Harold Bloom considera que Hamlet y Falstaff son más grandes que la vida. Que están más vivos que muchos de
nosotros. Bloom siempre ha considerado a Falstaff “el dios mortal de sus
imaginaciones”, un rebelde que se niega a reconocer las instituciones sociales
y que vive en los márgenes del lenguaje. Orson Welles, 20 años antes de esta sabia
apreciación, se atrevió a volver a España para rodar su personal adaptación de
algunas crónicas de la historia medieval de Inglaterra, siguiendo al Bardo de
Stratford pero también a Geoffrey de Monmouth y a Ralph Holinshed. Emiliano
Piedra, un joven productor, puso el dinero mientras que el propio Welles fue el
encargado de reunir a un plantel de excelsos actores que no hubieran
desentonado en el talentoso y avispado mundo del The Globe original (John Gielgud, Ralph Richardson, Fernando Rey,
Margaret Rutherford, Jeanne Moreau, Keith Baxter, Walter Chiari, Norman Rodway y
el propio Welles, que ofrece una composición magistral del sablista y
asustadizo Sir Fat Jack). Chimes at Midnight, en su título
original, brinda una historia hecha de retazos, de pequeñas capturas de
pantalla en movimiento, lo que la transforma en una primeriza pieza
postmoderna. Y dicha historia avanza, visualmente, con la gracilidad de un
Eisenstein; narrativamente, con la genialidad de quien se atrevió, ya desde muy
joven, a fusionar 4 textos míticos de Shakespeare; filosóficamente, con la
profundidad y la nostalgia de quien ha tenido y le han quitado; y, finalmente,
desde el punto de vista humano, con esa riqueza y perspicacia propia de dos
genios, el de los King’s Men y el del
Mercury Theatre. Atención a esa
maravilla cinematográfica que es la escena de la batalla, rodada con cuatro
cuartos pero de una fuerza expresiva apabullante, solo al alcance de unos pocos
cineastas. Una obra imperecedera, llena de vigor y sabiduría, de lo mejor que
ha rodado nunca el autor de Sed de mal
y Fraude.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Campanadas a medianoche (Aka Chimes at Midnight)
4*
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lunes, 5 de octubre de 2015
Territorio prohibido (Aka Crossing Over)
2.5*
En Tinseltown, varios personajes luchan por regularizar su situación
legal, cruzando sus historias o viviéndolas de forma paralela. Wayne Kramer desarrolla
un mosaico desagregado sobre un tema muy particular, siguiendo el ejemplo de Crash, más
compacta pero igual de lacrimógena.
La diferencia es que, aquí, existe un misterio criminal que revelar (en la
historia principal, la que interpreta Harrison Ford). El resultado es una
película extraña: estamos ante un discurso bastante convencional sobre los
valores culturales USAmericanos pero que se atreve a deslizar una lectura
revisionista sobre los atentados terroristas de las Torres Gemelas, entre otros
aciertos parciales. Visual y narrativamente, el film no levanta el vuelo más allá de los recursos típicos de las
teleseries, donde se entrecruzan varias historias y cuyo desarrollo vamos
conociendo cronológica pero alternativamente (lo cual produce un falso efecto
de complejidad), a lo que hay que añadir los inconfundibles planos aéreos sobre
la laberíntica y cancerígena ciudad de Los Ángeles (para que el espectador
pueda llenar su garganta de palomitas), además de algunas escenas
enigmáticamente patrioteras. Desde este punto de vista, es comprensible la
decepción de la mayoría de la crítica. Sin embargo, y al margen de un final
agridulce pero esperanzador, la producción tiene otros aciertos, como el hecho
de mostrar las dificultades del multiculturalismo existente en el American Dream, así como el dolor y el sufrimiento que se derivan de su estricta
política de inmigración. Completan el reparto, Ashley Judd, Ray Liotta, Alice
Eve o Ciff Curtis.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Mis 5 películas de superhéroes imprescindibles:
-
Superman
(Richard Donner, 1978).
-
Los
increíbles (Brad Bird, 2004).
-
Iron
Man (John Favreau, 2008).
-
Watchmen
(Zack Snyder, 2010).
-
X-Men:
Días del futuro pasado (Brian Singer, 2014).
Perras callejeras
1.5*
Aprovechando el tirón del cine cutre-delictivo
inaugurado por el Saura de Deprisa,
deprisa, del cardado y de las carreras de caballo, José Antonio de la Loma
intenta repetir el éxito con esta versión feminista de Perros callejeros, visión casposa del quinqui lumpenproletariat urbano de la España del PSOE pero, en este caso,
protagonizado por tres mujeres que, por diversas necesidades, deciden dedicarse
al atraco navajero. Una dirección standard
(como de guardia), una historia absurda (como pocas), unas interpretaciones de feria
(con diálogos sacados de un atestado policial), música de sintetizador y un conjunto de diversos elementos (desde
el pop de discoteca al travestismo de Pintor Rosales, pasando por un intento de
crítica política) "cortan" el producto, adulterando su pureza, y transformándolo
en una visión oscura, en una cara b, de ese universo pijo de los Hombres G. Como, por diversas razones históricas, en la España de
la ultraconservadora década de los Ochenta no pudo haber comedia estudiantil
USAmericana (salvo contadísimas excepciones), el espectador de la época hubo de
soportar estos subproductos calorros, más sociológicos que cinematográficos, y
metérselos, así, en vena, sin pensar en el mono posterior. En todo caso, para
un público autóctono, el film no deja
de resultar gracioso y estimulante, especialmente por la mixtura de floras y
faunas de la época. Loable escena, por cierto, la del policía saliendo de uno
de esos videoclubs del momento con una copia, en glorioso VHS y en V.O. (sic),
del Metrópolis de Lang. O esa otra,
con una especie de Sergio Leone patrio, con un póster de Journey de fondo. O esa otra de “a mí me lo pide el coño”.
martes, 29 de septiembre de 2015
Allan Quatermain y la ciudad perdida del Oro (Aka Allan Quatermain and the Lost City of Gold)
2*
Segunda parte del díptico que
sobre la inmortal creación de H. Riderd Haggard, el profesor Allan Quatermain, realizara
la estrafalaria The Cannon Group, Inc.,
tras el éxito de Las minas del rey
Salomón (no confundir con Las minas
del rey Salmonete). Sin embargo, en este caso, tanto el trasfondo como las
historias originales son transformados, a la vez, en una especie de parodia de las
películas de Indiana Jones (en la línea de La
joya del Nilo), aunque rodada por una estrella sin el carisma de Harrison
Ford (ni de Michael “Daglas”), Richard Chamberlain, y por una partenaire tan desquiciada como hermosa,
Sharon Stone, por entonces tan desconocida que ni uno solo de los adictos al videoclub de la época se alegraron de que protagonizara este film al lado del tipo de El pájaro espino. Por tanto, estamos
ante una auténtica producción Golan-Goblus, es decir, estamos ante un
subproducto fílmico que fue presupuestado en unos 10 millones de dólares pero
que, finalmente, fue realizado con 3 dólares y 75 centavos, tal y como, de
forma jocosa, afirma el propio Chamberlain en ese glorioso documental que es Electric Boogaloo: La loca historia de
Cannon Films. En definitiva, una película con pena y sin gloria, en la línea
estropajosa de El templo del oro.
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sábado, 26 de septiembre de 2015
La máscara y la piel (Aka The Triple Echo)
3*
Jennifer O’Neill pasó el verano del 42 más sola que la una, en ausencia de su marido, alistado en la marina
USAmericana que sirvió en la 2ª G.M. Sin embargo, durante esas vacaciones
estivales, se entregó al amor con un inmaduro adolescente a punto de dejar de
serlo. En este film, la granjera Alice
(Glenda Jackson), que tiene a su marido prisionero de los japoneses en esa
misma conflagración mundial, recibe a un misterioso soldado británico en su
solitaria finca del countryside
inglés. Poco a poco, comienzan a intimar y, parafraseando creativamente a
Cernuda, la soledad y el deseo harán el resto. Extraña producción de Michael
Apted (casi casi su estreno cinematográfico oficial, tras una interesante
carrera como director de teleseries y algunos documentales), en la que la
ambientación, la interpretación y una dirección sobria como un vaso de leche de
antaño hacen el resto. La película toca temas tan interesantes como la
deserción, el travestismo o el crimen por amor pero lo más destacable es la
fascinante caracterización de la Jackson, partenaire
de un Oliver Reed rudo como un sargento en celo y de un Brian Deacon femenino y
frágil como una muñeca de porcelana. Una muy interesante loseta en el camino de
baldosas amarillas de ese maravilloso cine olvidado de la irredenta década de
los setenta. A redescubrir.
miércoles, 23 de septiembre de 2015
Dogville
3*
![]() |
| PastillaCrítica de Máximo Pablo |
"Dogville es un concepto, y como tal luce mejor desprovisto de aderezos,
de ambientación y de decorados. Su naturaleza pide a gritos esa desnudez
para que se presente con toda su fuerza y contundencia. De paso, Lars
von Trier nos recuerda que es preferible una buena idea sin recursos que
muchos recursos sin ideas. Al prescindir de localizaciones reales sitúa
la atención sobre los actores que son los que cargan exitosamente con
el peso dramático de la acción. Que muestra uno de los aspectos más tenebrosos de la naturaleza humana. Thomas Hobbes hubiera disfrutado de
esta propuesta estética que desarrolla uno de sus principios más
divulgados: “el hombre es un lobo para el hombre”. El poder sobre el
otro convierte a pobres corderos en lobos y el miedo produce ese efecto
que hace al ser humano vulnerable y manipulable para ceder su dignidad
hasta límites insospechables" [la PastillaCrítica completa en el siguiente link].
lunes, 21 de septiembre de 2015
Obscenidad (Aka Lust Aka Quando l'amore è oscenità)
2*
Un variado conjunto de diversos sketches alrededor del sexo, del erotismo
y de la pornografía, entre lúbricos, sórdidos, directamente hard, conforman este producto que bordea
dos mundos: el final de la indómita década de los setenta y el comienzo de la
ultraconservadora década de los ochenta. De ahí el carácter transgresor y escandaloso
de su estreno, en 1979. Y no ese bodrio para clases medias gafapastas que es el
díptico vontrierano sobre la ninfomanía generalizada de comienzos del siglo XXI.
Y todo ello alrededor de una especie de juicio o terapia de grupo sobre el amor, al que son invitados
varias de sus víctimas, hombres, mujeres y tertius
inter pares. Visual y narrativamente, la película es deficiente como ella
sola, al igual que desde el punto de vista técnico (el film tiene un montaje desastroso, por no hablar de eso que en otros
contextos se suele llamar “interpretaciones”). Y, sin embargo, la película entretiene,
puede despertar la lívido y, además, sorprende gratamente al espectador desprejuiciado. De alguna forma, recuerda esos sex-exploitations típicos de la época, todo ello empanado y
rebozado con un discurso aparentemente frívolo pero de cierta profundidad y
densidad sobre las distintas pulsiones del deseo humano, incluyendo el sexo y
el amor. OMG! Qué más se puede pedir! Pues eso, una nueva entrega del gran
Ralph Brown (alter ego de ese
iconoclasta artesano italiano que fue Renato Polselli, poseedor de algunos títulos
fanta-terroríficos italianos de segunda fila pero interesantes).
viernes, 18 de septiembre de 2015
Tomates verdes fritos (Aka Fried Green Tomatoes)
3*
Tragicomedia dramática del Sur,
diseñada para mujeres de tres generaciones pero que puede ser disfrutada,
también, por sus padres, hijos y nietos. Una mujer rellenita y en crisis (la
atractiva e inmensamente convincente Kathy Bates) conoce a una anciana (Jessica
Tandy) que le cuenta una historia ocurrida tiempo ha (de ahí los flashbacks de la trama), en ese estado boscoso y
racista que era (y, en cierta medida, sigue siendo) Alabama. El espectador irá
conociendo los pormenores de dicha historia a la vez que la protagonista aunque
verá recompensado su tiempo con el despertar vital de la propia protagonista.
La trama irá yendo del presente al pasado y de éste al futuro (del espectador) y
se levanta como si de un cuento gótico se tratara (a la manera del Ambrose Bierce de El clan de los parricidas),
con su pequeño misterio incluido, un whodunit
alrededor de un crimen que, en pantalla, está construido como si no lo fuera:
más bien es un acto en justicia, como en el famoso cuento de Roald Dahl sobre la
pierna de cordero congelada. Un film bienintencionado y casi cándido, auténtico éxito entre un sector determinado de
la población en el que, además de recetas sureñas y amistad femenina, acaba
triunfando el bien, lo que demuestra el carácter fantasioso del producto en su totalidad.
Lo cual no es malo pero sí perjudicial para un correcto desarrollo del
principio de realidad freudiano.
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martes, 15 de septiembre de 2015
Mis 5 películas de terror (anglosajonas) imprescindibles:
-
El doctor Frankenstein (James Whale, 1931).
-
Drácula (Terence Fisher, 1958).
-
La matanza de Texas (Tobe Hopper, 1974).
-
La Cosa (John Carpenter, 1982).
-
El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991).
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lunes, 14 de septiembre de 2015
Furtivos
3.5*
Ángel (Ovidi Montllor), un
alimañero furtivo, vive con su despiadada madre (Lola Gaos) en medio de un
bosque cincelado por una veda de caza para políticos de la capital: el
gobernador (el propio José Luis Borau) y sus adeptos politicastreros. En una de
sus visitas al pueblo, Ángel conoce a Milagros (Alicia Sánchez), una joven que
se ha escapado de un reformatorio de monjas y a la que persigue el Cuqui, su
“novio”, un delincuente urbano. El gran administrativista Alejandro Nieto
explicó (en Los Primeros Pasos del Estado
Constitucional: Historia Administrativa de la Regencia de María Cristina de
Borbón) que la verdadera historia de España no se puede contemplar leyendo
el BOE o las obras de los publicistas de la época. La verdadera cara del país,
en casi cualquier momento histórico, está constituida por el caciquismo, el
corporativismo y el clientelismo y nada tiene que ver con esas palabras bonitas
que los liberales y los conservadores “consensúan” sobre el gobierno, la
política y la sociedad. Lo mismo puede decirse respecto de esta película:
ofrece una de las caras verídicas de esa España de los años sesenta/setenta que
se caracteriza por ser una realidad caciquil, conservadora, desalmada e
ignorante, que se mueve por instintos y pasiones más que por los raciocinios
propios de una humanidad a la que no todos los nacidos hombres consiguen
llegar. Por lo demás, un film muy
competentemente rodado y montado, con unas interpretaciones de Goya y unos
elementos técnicos excepcionales (tanto la fotografía como la música, de Vainica Doble). De hecho, se trata de
uno de los clásicos del cine español de la segunda mitad del siglo XX, obra de
un cineasta tan ocasional como interesante. Una pulsión metafórica, saturnical,
recorre todo la obra, como en los mejores trabajos de Saura.
sábado, 12 de septiembre de 2015
Espíritu de conquista (Aka Western Union)
3.5*
Western monocular, irónico y distanciado, rodado con la típica
concreción de medios por el inmigrante progresista Fritz Lang, huido del
nazismo, ese cáncer que asoló la Europa de Entreguerras y que la precipitó a la
mayor guerra que ha sufrido la Humanidad. De hecho, el film fue estrenado durante la 2ª Guerra Mundial y un poco antes de
la entrada de los EE.UU. en la misma. Bien, dicho esto, ¿qué tenemos entre
manos? Pues una historia relativamente típica del género (un género obsesionado
con la venganza). ¿Cuál? La expansión del Eastern
Progress por los territorios fronterizos del Oeste (en este caso, no es el
ferrocarril o las líneas de diligencias, sino la telegrafía de la Western Union). Sobre la poderosa
inspiración del gran Zane Grey, Lang edifica una película elegante y
sofisticada, alejada de muchos de los tópicos del género y, por lo tanto, con
muchos ingredientes que sorprenden al espectador contemporáneo (fíjense, por
ejemplo, en ese vaquero que cuida de la salud de sus caballos o en el encuentro
con las tribus indias o, en fin, en ese atípico final, fuera de campo, como
suele ser habitual en el cine del maestro vienés). Rodada inmediatamente
después de esa otra maravilla que fue La
venganza de Frank James, la producción tiene unos movimientos de cámara y
unos encuadres que casi ya no se han vuelto a ver en el cine (aunque sí en el
cómic): auténticas maravillas cinematográficas. Un film subvalorado y que necesita una urgente recuperación.
jueves, 10 de septiembre de 2015
En busca del águila
2.5*
El típico hipócrita egocéntrico
(Powers Boothe) acepta el encargo de un ricachón coleccionista (Donald
Pleasance) para conseguir los dos únicos huevos de águila calva que quedan en
el mundo y que faltan en su colección. Para ello, habrá de viajar hasta la isla
Cherokee, donde habita una especie de guardián ecologista, Jim (Rutger Hauer) que,
en realidad, es un veterano del Vietnam traumatizado por la muerte de su familia.
Boothe se ganará la confianza de Jim para poder conocer la ubicación de su
objetivo y para poder hacer uso de sus dotes de escalador y acceder al nido del
águila en cuestión. Conseguidos los huevos, el águila, evidentemente, se
extinguirá, lo que le inyecta a toda la trama un componente bien mezquino pero,
también, bien conservacionista. Para terminar de sazonar todo el producto,
aparecen dos mujeres: la viuda salvaje
Kathleen Turner y la procaz periodista Jayne Bentzen. Tras el éxito de Blade Runner, Rutger Hauer se ha
prodigado en todo tipo de producciones baratas, algunas con cierto éxito (Furia ciega o Segundo Sangriento), otras con ninguno. El presente film es una muestra de este último caso:
una historia de buen corazón, narrada con un estilo cercano a las producciones de
la Cannon, casi absolutamente olvidada, de fantásticas localizaciones y que
entretiene de una forma grata y sin demasiadas pretensiones. Aceptable para una
tarde tontorrona o para una noche de insomnio con nostalgia ochentera.
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1984,
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Powers Boothe,
Rutger Hauer
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