martes, 24 de junio de 2014

Stargate, puerta a las estrellas

3*

A medio camino entre las producciones arqueológicas y de aventuras de Steven Spielberg y buena parte del cine de Sci-Fi contemporáneo, Roland Emerich da forma a una Space Opera sobre puertas interestelares, antiguas civilizaciones y viajes intérgalacticos. La base argumental descansa en la leyenda de la participación extraterrestre en la construcción de las pirámides, una idea muy atractiva para conspiranóicos y personas confusas que prefieran soñar con el pasado en vez de imaginar el futuro. Una película muy convencional en materia narrativa, en cuestión de diálogos y en el trazo de personajes pero que, sin embargo, tiene cierto encanto por varias razones: por proponer un origen extraterrestre para el conjunto de civilizaciones humanas, por jugar (a sabiendas) con un conjunto de mitos y fábulas ampliamente conocido y, en último lugar, por presentar un mensaje anti totalitario (aunque nada antimilitarista), con su correspondiente Intifada incluida. Carlos Aguilar añade otra razón: la presencia de Jaye Davidson en el reparto, la turbadora protagonista de Juego de lágrimas. No obstante, la inspiración del film se relaciona, en realidad, con la rebelión de los esclavos judíos contra el Faraón egipcio, capitaneados por Moisés. La producción se completa con los obligados efectos visuales cromados, con un diseño de producción tan original como una campaña electoral y con esos sempiternos artefactos narrativos atrapa masas, típicos del Blockbuster de temporada.



sábado, 21 de junio de 2014

Un extraño en mi vida (Aka Strangers When We Meet)

4*

Decía Oscar Wilde que el matrimonio es una carga demasiado pesada para que solo sea llevada entre dos. Es decir, Wilde subrayaba la irrenunciable compañía de la infidelidad en el seno de la institución familiar. Un arquitecto (Kirk Douglas) conoce a la madre de un amigo de su hijo (Kim Novak) y mutuamente se atraen y se enamoran. Pero ambos están casados, aunque no del todo felizmente. Rodada con esa puesta escena elegante y liviana, típicamente made in Hollywood, la película subraya muy bien los momentos melodramáticos y de duda, con unos juegos de espejo realmente ingeniosos. De hecho, el realismo figural que destilan sus fotogramas y su narración se transforma en una llamada a futuros adúlteros. Como ha escrito Bertrand Tavernier, estamos ante un auténtico “idilio de barrio”, como Juegos secretos. El film muestra dos tipos de personas, unas más convencionales y otras más exclusivas. Éstas últimas muestran su insatisfacción dando de nuevo una vuelta a la ruleta del amor, encendiendo las ascuas de la pasión con nuevos descubrimientos, con el juego del enamoramiento y de los escarceos sexuales. Pero, en un plano más inasible, la película es un canto interruptus a una forma de vida apasionada, anticonvencional y creativa, fuera de rutinas, hábitos y etiquetas. Sin embargo, la película muestra que esto es también un espejismo, una quimera: aunque el ardor y el entusiasmo sean imprescindibles en la vida, no duran infinitamente. Y Evan Hunter y Richard Quine lo saben a la perfección. Por eso es una obra adulta, madura, al margen de los ensueños juveniles sobre el amor y la vida en pareja.


jueves, 19 de junio de 2014

El exorcista (Aka The Exorcist)

4*

Uno de los clásiscos incontestables del cine de terror moderno, El exorcista tiene una estructura narrativa muy interesante: 3 historias extrañas que terminan por cruzarse. La primera, la de un arqueólogo en Irán; la segunda, la de los tormentos familiares y personales del padre Karras; la tercera, la de una actriz separada y su hija Regan Teresa, en Georgetown. La idea básica del film es mostrar al espectador cómo se viviría en una sociedad coetánea la presencia del diablo, a través de una posesión y su correspondiente exorcismo. Tanto William Peter Blaty (autor de la novela original) como William Friedkin (director de la película) juegan muy bien con la evocación anímica que tanto la iconografía religiosa como la representación del mal despiertan en el espectador. Al igual que otras películas del género, como La matanza de Texas, por ejemplo, Friedkin juega también excelentemente con los efectos de sonido (en las pesadillas del Padre Karrras, por ejemplo) y, por supuesto, con la mítica BSO compuesta por Mike Oldfield, Tubular Bells. Por otro lado, si bien la historia puede ser leída en un tono conservador (moral y socialmente hablando) y el espectador se pregunta cómo hubiera ido todo si la protagonista no fuera una mujer adinerada, The Exorcist pulsa con contundencia algunos de los miedos más primigenios del ser humano (a la pérdida de la identidad, a la propia maldad y al diablo, a la profanación religiosa, etc.). Técnicamente, la película es soberbia y lo que se ve en pantalla adapta sabiamente el contraste entre la ciencia y la religión mediante un estilo semidocumental que alcanza altas cotas en las escenas del hospital y en las escenas del exorcismo. Aunque la producción muestra algunos errores (esos empleados que caban siempre en el mismo sitio, algún desliz de montaje, etc.), el film ha pasado a los anales del fantaterror contemporáneo por los efectos que produce en el espectador y por su lograda conjunción de virtudes, donde los actores, precisamente, no son una característica accesoria. De hecho, todos ellos están expléndidos (Ellen Burstyn, Linda Blair, Max von Sidow, Lee J. Cobb y Jason Miller).

domingo, 15 de junio de 2014

Mis 5 imprescindibles de Tim Burton:

-       Eduardo Manostijeras (1990).
-       Ed Wood (1994).
-       Sleepy Hollow (1999).
-       Big Fish (2003).
-       La novia cadáver (2005).


Viaje al centro de la Tierra

2.5*

Julio Verne decía que todo lo que una persona puede imaginar otras podrán hacerlo realidad. Con esa idea en la mente, la Twentieth Century Fox y Henry Levin se lanzaron a adaptar el Viaje al centro de la tierra en 1959. Además, el reciente éxito de la extraordinaria 20.000 leguas de viaje submarino y de la mareante La vuelta al mundo en ochenta días hicieron que la Fox quisiera embarcarse en otra adaptación, esta vez con un arrebatador Cinemascope. El argumento es muy conocido: el profesor Lindenbrook, su ayudante, la viuda de un geólogo y un islandés fortachón viven todo tipo de aventuras subterráneas al adentrarse en un viaje hasta el centro de la tierra. Las bazas que en su momento debieron parecer portentosas (el diseño de producción, los decorados, los efectos especiales) se han quedado francamente acartonadas y, en general, tanto el diseño de personajes como algunos diálogos han resistido bastante mal el paso del tiempo. Por ejemplo, el personaje de James Mason es del todo punto irritante, tiene un carácter altivo y caprichoso (aunque se pretenda racional) y comete todo tipo de deslices. Además, existen decenas de errores de continuidad, fácticos y anacronismos aunque el espíritu eventurero de la historia original y una simpática ingenuidad tansforman el visionado de este film en una experiencia retro camp, apta, ciertamente, para públicos juveniles. Por lo demás, es mejor que la versión de Juan Piquer Simón.


viernes, 13 de junio de 2014

La naranja mecánica

3*

Junto con sus tres compinches, Alex (Malcom MacDowell), un malhechor juvenil, que disfruta de una adolescencia disoluta y consentida, se dedica a administrar hiper violencia gratuita a víctimas inocentes, incluyendo agresiones sexuales. Atrapado por la policía a causa de la traición de sus secuaces, Alex es recluido en una prisión estatal donde se la aplicará una técnica especial para reformar delincuentes, basada en los reflejos condicionados. Dicha técnica consiste en asociar imágenes violentas a efectos físicos desagradables, producidos por una droga, con lo que su falta de empatía hacia el dolor ajeno se convierte en repulsión ante la violencia y el sexo y, secundariamente, ante la 9ª Sinfonía de Beethoven (sic). Una vez reinsertado en la sociedad (en una especie de Inglaterra futurista, kitsch y ultraconservadora), el victimario será objeto de toda suerte de humillaciones y vejaciones, tanto por sus víctimas anteriores como por sus antiguos camaradas, ahora policías, mostrándose, así, una especie de reflexión circular sobre el origen y las consecuencias de la violencia que es, en el fondo, una reflexión sobre la libertad y la responsabilidad. Una fábula distópica y moral, rodada con los habituales recursos estéticos, narrativos y técnicos del Kubrick de la época (Barry Lyndon y 2001: una odisea del espacio, en especial) que, como adaptación de la novela de Burgess, es un tanto discutible, aunque ha demostrado ser una buena excusa para la fabricación de camisetas y otros gadgets supuestamente contraculturales, además de una vergonzosa influencia para una parte importante de la cinematografía contemporánea. En definitiva, un film tan esteticista como superficial.


Viernes 13 2ª parte (Aka Friday the 13th, Part 2)

2.5*

5 años después de la masacre del Campamento Crystal Lake, un grupo de monitores vuelve al mismo condado para abrir un campamento de verano en un terreno cercano. Como es natural, los organizadores son un heterogéneo grupo de jóvenes hermosos y hormonados que alternan el trabajo y el placer. Steve Miner inaugura oficialmente la saga de Viernes 13 con esta secuela del clásico slasher de Sean S. Cunningham de 1980. Y es una inauguración porque mientras que en la primera parte el asesino era la madre de Jason Vorhess, en esta segunda es el propio Vorhess, un boogeyman desfigurado, afásico y mongoloide, una especie de Quasimodo que se disfraza como el asesino del clásico gótico The Town That Dreaded Sundown. El guión es similar al de la primera parte, los asesinatos son un poco menos truculentos y la calidad cinematográfica es similar (con los característicos defectos de continuidad), aunque convendría reseñar la impresionante iluminación nocturna. Aunque la estructura de ambos films es parecida (escena precréditos, presentación, asesinatos y epílogo), ambas desarrollan una buena parte del metraje por la noche y ambas finalizan con la típica escena resurreccional, to be continued, hay que destacar algunas diferencias reseñables: en esta, la survival girl ha practicado sexo con su pareja; el protagonista de la largísima escena pre créditos no es Jason sino la superviniente de la primera, Alice (Adrienne King); y hay, al menos, un superviviente (más los que se quedan en el bar de carretera), mientras que en la primera sobrevivían tanto Alice como Crazy Ralph. Dentro de la tradición del cine de terror, conviene señalar que hay una escena homenaje a La matanza de Texas y otra que recordará en el espectador el truculento final de Cumpleaños mortal, estrenada ese mismo año (1981), y de El día de la madre. Como curiosidad, también en 1981 se estrenó otro slasher con varios puntos de contacto con este film, Scream.

 

miércoles, 11 de junio de 2014

El candidato (Aka The Candidate)

3.5*

George Clooney ha retratado en Los idus de marzo los tejemanejes políticos y propagandísticos de una típica capaña electoral USAmericana pero no ha sido el único director del país que se ha interesado en mostrar las interioridades sfumato de la principal institución de las democracias participativas: las elecciones. Antes que él, Michael Ritchie dirigió la extraordinariamente sabia e irónica El candidato, con cuatro magníficos protagonistas: Robert Redford, como el idealista candidato a senador de California Bill McCay, que es absorbido por las entrañas del poder; Peter Boyle, como un mercenario asesor de campaña, que lo mismo le da trabajar para un político que para otro; Don Porter, como el senador antagonista, el conservador y macho alfa Croker Jarmon; y Melvyn Douglas, el padre del candidato, ex gobernador del estado dorado y, por ello mismo, veterano y ladino político de sonrisa guasona. La historia se centra en el progresivo deterioro moral y personal del inexperto candidato, resaltando las diferentes etapas de la iniciación política (para la cual, además, aparece la correspondiente iniciación sexual). Y es en este terreno donde el film muestra sus mejores cartas, en la denuncia sutil, contrastando imagen y palabra, de un mundo absorvido por el establishment, la estructura de los partidos catch-all y los distintos intereses de quienes financian las campañas. Cinematográficamente hablando, la película no es gran cosa pero resulta tremendamente convincente y su mensaje es absolutamente moderno, más de cuarenta años después de su estreno. De hecho, George Lakoff la podría utilizar para ejemplificar el viejo y trasnochado debate entre republicanos y demócratas, tal y como aparece en su imprescindible Don't Think of an Elephant: Know Your Values.

domingo, 8 de junio de 2014

Todo en un día (Aka Ferris Bueller's Day Off)

3*
Relato metaficcional sobre un día de pellas que se toma Ferris Bueller (Matthew Broderick), junto con su novia y su mejor amigo del High School y con la intención de recorrer Chicago haciendo todas esas cosas que nunca tienen tiempo para hacer. Aunque la película haga guiños al anterior éxito del director, El club de los cinco (Simple Minds mediantes), en Todo en un día no aparece ningún prototipo estudiantil del susodicho film, lo que demuestra su naturaleza cómica, festiva y optimista. En todo caso, como muchas de las obras de Hughes, el espíritu global se retrotrae al Cabaret Voltaire, origen de una de las historias secretas del siglo XX, la que narra Greil Marcus en su Lipstick Traces (además, también hay una referencia al grupo del mismo nombre). En este sentido, recuerda muchísimo a la serie Parker Lewis nunca pierde. Un poco aséptica y con ciertas aparentes incongruencias (¿un día de colegio con partido de fútbol y de béisbol incluidos?), resulta simpática en su desarrollo y en el trazo de situaciones y personajes (ese enorme Ed Rooney). Una película rodada con mucho arte, fotografiada con una luz optimista como pocas, agradable y divertida a ratos, muy bien interpretada –con la ayuda de varios iconos de la época (el gran Jeffrey Jones, Jennifer Grey y Charlie Sheen, en un papel premonitorio)- y, sobre todo, con muy buen gusto. Atención a la parede scene con el incombustible Twist and Shout de The Beatles. Y hablando de música, en el score aparece una canción que utilizarían también dos pequeños clásicos de la comedia de la época, la ultraconservadora década de los ochenta: El secreto de mi éxito y Superagente K-9.



viernes, 6 de junio de 2014

Investigación criminal (Aka Vice Squad)

3.5*

Después de rodar una de las pocas películas USAmericanas de los cincuenta con la presencia de un auténtico serial killer, Without Warning, el desconocido Arnold Laven estrenaría otra pareja de excelentes (aunque humildes) films noir, el presente y No hay crimen impune, con la presencia del siempre avieso Broderick Crawford. En este caso, el detective-capitán Barnaby (Edgar G. Robinson) se ha de hacer cargo de varios casos, el principal de los cuales es averiguar quién ha matado a un agente mientras un par de bribones robaban un coche. Con un carácter ciertamente documental (la vida en la comisaria es una auténtica delicia) y entrelazando varias historias, Laven compone una excelente muestra de esa clase de cine policíaco, políticamente comprometido, que se rodó en el Hollywood de las décadas de los años treinta, cuarenta y cincuenta. La puesta en escena es tan sólida como un Buyck del 52 y tan fluida como la lengua de un predicador. No por casualidad, el director se formó en las Fuerzas Armadas y en la televisión. Los actores se mueven por la trama y por L.A. como si fueran auténticos policias y auténticos malhechores y todo el producto final rezuma esa extraña autenticidad propia del mejor Hammett, resultado de una envidiable mezcla de drama, un sentido del ritmo apabullante y varias escenas humorísticas excelentemente insertadas en la trama. Entre los actores, además del mencionado Robinson (por entonces inmerso en varias comparecencias ante el HUAC del senador McCarthy), que está tremendo, aparecen Paulette Godard y un jovencísimo Lee Van Cleff.

miércoles, 4 de junio de 2014

Semáforo rojo (Aka Rabid Dogs)

3*

Cuatro ladrones acometen un robo de forma precipitada y uno de ellos muere. En su huida, los 3 supervivientes secuestran a una mujer que les sirve de rehén pero, al llegar a un semáforo, cambian de vehículo y vuelven a secuestrar otro coche en el que viajan Ricardo y su hijo enfermo. La idea es llegar al campo, donde los ladrones tienen su headquarter y, a partir de ese momento, dejar en libertad a los rehenes. Pero las cosas no saldrán exactamente así. Mario Bava, con un reparto febril y entregado, rueda un thriller ultra quinqui con el envoltorio de una road movie. El resultado es una película sucia, descarnada, con escenas escatológicas y diálogos mezquinos. De una forma apropiada, el estilo visual del film se aleja de esa admirada estilización estética que es la marca de la casa del creador de San Remo para, en su lugar, aprovechar los resortes del poliziesco italiano, tanto en la definición de los personajes (duros, egoístas, sin escrúpulos) como en la concepción de la trama (con ironía final incluida), tanto en el uso de la BSO (con ecos del rock de la época, en especial a Iron Butterfly) como en la utilización del primer plano (para subrayar el clima claustrofóbico y la sordidez de los personajes). A la postre, se trata de una curiosa producción, propia del cine exploitation de la época pero una auténtica rara avis en la filmografía del director, el cual, incluso en sus películas más descarnadas (como Bahía de sangre), siempre tiene un espacio para la belleza. Por cierto, la trama recuerda ligeramente a Autostop Rosso Sangue, el sádico film de Pasquale Campanile protagonizado por Franco Nero. Entre los actores, por cierto, hay que señalar la presencia de los incombustibles George Eastman, Riccardo Cucciolla y Maurice Poli.