A medio camino entre las producciones
arqueológicas y de aventuras de Steven Spielberg y buena parte del cine de Sci-Fi contemporáneo, Roland Emerich da
forma a una Space Opera sobre puertas
interestelares, antiguas civilizaciones y viajes intérgalacticos. La base
argumental descansa en la leyenda de la participación extraterrestre en la
construcción de las pirámides, una idea muy atractiva para conspiranóicos y
personas confusas que prefieran soñar con el pasado en vez de imaginar el
futuro. Una película muy convencional en materia narrativa, en cuestión de
diálogos y en el trazo de personajes pero que, sin embargo, tiene cierto
encanto por varias razones: por proponer un origen extraterrestre para el
conjunto de civilizaciones humanas, por jugar (a sabiendas) con un conjunto de
mitos y fábulas ampliamente conocido y, en último lugar, por presentar un
mensaje anti totalitario (aunque nada antimilitarista), con su correspondiente Intifada incluida. Carlos Aguilar añade
otra razón: la presencia de Jaye Davidson en el reparto, la turbadora
protagonista de Juego de lágrimas. No
obstante, la inspiración del film se relaciona,
en realidad, con la rebelión de los esclavos judíos contra el Faraón egipcio, capitaneados
por Moisés. La producción se completa con los obligados efectos visuales
cromados, con un diseño de producción tan original como una campaña electoral y
con esos sempiternos artefactos narrativos atrapa masas, típicos del Blockbuster de temporada.
martes, 24 de junio de 2014
sábado, 21 de junio de 2014
Un extraño en mi vida (Aka Strangers When We Meet)
4*
Decía Oscar Wilde que el matrimonio es una carga
demasiado pesada para que solo sea llevada entre dos. Es decir, Wilde subrayaba
la irrenunciable compañía de la infidelidad en el seno de la institución
familiar. Un arquitecto (Kirk Douglas) conoce a la madre de un amigo de su hijo
(Kim Novak) y mutuamente se atraen y se enamoran. Pero ambos están casados,
aunque no del todo felizmente. Rodada con esa puesta escena elegante y liviana,
típicamente made in Hollywood, la
película subraya muy bien los momentos melodramáticos y de duda, con unos
juegos de espejo realmente ingeniosos. De hecho, el realismo figural que
destilan sus fotogramas y su narración se transforma en una llamada a futuros
adúlteros. Como ha escrito Bertrand Tavernier, estamos ante un auténtico “idilio de barrio”, como Juegos secretos. El film muestra dos tipos de personas, unas
más convencionales y otras más exclusivas. Éstas últimas muestran su insatisfacción
dando de nuevo una vuelta a la ruleta del amor, encendiendo las ascuas de la
pasión con nuevos descubrimientos, con el juego del enamoramiento y de los
escarceos sexuales. Pero, en un plano más inasible, la película es un canto interruptus a una forma de vida
apasionada, anticonvencional y creativa, fuera de rutinas, hábitos y etiquetas.
Sin embargo, la película muestra que esto es también un espejismo, una quimera:
aunque el ardor y el entusiasmo sean imprescindibles en la vida, no duran infinitamente. Y Evan Hunter y Richard Quine lo saben a la perfección. Por eso
es una obra adulta, madura, al margen de los ensueños juveniles sobre el amor y
la vida en pareja.
jueves, 19 de junio de 2014
El exorcista (Aka The Exorcist)
4*
Uno de los clásiscos incontestables del cine de
terror moderno, El exorcista tiene
una estructura narrativa muy interesante: 3 historias extrañas que terminan por
cruzarse. La primera, la de un arqueólogo en Irán; la segunda, la de los
tormentos familiares y personales del padre Karras; la tercera, la de una
actriz separada y su hija Regan Teresa, en Georgetown. La idea básica del film es mostrar al espectador cómo se
viviría en una sociedad coetánea la presencia del diablo, a través de una
posesión y su correspondiente exorcismo. Tanto William Peter Blaty (autor de la
novela original) como William Friedkin (director de la película) juegan muy
bien con la evocación anímica que tanto la iconografía religiosa como la
representación del mal despiertan en el espectador. Al igual que otras
películas del género, como La matanza de
Texas, por ejemplo, Friedkin juega también excelentemente con los efectos
de sonido (en las pesadillas del Padre Karrras, por ejemplo) y, por supuesto, con
la mítica BSO compuesta por Mike Oldfield, Tubular Bells. Por otro lado, si bien la historia puede ser leída en un tono
conservador (moral y socialmente hablando) y el espectador se pregunta cómo
hubiera ido todo si la protagonista no fuera una mujer adinerada, The Exorcist pulsa con contundencia algunos
de los miedos más primigenios del ser humano (a la pérdida de la identidad, a
la propia maldad y al diablo, a la profanación religiosa, etc.). Técnicamente,
la película es soberbia y lo que se ve en pantalla adapta sabiamente el
contraste entre la ciencia y la religión mediante un estilo semidocumental que
alcanza altas cotas en las escenas del hospital y en las escenas del exorcismo.
Aunque la producción muestra algunos errores (esos empleados que caban siempre
en el mismo sitio, algún desliz de montaje, etc.), el film ha pasado a los anales del fantaterror contemporáneo por los efectos que produce en el espectador y por su
lograda conjunción de virtudes, donde los actores, precisamente, no son una
característica accesoria. De hecho, todos ellos están expléndidos (Ellen
Burstyn, Linda Blair, Max von Sidow, Lee J. Cobb y Jason Miller).
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domingo, 15 de junio de 2014
Mis 5 imprescindibles de Tim Burton:
-
Eduardo
Manostijeras (1990).
-
Ed
Wood (1994).
-
Sleepy
Hollow (1999).
-
Big
Fish (2003).
-
La
novia cadáver (2005).
Viaje al centro de la Tierra
2.5*
Julio Verne decía que todo lo que
una persona puede imaginar otras podrán hacerlo realidad. Con esa idea en la
mente, la Twentieth Century Fox y Henry Levin se lanzaron a adaptar el Viaje al centro de la tierra en 1959. Además,
el reciente éxito de la extraordinaria 20.000 leguas de viaje submarino y de la mareante La vuelta al mundo en ochenta días hicieron que la Fox quisiera
embarcarse en otra adaptación, esta vez con un arrebatador Cinemascope. El
argumento es muy conocido: el profesor Lindenbrook, su ayudante, la viuda de un
geólogo y un islandés fortachón viven todo tipo de aventuras subterráneas al
adentrarse en un viaje hasta el centro de la tierra. Las bazas que en su
momento debieron parecer portentosas (el diseño de producción, los decorados,
los efectos especiales) se han quedado francamente acartonadas y, en general,
tanto el diseño de personajes como algunos diálogos han resistido bastante mal
el paso del tiempo. Por ejemplo, el personaje de James Mason es del todo punto irritante, tiene un carácter altivo y caprichoso (aunque se pretenda racional)
y comete todo tipo de deslices. Además, existen decenas de errores de
continuidad, fácticos y anacronismos aunque el espíritu eventurero de la
historia original y una simpática ingenuidad tansforman el visionado de este film en una experiencia retro camp, apta, ciertamente, para públicos juveniles.
Por lo demás, es mejor que la versión de Juan Piquer Simón.
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viernes, 13 de junio de 2014
La naranja mecánica
3*
Junto con sus tres compinches,
Alex (Malcom MacDowell), un malhechor juvenil, que disfruta de una adolescencia
disoluta y consentida, se dedica a administrar hiper violencia gratuita a
víctimas inocentes, incluyendo agresiones sexuales. Atrapado por la policía a
causa de la traición de sus secuaces, Alex es recluido en una prisión estatal
donde se la aplicará una técnica especial para reformar delincuentes, basada en
los reflejos condicionados. Dicha técnica consiste en asociar imágenes
violentas a efectos físicos desagradables, producidos por una droga, con lo que
su falta de empatía hacia el dolor ajeno se convierte en repulsión ante la
violencia y el sexo y, secundariamente, ante la 9ª Sinfonía de Beethoven (sic).
Una vez reinsertado en la sociedad (en una especie de Inglaterra futurista, kitsch y ultraconservadora), el
victimario será objeto de toda suerte de humillaciones y vejaciones, tanto por
sus víctimas anteriores como por sus antiguos camaradas, ahora policías,
mostrándose, así, una especie de reflexión circular sobre el origen y las
consecuencias de la violencia que es, en el fondo, una reflexión sobre la
libertad y la responsabilidad. Una fábula distópica y moral, rodada con los
habituales recursos estéticos, narrativos y técnicos del Kubrick de la época (Barry Lyndon y 2001: una odisea del espacio, en especial) que, como adaptación de
la novela de Burgess, es un tanto discutible, aunque ha demostrado ser una
buena excusa para la fabricación de camisetas y otros gadgets supuestamente contraculturales, además de una vergonzosa influencia para una parte importante de la cinematografía contemporánea. En definitiva, un film
tan esteticista como superficial.
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Viernes 13 2ª parte (Aka Friday the 13th, Part 2)
2.5*
5 años después de la
masacre del Campamento Crystal Lake, un grupo de monitores
vuelve al mismo condado para abrir un campamento de verano en un terreno
cercano. Como es natural, los organizadores son un heterogéneo grupo de jóvenes
hermosos y hormonados que alternan el trabajo y el placer. Steve Miner inaugura
oficialmente la saga de Viernes 13
con esta secuela del clásico slasher
de Sean S. Cunningham de 1980. Y es una inauguración porque mientras que en la
primera parte el asesino era la madre de Jason Vorhess, en esta segunda es el
propio Vorhess, un boogeyman
desfigurado, afásico y mongoloide, una especie de Quasimodo que se disfraza
como el asesino del clásico gótico The Town That Dreaded Sundown.
El guión es similar al de la primera parte, los asesinatos son un poco menos
truculentos y la calidad cinematográfica es similar (con los característicos
defectos de continuidad), aunque convendría reseñar la impresionante
iluminación nocturna. Aunque la estructura de ambos films es parecida (escena precréditos, presentación, asesinatos y
epílogo), ambas desarrollan una buena parte del metraje
por la noche y ambas finalizan con la típica escena resurreccional, to be continued, hay que destacar
algunas diferencias reseñables: en esta, la survival
girl ha practicado sexo con su pareja; el protagonista de la largísima
escena pre créditos no es Jason sino la superviniente de la primera, Alice (Adrienne
King); y hay, al menos, un superviviente (más los que se quedan en
el bar de carretera), mientras que en la primera sobrevivían tanto Alice como
Crazy Ralph. Dentro de la tradición del cine de terror, conviene señalar que
hay una escena homenaje a La matanza de
Texas y otra que recordará en el espectador el truculento final de Cumpleaños mortal, estrenada
ese mismo año (1981), y de El día de la
madre. Como curiosidad, también en 1981 se estrenó otro slasher con varios puntos de contacto
con este film, Scream.
miércoles, 11 de junio de 2014
El candidato (Aka The Candidate)
3.5*
George Clooney ha retratado en Los idus de marzo los tejemanejes
políticos y propagandísticos de una típica capaña electoral USAmericana pero no
ha sido el único director del país que se ha interesado en mostrar las
interioridades sfumato de la
principal institución de las democracias participativas: las elecciones. Antes
que él, Michael Ritchie dirigió la extraordinariamente sabia e irónica El candidato, con cuatro magníficos
protagonistas: Robert Redford, como el idealista candidato a senador de
California Bill McCay, que es absorbido por las entrañas del poder; Peter
Boyle, como un mercenario asesor de campaña, que lo mismo le da trabajar para
un político que para otro; Don Porter, como el senador antagonista, el
conservador y macho alfa Croker Jarmon; y Melvyn Douglas, el padre del candidato, ex gobernador del estado
dorado y, por ello mismo, veterano y ladino político de sonrisa guasona. La
historia se centra en el progresivo deterioro moral y personal del inexperto
candidato, resaltando las diferentes etapas de la iniciación política (para la cual, además, aparece la correspondiente iniciación sexual). Y es en
este terreno donde el film muestra
sus mejores cartas, en la denuncia sutil, contrastando imagen y palabra, de un
mundo absorvido por el establishment,
la estructura de los partidos catch-all
y los distintos intereses de quienes financian las campañas. Cinematográficamente
hablando, la película no es gran cosa pero resulta tremendamente convincente y
su mensaje es absolutamente moderno, más de cuarenta años después de su
estreno. De hecho, George Lakoff la podría utilizar para ejemplificar el viejo y
trasnochado debate entre republicanos y demócratas, tal y como aparece en su
imprescindible Don't Think of an Elephant: Know Your Values.
domingo, 8 de junio de 2014
Todo en un día (Aka Ferris Bueller's Day Off)
3*
Relato metaficcional sobre un día de pellas que
se toma Ferris Bueller (Matthew Broderick), junto con su novia y su mejor amigo del High School y con la intención de
recorrer Chicago haciendo todas esas cosas que nunca tienen tiempo para hacer. Aunque
la película haga guiños al anterior éxito del director, El club de los cinco (Simple
Minds mediantes), en Todo en un día
no aparece ningún prototipo estudiantil del susodicho film, lo que demuestra su naturaleza cómica, festiva y optimista. En
todo caso, como muchas de las obras de Hughes, el espíritu global se retrotrae
al Cabaret Voltaire, origen de una de las historias secretas del siglo XX, la
que narra Greil Marcus en su Lipstick Traces (además, también hay una referencia al grupo del mismo nombre). En
este sentido, recuerda muchísimo a la serie Parker
Lewis nunca pierde. Un poco aséptica y con ciertas aparentes incongruencias
(¿un día de colegio con partido de fútbol y de béisbol incluidos?), resulta
simpática en su desarrollo y en el trazo de situaciones y personajes (ese
enorme Ed Rooney). Una película rodada con mucho arte, fotografiada con una luz
optimista como pocas, agradable y divertida a ratos, muy bien interpretada –con
la ayuda de varios iconos de la época (el gran Jeffrey Jones, Jennifer Grey y
Charlie Sheen, en un papel premonitorio)- y, sobre todo, con muy buen gusto.
Atención a la parede scene con el
incombustible Twist and Shout de The Beatles. Y hablando de música, en el
score aparece una canción que
utilizarían también dos pequeños clásicos de la comedia de la época, la
ultraconservadora década de los ochenta: El secreto de mi éxito y Superagente K-9.
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viernes, 6 de junio de 2014
Investigación criminal (Aka Vice Squad)
3.5*
Después de rodar una de las pocas películas
USAmericanas de los cincuenta con la presencia de un auténtico serial killer, Without Warning, el desconocido Arnold Laven estrenaría otra pareja
de excelentes (aunque humildes) films
noir, el presente y No hay crimen
impune, con la presencia del siempre avieso Broderick Crawford. En este
caso, el detective-capitán Barnaby (Edgar G. Robinson) se ha de hacer cargo de
varios casos, el principal de los cuales es averiguar quién ha
matado a un agente mientras un par de bribones robaban un coche. Con un
carácter ciertamente documental (la vida en la comisaria es una auténtica
delicia) y entrelazando varias historias, Laven compone una excelente muestra
de esa clase de cine policíaco, políticamente comprometido, que se rodó en el
Hollywood de las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta. La puesta
en escena es tan sólida como un Buyck del 52 y tan fluida como la lengua de un
predicador. No por casualidad, el director se formó en las Fuerzas Armadas y en la televisión. Los actores se mueven por la trama y por L.A. como si fueran auténticos
policias y auténticos malhechores y todo el producto final rezuma esa extraña
autenticidad propia del mejor Hammett, resultado de una envidiable mezcla de
drama, un sentido del ritmo apabullante y varias escenas humorísticas
excelentemente insertadas en la trama. Entre los actores, además del mencionado
Robinson (por entonces inmerso en varias comparecencias ante el HUAC del senador McCarthy), que está
tremendo, aparecen Paulette Godard y un jovencísimo Lee Van Cleff.
miércoles, 4 de junio de 2014
Semáforo rojo (Aka Rabid Dogs)
3*
Cuatro ladrones acometen un robo de forma precipitada
y uno de ellos muere. En su huida, los 3 supervivientes secuestran a una mujer
que les sirve de rehén pero, al llegar a un semáforo, cambian de vehículo y
vuelven a secuestrar otro coche en el que viajan Ricardo y su hijo enfermo. La
idea es llegar al campo, donde los ladrones tienen su headquarter y, a partir de ese momento, dejar en libertad a los
rehenes. Pero las cosas no saldrán exactamente así. Mario Bava, con un reparto
febril y entregado, rueda un thriller ultra quinqui con el envoltorio de una road
movie. El resultado es una película sucia, descarnada, con escenas
escatológicas y diálogos mezquinos. De una forma apropiada, el estilo visual
del film se aleja de esa admirada
estilización estética que es la marca de la casa del creador de San Remo para,
en su lugar, aprovechar los resortes del poliziesco italiano, tanto en la definición de los personajes (duros, egoístas, sin
escrúpulos) como en la concepción de la trama (con ironía final incluida),
tanto en el uso de la BSO (con ecos del rock
de la época, en especial a Iron Butterfly)
como en la utilización del primer plano (para subrayar el clima claustrofóbico
y la sordidez de los personajes). A la postre, se trata de una curiosa
producción, propia del cine exploitation de la época pero una auténtica rara avis
en la filmografía del director, el cual, incluso en sus películas más descarnadas
(como Bahía de sangre), siempre tiene
un espacio para la belleza. Por cierto, la trama recuerda ligeramente a Autostop Rosso Sangue, el sádico film de Pasquale Campanile protagonizado
por Franco Nero. Entre los actores, por cierto, hay que señalar la presencia de
los incombustibles George Eastman, Riccardo Cucciolla y Maurice Poli.
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