Maurice Sendak es uno de los
autores de literatura infantil más vendidos y más leídos del mundo. Su obra
ilustrada es una auténtica delicia, al igual que sus diferentes textos y
ensayos sobre las más diversas cuestiones (por ejemplo, los recopilados en Caldecott & Co.). Sendak es una
institución mundial en el campo de la creación visual. Por eso, cuando Spike
Jonze decidió adaptar Where the Wild Things
Are, su clásico de 1963, las expectativas estaban creadas. Sin embargo, el
resultado deja mucho que desear, especialmente desde el punto de vista del
guión, que no satisface ni a los espectadores más jóvenes ni a los más mayores y
nostálgicos. De hecho, la película es tan poco sentimental como el libro pero
la historia original se pierde en mil y un vericuetos y la imagen real no ayuda
a entrar en una historia protagonizada por actores y monstruos reales que no
conmueve ni emociona. El carácter simbólico del cuento, donde cada monstruo
representa un miedo infantil, está bien representado pero Dave Eggers, autor de
The Circle y guionista ad hoc, no consigue empatizar con la
inmensa mayoría del público. Es una lástima. Mucho más interesante es el
cortometraje que dirigió Gene Deitch, en 1973, sobre la misma base creativa. O
la personalísima versión que Jim Henson hizo de otra obra de la misma trilogía,
Outside Over There, que se transformó
en Dentro del laberinto.
miércoles, 27 de julio de 2016
Danko: calor rojo (Aka Red Heat)
2*
Para empezar, la traducción del
título ya es errónea. Heat es la
palabra que se utiliza, en argot, para referirse a la policía. No tiene nada
que ver con el calor. Para seguir, la película es el típico subproducto cinematográfico USAmericano de finales de la ultraconservadora década de los
ochenta, en el género thriller policíaco.
Dos agentes de muy diversa condición (un policía frío de la KGB y un “tirillas”
de Chicago) han de trabajar juntos y a la fuerza para perseguir a un criminal
soviético que ha huido a la tierra de las oportunidades capitalistas. Walter
Hill insiste en buscar el éxito fácil y le sale el tiro por la culata, haciendo
una más de las Buddy Movies insubstanciales
que asolaron la época. El film tiene
errores evidentes de montaje, unas interpretaciones de serial radiofónico y un
guión flojo y correoso como un postre de gelatina. Lo más curioso del asunto,
sin embargo, es el discurso ideológico que Hill introduce en los intersticios
de la trama, desde el plano inicial del “Directed by Walter Hill” hasta las
palabras del jefe de los “cabezas rapadas” en la cárcel. En definitiva, una
lasca más en el ascenso de la musculada carrera del actor austriaco, Arnold
Schwarzenegger, y una obra anacrónica desde el mismo día de su estreno: en
1989, cayó el Muro de Berlín y, con él, buena parte de la mitología de la
Guerra Fría sobre la que se intentó levantar este absurdo espectáculo. Como
curiosidad, el mismo año, Fukuyama publicó su soflama a favor del fin de la
historia y demás sandeces neo liberales.
martes, 26 de julio de 2016
Brigada criminal
3*
Fernando es un policía novato
que, casi el mismo día en que se ha licenciado, presencia un atraco a un banco.
En la comisaría no le dan el caso pero sí otro que le lleva, poco a poco, al
atraco del principio. Por el camino, habrá de infiltrarse en la banda, con lo
que conocerá de primera mano los subterfugios del hampa, tanto de Madrid como
de Barcelona. La obra maestra del prolífico Ignacio F. Iquino y casi un hito en
la historia del policíaco español, repleta de esa sensibilidad proletaria y barriobajera
que contrasta con su simpatía por el régimen franquista (vid. El tambor del Bruch, El judas o Trigo limpio, por ejemplo), aunque supone un adelanto del tipo de
cine que acabaría haciendo, durante los años setenta y ochenta. Radiografía de
los bajos fondos madrileños de la época así como de los procedimientos
criminales para sacarlos a la luz, el conjunto está narrado con un pulso que
mezvla lo documental y lo melodramático, lanzando pinceladas retratistas al
artisteo, con gotitas de thriller y,
por supuesto, con la típica moralina carpetovetónica propia del realizador. En
definitiva, un cuasi noir patrio,
aunque sin el espíritu underground de
los mejores logros del cine negro USAmericano: es decir, el discurso político
del film es el de una plena
aceptación del status quo, ya que los
criminales lo son por avaricia o por maldad, nunca por razones sociológicas o económicas.
Al contrario que Billy Wilder, que creía que lo mejor para transmitir un mensaje
era poner un telegrama, el cine de Iquino sí que tiene mensaje. Atención a la
señorita Albéniz, de traje negro, como una Rita Hayworth, y con la elegancia de
Soledad Lence.
viernes, 15 de julio de 2016
Mis 5 imprescindibles de Alfredo Landa:
- Vente a Alemania, Pepe (1971).
- El crack (1981).
- Los santos inocentes (1984).
- El bosque animado (1987).
- La marrana (1992).
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Venta a Elamania Pepe
Operación Ganímedes (Aka Operation Ganymed)
3*
La misión Ganímedes vuelve a la
tierra tras recorrer millones y millones de kilómetros por la galaxia y tras
varios años por el universo. Pero una serie de situaciones hace que su
aterrizaje no sea tan apacible y heroico como se esperaba. De hecho, la nave
aterriza en el mar, cerca de la costa, rodeados de un desierto implacable y sin
nadie a la vista. Sin ningún recibimiento ni aplauso. Los astronautas,
asombrados, intentan sobrevivir en un paraje inhóspito mientras se preguntan
qué ha pasado en la tierra. Estamos ante una curiosa producción alemana de
ciencia ficción, con varios tiempos muertos y un ritmo que exige del espectador
lo que el cine de género USAmericano da mascadito pero que, a la postre,
resulta una muy interesante reflexión cinematográfica sobre las capacidades del
hombre para auto destruirse. El director, Rainer Erler, exprimiendo sabiamente los
pocos medios de producción disponibles y alternando entre una línea cronológico-temporal
y varios flashbacks semánticos, se
sirve de un desconocido grupo de actores teutones (uno de ellos con rasgos de
Freddy Mercury y Stacy Kech), entre los que destaca un jovencísimo Jürgen
Prochnow, para subrayar nuestro desamparo vital así como el sinsentido de
varias de nuestras empresas y proyectos. La música, que alterna entre la
fanfarria, irónicamente descontextualizada, y la música interplanetaria de La linterna mágica, subraya muy bien el
carácter insólito del producto, una auténtica rara avis en la cinematografía europea de la época. Aunque hay que
recordar que el cine del este (ruso, checoslovaco, polaco, etc.) transitaban
con cierta asiduidad parámetros parecidos a esta estupenda y sorprendente gema
de la Sci-Fi survival europea.
miércoles, 13 de julio de 2016
Diferente
3*
El vástago de una familia bien, en
la España de comienzos de la era tecnócrata, se dedica a la farándula,
ocasionándole no pocos disgustos, especialmente por sus inclinaciones homo
eróticas, algo que se sugiere poderosamente en el film y que, curiosamente, pasó la censura nacional-católica del
momento. El actor y bailarín Alfredo Alaria construye un estupendo musical, con
música de jazz y soul, sobre la vida de este personaje, sus relaciones
personales y familiares y su propio trabajo. Y lo hace bajo la batuta del
director Luis María Delgado. Estamos ante una obra atípica en el cine español
de la época (y casi de cualquier época), ya que supone un estilizado ejercicio
visual y narrativo (casi en la línea de un Douglas Sirk o de un Robert Wise),
organizado alrededor de distintos números musicales, creativa y profesionalmente
ejecutados, iluminados y montados. Una delicia pop, rupturista con casi todo lo
que se estaba haciendo en España en ese momento y con un auténtico tour de force de su poco carismático y
endeble actor protagonista, así como de su conjunto de baile. Spain is not different pero algunos
españoles sí que lo son. Por suerte.
La ambición de Jodie Palmer (Aka Hard Country)
3*
La lozana Jodie Palmer (Kim
Basinger) es una telefonista de Dallas, Texas, que está muy enamorada de su
novio (Jan-Michael Vincent) pero, también, muy aburrida de su forma de vida y
de sus rutinas, tanto laborales como de ocio. En particular, de las borracheras
que se agarra su pareja, con sus amigotes, en los bares country de la ciudad. Por eso decide irse a vivir a California. La
alternativa de él es trabajar para su hermano vendiendo casas prefabricadas, lo
que implica una cierta prostitución de sus pulsiones vitales (y una cierta
madurez, todo hay que decirlo), o acompañar a su novia. Como decía el cartel
anunciador “The living was easy. It’s leaving that’s hard”. Con estos hilos se
teje esta curiosa comedia agridulce sobre perdedores, uno de los géneros
favoritos de la filmografía USAmericana, muy pegada a la idiosincrasia del
Estado de la estrella solitaria pero con ese espíritu típico del país que
refleja el American Way of Life y que
subraya la posibilidad de aspirar a una vida mejor. David Greene, un
interesante director de origen inglés (alumno del Oxford Playhouse), pero formado en Canadá y en los EE.UU., pergeña
visualmente esta estupenda historia, muy bien interpretada y con un guión
sencillo pero efectivo. En el reparto, una jovencísima Daryl Hannah así como la
estrella local Tanya Tucker. Para recuperar las ganas de vivir y de amar, sin más.
lunes, 11 de julio de 2016
Ojos sin cara (Aka Madnes Aka Gli occhi dentro)
1.5*
Nimia película de terror
italiana, perpetrada por Bruno Mattei con su alias USAmericano (Herik Montgomery) y protagonizada por la ignota Monica
Seller. La creadora de un comic titulado Dark
Doctor sigue la pista de los asesinatos de un cruel criminal que parece
inspirarse en su creación. Justo en plena efervescencia de Dylan Dog, el creador de Apocalipsis
caníbal escarmienta a un público aburrido de giallos con una trama mil veces vista, nulísima creatividad
narrativa, diálogos de MHYV, escenas de relleno a tutiplén, efectos especiales propios
del primer curso de una academia de maquillaje, música de sintetizador ebrio, anti-actores,
en fin… La gloria bendita del adolescente incauto y completista de la época pero,
vista ahora, no pasa de ser un film
mediocre y chapucero, obra de un director todoterreno con más ganas que logros.
Como curiosidad comparativa, el mismo año de su estreno, John Carpenter
entregaba a la historia del cine una de sus más robustas obras maestras. Y, por
cierto, aunque el título lo sugiera, no tiene nada que ver con la obra maestra
de Georges Franju.
Quantum of Solace
2.5*
Un montaje rápido, vertiginoso,
pero imperfecto, sigue las sucesivas peripecias de un Bond descontrolado, justo
al día siguiente del final de Casino
Royale y, por tanto, justo un día después de la muerte de Vesper Lynd (Eva
Green). Pasable continuación temático-emocional de la obra maestra de Martin Campbell,
dirigida con pulso errático e irregular por Marc Foster (de hecho, son los
mismos guionistas en las 2 cintas). Daniel Craig cada vez está más convincente
en el papel de 007: contundente, frío y elegante a partes iguales (de hecho, podría
defenderse que es el mejor espía al servicio secreto de su Majestad, después de
Roger Moore, por supuesto; es decir, es el actor más convincente poniendo la
cara al agente secreto británico que salió de la pluma de Ian Fleming). La
chica Bond esa que sale (Olga Kurylenko), sin ser espectacular, produce cierta
admiración y el astuto y despiadado Némesis francés (Mathieu Amalric) crea un
personaje a la altura de la trama y del mensaje eco-político de fondo. Un
mensaje que, por cierto, es ciertamente apropiado al espíritu de los años 00 en
que fue estrenada esta vigésimosegunda producción de la saga y que, como
curiosidad, contiene un homenaje a James
Bond contra Goldfinger. Sin ser una fiesta del cine, Zineface no cree que
mucha gente pueda salir de la sala oscura decepcionada con el film. Sin embargo, se insiste, tampoco
estamos ante una película inolvidable.
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miércoles, 6 de julio de 2016
La torre de los ambiciosos (Aka Executive Suite)
3.5*
De igual forma que Alexander
McKendrick expuso con crudeza la forma en la que los medios de comunicación
representan el 4º poder en las sociedades que se desarrollaron tras la 2ª G.M.,
Robert Wise lanza un punch a todos
esos idealistas ignorantes que consideran que la razón de ser de una empresa no
es el simple y puro beneficio económico. Con una dirección milimétrica, cuidada
hasta el detalle y no exenta de ciertas audacias en la planificación, y con un
puñado de asombrosas interpretaciones (William Holden, Shelley Winters, Barbara
Stanwick, Fredric March, Louis Calhern), Wise destripa con sofisticación y
crudeza ese “capitalismo americano” del que habló J.K. Galbraith, así como las
pugnas de poder en los más altos órganos de dirección. La trama se centra en el
momento en que una gran compañía de base familiar, casi unipersonal, se queda
sin su cabeza decisora y todos los ejecutivos y asesores se lanzan en picado
para conseguir hacerse con el poder. La voz en
off del comienzo así lo avisa al espectador: los que tienen en sus manos
los más grandes negocios también están condicionados por las tentaciones que
padecen las personas normales. ¡Faltaría más! La película retrata ese mundo de
grandes decisiones empresariales, esas que el público no cree que pueden
influir a cientos, a miles de familias de trabajadores y de clases medias (esas
clases que Galbraith considero las víctimas de “la sociedad opulenta”). Y sí
que afectan. Y mucho. Como así resalta el excelso guión de Lehman (el mismo
artífice de Chantaje en Broadway). Un
guión que, final y lastimosamente, acaba deslizándose hacia la más burda “ciencia
ficción”. Pero eso no desmerece el enorme esfuerzo por desvelar las razones
egoístas y cainitas que están detrás de eso que hemos llamado “el capitalismo”,
que lo único que significa es, en realidad, “capital”. Pero no para ti ni para
mi.
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lunes, 4 de julio de 2016
Something for a Lonely Man (Aka Acerca del hombre solo)
3*
Es una auténtica sorpresa
encontrarse a John Fante detrás de esta curiosa y absolutamente desconocida
película de finales de los sesenta. Con una factura entre televisiva y de serie
B, Don Taylor construye un bondadoso retrato acerca de los esfuerzos de un
gigante bonachón (Dan Blocker), que vive solo, para enmendar un error cometido
en el pasado y que, por el cual, un pueblo del Oeste yace en la más absoluta
desidia, ya que el ferrocarril pasa a 35 Km. de distancia, mientras todo el
mundo pensaba que iba a pasar por en medio de su misma ciudad. Susan Clark (en
el papel de mujer entregada y enamorada), Don Stroud y Warren Oates (en el
papel de dos hermanos pueblerinos y analfabetos) completan un reparto donde la
tónica es pasar desapercibido, todo al servicio de una comedia de baja
intensidad, ambientada en el mundo de los pioneros del Western que, más bien,
parece un episodio piloto para una serie sobre las aventuras de John Killibrew.
En realidad, estamos ante un auténtico family
country film, como luego pondrían de moda, actualizándolo, The Dukes of Hazzard. El guión, eso sí,
merece la pena. Al igual que los diálogos, repletos de esa sabiduría condensada
del autor del Pregúntale al polvo.
jueves, 30 de junio de 2016
Mis 5 imprescindibles de Roger Corman:
- Emisario de otro mundo (1957).
- The Intruder (1962).
- La máscara de la muerte roja (1964).
- La matanza del día de San Valentín (1967).
- El barón rojo (1971).
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Cube Zero
2*
En 1997, Vincenzo Natali
sorprendió a propios e impropios con una claustrofóbica obra maestra que
sacudió y asustó, mediante el boca/oreja, a miles de espectadores en todo el
mundo. El film se llamaba Cube y proponía una extraña historia
sobre un pequeño grupo de seres humanos que tienen que sobrevivir dentro de lo
que parece un mundo formado por cajas interconectadas entre sí que, además,
esconden algunas de las más refinadas trampas mortales. Pues bien, este Cube Zero supone el capítulo uno de esta
historia: como el día de antes, como la semana de antes. A una realización
televisiva, le acompaña una historia que sorprende en algunos puntos pero que
desbarra en varios giros de guión, tramposos, inexplicables y absurdos. Algo
así como una versión barata del Cabin in
the Woods. Además del juego intelectual que proponía la cinta original, la
tensión y el suspense de la trama, así como el sorprendente y cruel diseño de
las trampas de las cajas, el principal acierto del film de Natali consistía en abrir el final a las variadas
reflexiones de cada espectador. En este caso, sin embargo, el desenlace encaja
a la perfección con la película de 1999 aunque se pierde todo el encanto, todo
el misterio, toda la incertidumbre primigenia.
Amor a la inglesa (Aka Hoffman)
3.5*
La joven señorita Smith se despide
de su prometido, Tom, en Victoria Station, y se encamina a la casa de Benjamin Hoffman (Peter Sellers), un compañero de oficina, entre preocupada y taciturna.
Una vez allí, el espectador irá conociendo los motivos de tal visita y, sobre
todo, las razones por las que Sellers hará pasar a la joven por una “singular
experiencia erótica” durante una semana. Ahora que tan de moda están los singles, conviene recordar la razón de
su enorme proliferación: una vez licuadas las convenciones y obligaciones de la
institución matrimonial tradicional, el ser humano ha demostrado su incapacidad
para mantener relaciones de pareja duraderas. Mientras no se le mantenga a
raya, el ser humano ha demostrado ser un egoísta y un inmaduro. Le gusta darse
baños, constantemente, en ese “amor líquido” del que habla Zygmunt Bauman. Pues
bien, Alvin Rakoff agarra la premisa de El
coleccionista, la magnífica novela del gran John Fowles, y la transforma en
una comedia dramática anticonvencional y convencional a la vez. La verdad es
que el argumento es un retruécano difícil de creer aunque está repleto de
encanto. Además, Peter Sellers demuestra su enorme talento como actor, pasando
de un registro a otro con la naturalidad de quien vive y no interpreta, de
quien se mira en el espejo del cine y contempla una vida. La elegancia y
humildad de la realización terminan de sacar brillo a una película sobre el
lado bueno, adulto, maduro, de la moral burguesa. Una joya semi desconocida que
hará las delicias tanto de ellos como de ellas. Un film que puede funcionar mucho mejor que esas empresas de Internet
para buscar pareja.
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