miércoles, 19 de octubre de 2016

El caminante (Aka The Traveller)

3*

Después de popularizar a Waldemar Daninsky y de dirigir El huerto del francés, Paul Naschy se enfrenta a la literatura picaresca española. Pero a su manera. Es decir, introduciendo elementos del fantaterror satánico, de la comedia y del cine erótico. El propio Jacinto Molina escribe el guión e interpreta a un caminante llamado Leonardo, de formas piadosas pero de contenido recio que, de camino a la corte de España, se va apropiando de las más variadas personalidades (militar, caballero, peregrino, etc.) para sobrevivir a costa de los bienes y de los cuerpos de los demás. En su peregrinaje, le acompaña un joven lacayo, antiguo lazarillo, interpretado por David Rocha. El resultado es una amalgama desprejuiciada y moralista, con una ambientación que recuerda a la de Curro Jiménez, una estructura narrativa (finalmente circular) en la que se suceden escenarios de todo tipo, desde un convento a un lupanar, y una cualidad estética entre Velázquez, Goya y Zurbarán. Además, a un estilo franco y falto de ostentaciones, el director ofrece ciertas osadías visuales (como la de la escena del asalto a espadas, rodada entre matorrales y malas hiervas) y conceptuales (como la del sueño futuro, apocalíptico e incomprensible, adelantándose a un Alan Moore). Una de las películas más curiosas de toda la filmografía del gran Naschy. Y uno de esos films que ahora serían cuasi imposibles.

martes, 18 de octubre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Sam Peckinpah:


-       Duelo en la alta Sierra (1962).
-       Grupo salvaje (1969).
-       La balada de Cable Hoge (1970).
-       Quiero la cabeza de Alfredo García (1974).
-       La cruz de hierro (1977).

sábado, 15 de octubre de 2016

Las minas del Rey Salomón (Aka King Solomon's Mines)

2.5*

Etnocentrismo zoológico europeo, esta película siempre ha sido considerada una de las obras maestras del cine de aventuras africanas. Vista (entonces, por algunas personas y) ahora (también por algunas personas), no deja de ser la típica paletada de colonos ignorantes y eurocentristas, aunque con un regusto por el conocimiento de floras y faunas diferentes. Aunque, claro, ese conocimiento respondía una necesidad de supervivencia o a un interés más o menos comercial (como en una película de Tarzán, vamos). Colonialismo, especismo, machismo, racismo, en fin, todos los bonitos “ismos” que han hecho a Europea y a su cultura un gran documento de barbarie, como dirían Benjamin o Jameson. Evidentemente, Europa es un conjunto de muchas más cosas pero, en el fondo, su riqueza y su preponderancia en el mundo se han construido con estas actitudes. Aunque Aristóteles, Leonardo o Spinoza, por ejemplo, además de otros europeos anónimos, no tienen nada que ver con estas cuestiones. En fin, una correcta adaptación (en la forma) de la novela de Haggard, protagonizada por dos pesos pesados de segunda B de la época, los aventureros Stewart Granger y Deborah Kerr (como en Mogambo), y solo para nostálgicos de un tipo de cine excesivamente deudor de su época. Escopetas versus lanzas, vamos. Aunque la fotografía, del gran Robert Surtees y aciertos parciales siguen manteniendo el interés más de 60 años después de su estreno. No confundir con Las minas de Rey Salmonete ni con el remake de la Cannon.

La mansion de los muertos vivientes

1.5*

Cuatro mujeres desprejuiciadas y un poco “putones” se disponen a vivir unos días de asueto en uno de esos hoteles de la costa española. En los días de viento (sí, en los “días”, no en las noches, que para eso estamos en la playa), las correosas jovencitas son asesinadas por una versión cutre casposa de los templarios de Ossorio, una especie de monjes vivientes violantes. El gran estudioso de la obra del tío de Javier Marías, Carlos Aguilar, afirma que estamos ante una película indigna de un “cineasta que tan admirablemente comenzara su carrera”. Uno de esos films clónicos que el venerado y venerable tío Jess perpetró a lo largo de su dilatadísima carrera, especialmente en sus últimos tramos, los que van desde mediados de los ochenta hasta el final de la misma. Una mezcla de cine de terror, erotismo soft sin depilar y de ese humor socarrón y surrealista con que solía salpicar casi todas sus producciones. Como dice Lina Romay respecto del personaje de Antonio Mayans, la película es absurda y extraña, como de otro tiempo. Así, sin más. Mal escrita, mal iluminada, mal rodada, mal montada, mal musicalizada, mal interpretada, mal maquillada (atención a esos monjes vestidos de blanco, por Dios), etc. Por lo menos, el espectador menos exigente se podrá deleitar con la hermosa figura de Jasmina Bell (alias de Elisa Vela) así como con algunas psicotrónicas secuencias, como las de la mujer que está atada a una cama y a la que llevan comida con insecticida y matarratas. En fin, uno de los muchos productos “S” de su director.

miércoles, 12 de octubre de 2016

Celebración del quinto aniversario

Un año más ha pasado y, para conmemorar el quinto aniversario del Blog, vamos a recuperar la dinámica de siempre para celebrarlo. Como ya conocéis, la idea es que los lectores proporcionéis una película para que pueda ser Pastilleada a gusto. En esta ocasión, volveremos a seleccionar tres de vuestras propuestas, que recibirán sus respectivas PastillasCríticas, con sus correspondientes dedicatorias personalizadas: es decir, con la dedicatoria que merecen nuestros seguidores. Ni más ni menos.

Así que la idea es la misma que en anteriores aniversarios. Repetimos: quien quiera tener su propia PastillaCrítica dedicada, que deje un comentario, en esta entrada, proponiendo el título de una película para que sea Pastilleada. De todos los comentarios que se reciban en el Blog, se sortearán 3 PastillasCríticas dedicadas, que se irán subiendo a lo largo de los meses de noviembre y diciembre.

La fecha límite para que dejéis vuestro comentario es el 20 de octubre de 2016.

Y unas últimas palabras: el cine puede ofrecer alegrías e ilusiones para sobrellevar los tiempos más difíciles porque, como decía Fellini, hablar de sueños es hablar de cine, ya que las películas utilizan el lenguaje de los sueños. Que la ensoñación y la realidad se unan en un todo maravilloso, como en las mejores películas.

Ad astra per aspera.

Los vengadores (Aka The Revengers)

3*

La familia de John Benedict (William Holden) es exterminada por un grupo de comanches capitaneados por un blanco con muy malas pulgas. El superviviente consigue sacar de la cárcel a un variopinto grupo de desarrapados con la intención de que le ayuden a dar caza a los culpables de su viudedad. Y así las cosas, el argumento se va complicando y enrevesando, pero siempre con la intención de contar una historia de alto contenido moral. Aprovechando el éxito y las resonancias cinematográficas de Grupo salvaje, Delbert Mann (que no tiene nada que ver con el gran Anthony Mann) se saca de la manga este Western de venganzas y traumas familiares, protagonizado por dos de los actores originales del film de Sam Peckinpah y una Susan Hayward espléndida (aunque su personaje no sale mucho, que digamos). La película revisita muchos de los paisajes físicos y morales del film del 69, así como da cabida a una buena parte de su paisanaje (con varias figuras y caracteres similares). De hecho, se nota una voluntad férrea de parecerse a la estratosférico obra maestra del director californiano, también en aspectos técnicos (como distintos encuadres, la misma fotografía, multitud de escenas, algunos cortes de la BSO, etc.), aunque con ligeras influencias del Western mediterráneo y casi ningún elemento crepuscular. En cualquier caso, no estamos ante un gran trabajo pero sí que es una obra estimable y entretenida. Como otra de las obras post-Peckinpah, Caza impagable, por ejemplo.


domingo, 9 de octubre de 2016

Alienator

1.5*
 
Un refugiado del Planeta X, un extraterrestre, es perseguido por el Universo por un caza-recompensas cósmico. El refugiado es un chico malo, vamos, que se ha escapado de una prisión de un olvidado planeta. Un ser muy evolucionado que tiene toda la pinta de salir de una de esas manadas de desarrapados motorizados de Mad Max. Y acaba en la tierra, en un camping gas de cualquier estado de los EE.UU., donde vivirá todo tipo de aventurillas y persecuciones con los más psicotrónicos personajes. El caza-recompensas, por cierto, tampoco tiene desperdicio: es una perra del espacio, musculadísima y punkorra, que tiene un brazo biónico que dispara rayos verdes y que puede sangrar un líquido amarillo. Y atención a su modelito y a su peinado. El pobre John Phillip Law intenta hacer un trabajo digno como el sheriff espabilado del lugar mientras que Jan-Michael Vincent hace lo propio como ejecutor en jefe de la cárcel interestelar de la que se escapa el refugiado. Todo es muy casposo (¡esa cabeza decapitada), muy casero (¡música de Casio!), muy charcutero (¡flipadlo con esa iluminación nocturna!) pero tiene esa típica gracia de las películas de serie z de los ochenta, esa atmósfera bizarra que a las generaciones actuales tanto disgusta pero que a una parte de los espectadores mundiales tanto y tantos momentos de felicidad y risas les ha dado. Atención a la escena del pié ensartado y del cervatillo “no hostil”! Una versión de papel Albal® del clásico de Cameron, Terminator.


Grupo 7

2*

Un grupo de policías disfuncionales, inmaduros y fuera de control (una especie de Los hombres de Harrelson pero oliendo a Barón Dandy) se dedican a perseguir a camellos y a intervenir droga en la Sevilla de finales de los ochenta y comienzos de los noventa, en un contexto de “limpieza” social de la ciudad antes de la Expo 92. Entre macarruzos, putas, soplones y mucha mandanga, la película construye un thriller de acción policial, metida en trapicheos y asuntos sucios, sin más interés que el de ver a un grupo de conocidos actores españoles haciéndose pasar por malotes, hasta que llega el momento venganza y la “reinserción” final (el happy end de turno), por muy ambigua que se quiera vender. Las pinceladas sociológicas son superficiales, la trama es simplista a más no poder (¿por qué no se plantea en ningún momento de dónde sale toda esa droga y quién controla y permite su tráfico?) y el desarrollo acusa no pocas inconsistencias históricas. En fin, reflexiones sociológicas aparte, la película tiene unas correctas escenas de acción y una estupenda banda sonora (del gran Julio de la Rosa) mientras que la fotografía, que parece que pretende ser naturalista e hiperrealista, satura de luz en cuanto menos te los esperas, especialmente en cuanto la cámara sale a la calle (en interiores el asunto está más controlado), en la misma medida que el sonido, no del todo bien equilibrado, por no hablar de la dicción y de la pronunciación de algunos actores. El desarrollo de los personajes tampoco es del todo coherente. Sin embargo, es un film que se puede ver y satisface cierta curiosidad por haber transformado en mainstream el ambiente degradado y despiadado de muchos barrios de la capital andaluza. Y por haber presentado el ambiente de impunidad policial en España. El del pasado, claro, que ahora son 100% respetuosos del estado de derecho, de la ley y de los derechos humanos.

viernes, 7 de octubre de 2016

Train to Busan (Aka Tren a Busan)

2*

El enésimo exitazo surcoreano que llega a las pantallas occidentales y no deja de ser una película previsible, estereotipada (en personajes, caracteres, situaciones, diálogos y resoluciones) y típica. Además, la historia tiene varios fallos graves de guión (como unos zombies que están persiguiendo a unos humanos en el tren y, de repente, desaparecen en la siguiente escena), situaciones ojipláticas de “anda la hostia, ¿y esto por qué pasa ahora?” y sorpresas no muertas del estilo. Finalmente, tiene la típica chorrada esa de, según las necesidades narrativas, así se transforman de rápido o de lento los zombies. Por no mencionar a esas masas informes de zombies y/o infectados que cualquier espectador puede apreciar que son más falsas que la sonrisa de un político en campaña. En fin, una mezcla de elementos extraídos de Snowpiercer, El tren del infierno, Guerra mundial Z, 28 días después y alguno de los films de zombies del gran George A. Romero (sí, esas obras que se atreven a lanzar a la cara del espectador lecturas críticas de la sociedad contemporánea) y que, por todo ello, tampoco destaca por su originalidad. A Romero, por cierto, se le rinde un cumplido homenaje en la escena final de la cinta. Potable, solo potable, si tu nivel de conocimiento zombie no pasa del libro The Zombie Survival Guide, de Max Brooks o de la serie The Walking Dead.


viernes, 30 de septiembre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Melanie Griffith:


-       Juventud rebelde (1977).
-       Armas de mujer (1985).
-       Algo salvaje (1986).
-       Resplandor en la oscuridad (1992).
-       Locos en Alabama (1999).

Dead of night

3*

Otra de las trilogías de terror rodadas por Dan Curtis para la televisión y, en este caso, con la ayuda inestimable del gran Richard Matheson, que escribe el guión de las tres historias aunque la primera de ellas sobre una novela de Jack Finney. Curtis demuestra que es un maestro en la planificación y en el montaje y rueda con la elegancia de un artesano cuyo ego está supeditado a las necesidades de cada historia. La primera parte trata sobre un coche de 1926 que permite viajar al pasado (en un retruécano maravilloso que parece adelantarse a Regreso al futuro). La segunda, la más floja de las tres, trata sobre un vampiro. Y, por último, el tercer capítulo del film gira en torno al obsesivo deseo de una madre por recuperar a su hijo muerto, lo que le llevará a realizar un rito satánico y, con él, a desencadenar un regreso realmente infernal. No falta quien afirma que de esta última historia, titulada “Bobby”, el gran John Carpenter podría haberse inspirado para su maravillosa La noche de Halloween. En definitiva, una curiosa oportunidad de ver en acción una forma efectiva y digna de hacer cine para la caja tonta.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El próximo año a la misma hora

3*

Dos jóvenes cenan una noche en el restaurante de una hermosa posada en Mendocino, al Norte de California (algo así como en Nepenthe de Big Sur). Cruzan miradas, se sonríen, comparten una mesa y, al final, acaban acostándose y enamorándose. Pero ambos están casados. Cuando acaba el fin de semana, deciden volver a encontrarse en el mismo lugar al año que viene. La película, basada en una exitosa obra teatral, recrea varios de esos encuentros a lo largo de los años, desde la inseguridad de las primeras veces hasta la serenidad de la madurez y lo hace siguiendo algunas de las principales corrientes, tanto estéticas como morales, tanto políticas como sexuales, de la reciente historia de los EE.UU., hecho que transforma esta película en un retrato modelo de la evolución del USAmericano medio desde comienzos de los cincuenta hasta finales de los setenta. Bien mirado, también podría ser una metáfora de una realidad en peligro de extinción: el matrimonio que dura varias décadas. Ellen Burstyn arrasa con su emocionante y sutil personaje mientras que Alan Alda vuelve a demostrar su vena cómica y neurótica. El film consigue hacer sonreír al espectador pero también le hace sentir las penalidades de los personajes, a lo largo de los años, e, incluso, le puede hacer llorar, pulsando su tecla nostálgica. Algo a lo que la música echa una buena mano. Pero Mulligan no hace un drama de esta preciosa historia de amor. Ni tan siquiera un melodrama. Es, más bien, una comedia vital.

Matador

3*

Extraña mixtura entre los cánones del giallo, el thriller más convencional y el mundo del toreo, Matador supone una de las películas más estimulantes de toda la carrera del trasnochado Pedro Almodóvar, abandonando ya el amateurismo anterior. Por eso, ya se vislumbra profesionalidad en los siguientes apartados de producción: la planificación, el guión, la dirección de actores, los técnicos, la fotografía, etc. Jugando con la sexualidad, la muerte y las convenciones patrias, el manchego propone nada menos que una superposición de dos placas tectónicas nacionales: la atracción por la sangre y la obsesión por el sexo. Es decir, “Pédrooooooo” propone una reflexión visual y literaria sobre los extremos del placer, entre el estoque, la violación, el cilicio y otras perversiones de un pueblo reprimido y represor. La chabacanería, el puterío, el quinquismo de la movida, la charcutería y lo carnavalesco del cine de Almodóvar, todo ello se pone al servicio de una historia truculenta pero estetizada, a caballo entre el conservadurismo franquista, las convenciones de la religión y de la fiesta y la transgresión experimentadora, propia de la irredenta década de los setenta. Y, además, el film cuenta con tres aceptables interpretaciones, la de Chus Lampreave, la de Assumpta Serna y la del siempre titubeante Antonio Banderas, aquí poniendo los primeros ladrillos de su leyenda de casanova, de macho cabrío, entro lo cafre, lo rudo y lo “perrito abandonado”. Como curiosidad, el comienzo de la cinta, con la escena masturbatoria de créditos, despliega todo un homenaje a ese cine maldito y elaboradísimo que realizó el maestro Mario Bava (y, en menor medida, Jesús Franco). Todo un guiño al cine de género, justificadísimo. Años después, Almodóvar volvería a intentar el mismo truco pero, esta vez, respecto de la obra de Franjú. Y no le salió igual de bien.

Los aristócratas del crímen (Aka The Killer Elite)

2.5*

Una película menor de un director mayor. El argumento es el consabido para esta clase de producciones: un mercenario traicionado y herido que, al recuperarse, tiene la ocasión de vengarse y de hacer su último trabajo. Una especie de Daredevil de Frisco (James Caan) es el mercenario. Robert Duvall, el estibador, el traidor. Y los consabidos jefes sin escrúpulos. La misión: proteger a un político japonés de sus enemigos ninjas. La primera hora del film es estupenda, apunta maneras y crea un buen clima de tensión. Sin embargo, la segunda hora es un barco a la deriva y hace aguas por varios costados (agujeros de guión, diálogos caricaturescos, diversas situaciones humorísticas que rozan el ridículo, un montaje precipitado, etc.). En todo caso, Peckinpah acierta al importar al asesino japonés embozado al thiller USAmericano, años antes de las películas de ninjas de la Cannon, así como al fotografiar a un San Franciso setentero hermoso y luminoso. Por lo demás, ni siquiera el habitual compositor de la casa, Jerry Fielding, resulta especialmente inspirado en esta obra que parece haber sufrido las típicas amputaciones de la filmografía del director.