visión oscura, en una cara b, de ese universo pijo de los Hombres G. Como, por diversas razones históricas, en la España de la ultraconservadora década de los Ochenta no pudo haber comedia estudiantil USAmericana (salvo contadísimas excepciones), el espectador de la época hubo de soportar estos subproductos calorros, más sociológicos que cinematográficos, y metérselos, así, en vena, sin pensar en el mono posterior. En todo caso, para un público autóctono, el film no deja de resultar gracioso y estimulante, especialmente por la mixtura de floras y faunas de la época. Loable escena, por cierto, la del policía saliendo de uno de esos videoclubs del momento con una copia, en glorioso VHS y en V.O. (sic), del Metrópolis de Lang. O esa otra, con una especie de Sergio Leone patrio, con un póster de Journey de fondo. O esa otra de “a mí me lo pide el coño”.

martes, 29 de septiembre de 2015

Allan Quatermain y la ciudad perdida del Oro (Aka Allan Quatermain and the Lost City of Gold)

2*

Segunda parte del díptico que sobre la inmortal creación de H. Riderd Haggard, el profesor Allan Quatermain, realizara la estrafalaria The Cannon Group, Inc., tras el éxito de Las minas del rey Salomón (no confundir con Las minas del rey Salmonete). Sin embargo, en este caso, tanto el trasfondo como las historias originales son transformados, a la vez, en una especie de parodia de las películas de Indiana Jones (en la línea de La joya del Nilo), aunque rodada por una estrella sin el carisma de Harrison Ford (ni de Michael “Daglas”), Richard Chamberlain, y por una partenaire tan desquiciada como hermosa, Sharon Stone, por entonces tan desconocida que ni uno solo de los adictos al videoclub de la época se alegraron de que protagonizara este film al lado del tipo de El pájaro espino. Por tanto, estamos ante una auténtica producción Golan-Goblus, es decir, estamos ante un subproducto fílmico que fue presupuestado en unos 10 millones de dólares pero que, finalmente, fue realizado con 3 dólares y 75 centavos, tal y como, de forma jocosa, afirma el propio Chamberlain en ese glorioso documental que es Electric Boogaloo: La loca historia de Cannon Films. En definitiva, una película con pena y sin gloria, en la línea estropajosa de El templo del oro.

sábado, 26 de septiembre de 2015

La máscara y la piel (Aka The Triple Echo)

3*
Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de serlo. En este film, la granjera Alice (Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su solitaria finca del countryside inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la fascinante caracterización de la Jackson, partenaire de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de los setenta. A redescubrir.