Sin lugar a dudas, una de las más
fascinantes road movies del cine
USAmericano contemporáneo, un puro y desgarrado canto al motor de explosión, a
Detroit y a la vida en la carretera. El mismo director, Monte Hellman, monta
con precisión mecánica esta historia mínima pero que, en pantalla, funciona
como uno de esos anuncios de Marlboro
o Coca-Cola de la avenida Madison. Es
decir, como un commercial sobre la
libertad. Pero la película tiene otra lectura. Si el progreso de un país se
mide por la relación que ha creado entre su capacidad tecnológica y sus
costumbres morales, Two-Lane Blacktop
funciona como una terrible metáfora del vacío existencial que asola a esa “pesadilla
con aire acondicionado” de la que hablaba Henry Miller. En todo caso, de forma
hipnótica y con una intriga creciente, el espectador seguirá a varios locos de
las carreras, al conductor (James Taylor), al GTO (Warren “muscle car” Oates),
a la chica (Laurie Bird) y al mecánico (Dennis Wilson, ex Beach Boys y poseedor de uno de los mejores discos de Pop de finales
de los setenta, el Pacific Ocean Blue).
Como instantánea espiritual de una época gloriosa de nuestra historia reciente,
este film de 1971 se revela, con toda
su fidelidad y profundidad, como un canto arquetípico a ese nihilismo
desencantado que puede ser visto como el rasgo más importante de la década de los setenta (de forma similar a lo que hizo Punto límite: cero).
viernes, 29 de abril de 2016
jueves, 28 de abril de 2016
El síndrome de China (Aka The China Syndrome)
3.5*
Después del éxito del cine de
catástrofes, propio de una época (la irredenta década de los setenta) ávida de
experiencias cinematográficas morbosas, más o menos increíbles, había que
contar las amenazas reales a las que está expuesta “la sociedad del espectáculo”.
Por eso proliferaron, a finales de la década, varios disaster films, digamos, “reales” y críticos, es decir, sobre
situaciones que pueden asolar perfectamente nuestra forma de vida y que, de
hecho, en muchos casos, están en la base de la misma (especialmente con
empresas sin escrúpulos de por medio). Por ejemplo, el riesgo de la energía
nuclear, en varias de sus formas, no solamente como Holocausto Nuclear. Con el
compromiso y la producción del propio Michael Douglas, un desconocido James Bridges rueda una muy bien narrada y muy tensa historia sobre una central
nuclear que está a punto de ocasionar un auténtico estropicio en el idílico
territorio de California. En este sentido, es modélico el final elegido. Jane
Fonda y Jack Lemon regalan dos personajes admirablemente interpretados, al
igual que el propio Douglas, o los veteranos Scott Brady, James Hampton, James
Karen, Peter Donat, Richard Herd o el carpenteriano Wilford Brimley. Con una
factura cuasi televisiva, The China
Syndrome (y, luego, películas como Silkwood, Plutonium o Alerta atómica) puso en contacto a la población USAmericana con los riesgos de la
energía atómica, luego confirmados por variados accidentes, como el que ocurrió
solo unos pocos días después en Pensilvania. Pero está visto que los seres
humanos no tenemos memoria. Y así nos va.
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lunes, 25 de abril de 2016
Revolver
3*
Se ha dicho muchas veces que, por
el amor de una mujer, uno puede hacer cualquier cosa. Como decía
sardónicamente, Oscar Wilde, “no hay nada como el amor de una mujer casada”. Especialmente
si tu mujer es tan hermosa como Agostina Belli. El “tercer Sergio”, Sergio
Sollima, abandona el terreno del Euro
Western para rodar un poliziesco en
coproducción italo-franco-alemana, en la línea de Ciudad violenta. Unos mafiosos sicilianos secuestran a la esposa
del subdirector de una cárcel con la intención de que éste permita la fuga de
un peligroso recluta. El subdirector, por su parte, cederá al chantaje pero se
intentará tomar la justicia por su mano, aunque lo que descubrirá no encaja con
lo que había estado pensando. Sollima monta un film complejo, con elementos del thriller y del cine carcelario y en el que destaca la corpulencia
bruta de Oliver Reed (que, por entonces, tenía serios problemas con el alcohol,
como su compatriota Michael Caine) así como el espigamiento varonil de Fabio
Testi, en un papel que consigue sacar buena parte de su paleta gestual y
corporal. En todo caso, Sollima sigue escarbando en su lectura del
comportamiento humano y urde una trama sofisticada por sus múltiples lecturas
políticas y morales, a semejanza de su obra maestra Cara a cara. Por su parte, y curiosamente, Morricone desarrolla una
partitura gris, sin garra ni personalidad, a partir de la melodía original del Für Elise de Beethoven. Es, con
probabilidad, el precio que el compositor romano hubo de pagar por su sobrecarga
de trabajo en la época. En 1972 (es decir, un año antes), Morricone llegó a
firmar más de 28 bandas sonoras, por ejemplo.
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sábado, 23 de abril de 2016
Emmanuelle
2*
En el Bangkok de comienzos de la
década de la irredenta década de los setenta, la joven Emmanuelle (una especie
de Valentina à la Guido Crepax) vuelve
a su casa con su marido
diplomático. Una vez allí, y con el consentimiento de su esposo, comenzará su
educación erótica y sentimental, materializando todo tipo de sueños y fantasías
sexuales, aunque sin llegar al nivel de La
filosofía en el tocador, eso sí, que había que llenar los cines. Con esa
delgadez y esa languidez típica de una época que no se ponía hasta arriba azuzada
por el consumismo alimentario, la ansiedad y el estrés, Just Jaeckin aprovecha
a una excelsa Sylvia Kristel, convertida en sex
symbol para toda una generación, y le hace vibrar en un buen conjunto de situaciones,
a cada cual más sugerente y excitante, aunque todas con un etéreo machismo
flotando en el ambiente. Se habló mucho, por cierto, de la escena de los
cigarrillos (que trae a la memoria del espectador esa otra de Carlos Trillo y
Horacio Altuna en la que una prostituta se introducía bolas de billar por la
vagina). Uno de los más conocidos intentos de convertir la liberación sexual en un
“movimiento del alma”, en “la victoria de los sueños sobre la naturaleza”. Un clásico histórico del cine erótico.
jueves, 21 de abril de 2016
La dama roja mata siete veces (Aka La dama rossa uccide sette volte)
2.5*
Otra de esas producciones
oportunistas que poblaron los programas dobles durante un buen puñado de años. Con
una clara inspiración en 6 mujeres para
el asesino, la obra de Mario Bava (el codificador del género), y en El pájaro de las plumas de cristal, de
Dario Argento (su más perspicaz popularizador), Emilio Miraglia urde su segundo
giallo (tras el éxito del primero), con
algunos de sus más conspicuos elementos: un trauma juvenil, una tétrica
leyenda, una herencia disputada, luchas de ambición empresarial y familiar, varios
crímenes por descifrar, varios sospechosos, máscaras de por medio, truculentos
asesinatos, etc. El guión es un tanto confuso pero se sigue con interés, en
especial por un diseño de producción que roza lo gótico, algún que otro giro
“inesperado”, un score de Bruno
Nicolai a la altura así como, en último lugar, por la belleza de las actrices protagonistas,
capitaneadas por una habitual del género, Barbara Bouchet, y con la siempre
correosa presencia de Sybil Danning. El film
disfruta de un cierto status (y de una cierta adamiración) dentro de su ámbito temático, ese thriller amarillento que hizo furor
entre mediados de la ingenua década de los sesenta y mediados de la irredenta
década de los setenta. De hecho, se vende un diorama de la asesina, la dama
roja, nada menos. Hasta estos límites llega la cultomanía respecto de determinados productos culturales de serie B o Z. Por cierto, la película
cuenta con una buena edición en la colección española de Regia Films.
martes, 19 de abril de 2016
El amor del capitán Brando
3*
En 1974, en pleno "destape cinematográfico", el protoadolescente Juan,
de 13 años, asiste a una escuela rural en un pueblo de Segovia (Pedraza), en
los últimos y agonizantes momentos del franquismo. Allí, se enamora de la hermosa
profesora Aurora (Ana Belén). Por su parte, un viejo republicano adinerado
(Fernando Fernán Gómez) decide volver al pueblo, tras su exilio de varias
décadas. Entre los tres individuos, libres y desprejuiciados, comienzan a
desarrollarse una serie de escenas que sugieren el amor imposible entre todos
ellos, a la manera de la modernísima Academia
Rushmore. Jaime de Armiñán se apunta al cine revisionista de los Saura, los
Borau, los Camus, los García Sánchez o los Chávarri de la época, un cine
necesario y valiente que recupera el debate sobre las consecuencias de la
Guerra Civil española, por un lado, y sobre las aspiraciones democráticas de
una pequeña (aunque significativa) parte de la población del país (la más meritoria),
por la otra. La película tiene cierta rigidez interpretativa, varios diálogos
forzados y algún que otro esquematismo en la composición de los personajes, que
llega a rozar el arquetipo, lo cual no es una deficiencia en sí misma salvo
porque choca con la intención naturalista del film. Aunque, bien mirado, flota sobre toda la trama una aureola
simbólica que disimula gratamente todos estos defectos. A este tenor, la película
es hermosa en sus intenciones y sugestiva en su desarrollo. Curiosa escena, por
cierto, en que se homenajea a Bienvenido,
Mister Marshall, con un Ferrandis imitando al gran José Isbert. Y es que el
cine no solo imita a la realidad sino que también se alimenta del propio cine,
fagocitándose a sí mismo.
viernes, 15 de abril de 2016
Mis 5 imprescindibles de Veronica Lake:
-
Los viajes de Sullivan (1941).
-
Me casé con una bruja (1942).
-
Contratado para matar (1942).
-
La dalia azul (1946).
-
La mujer de fuego (1947).
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jueves, 14 de abril de 2016
Laberinto mortal (Aka Liens de sang Aka Blood Relatives)
3*
Un thriller canadiense del gran Claude Chabrol, con la estimable
presencia de Donald Sutherland como investigador de la policía que trata de
desentrañar un misterio tras el asesinato de una joven y las declaraciones de
una superviviente (la bella del momento). La película comienza como un slasher (guiño al propio Donald
Pleasance), continua como un policíaco y hace un par de paradas en el giallo (no por casualidad aparece David
Hemmings). Es decir, algo así como un Don’t
Look Now pero sin esa extraña aura de misterio y suspense que caracteriza a
la obra maestra de Nicholas Roeg. Precisamente por esto mismo, estamos ante una
de esas correctas adaptaciones que el director gabacho ha realizado de textos
clásicos de la literatura negra USAmericana pero sin salirse mucho del género,
salvo por los derroteros mencionados, totalmente coyunturales por otro lado
(tanto por el slasher como por el giallo). Como dice Caparrós Lera,
estamos ante un film de intriga policíaco-psicológica,
“en la línea morbosa del último Hitchcock, pero sin la categoría artística de éste”.
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lunes, 11 de abril de 2016
Tres mujeres (Aka Three Women)
3*
Tras rodar Un frío día en el parque y la extraordinaria Imágenes, Robert Altman encamina su trilogía de la mujer hacía otra
de sus cotas y hacia una de sus más personales realizaciones. En esta ocasión,
se sirve de un guión propio para dar forma a un argumento que roza el
surrealismo pero que parece inspirado en el riquísimo mundo contracultural de Norman
O. Brown o en las mitologías estudiadas por Joseph Campbell. De hecho, en Las extensiones interiores del espacio
exterior, Campbell afirma que “si se examinan sin prejuicio las tradiciones
religiosas de la humanidad, no tardan en encontrarse ciertos motivos míticos comunes
a todas ellas”, como, por ejemplo, la vida después de la muerte, o la
existencia de espíritus protectores o malévolos. Sobre estas cuestiones gira el
argumento de la obra. Una joven de Texas (Sissy Spacek) entra a trabajar en un
balneario de un pequeño pueblo al sur de California. Su instructora, Shelley
Duvall, parece encarnar la mujer independiente y exitosa pero su vida
amarillenta esconde la soledad y varias relaciones fracasadas y vacías. En el
camino se cruza una extraña mujer embarazada que pinta figuras mitológicas y
que es la pareja de uno de los amantes clandestinos de Duvall. Poco a poco, el
argumento se va desarrollando, por las vías de la narrativa convencional aunque
con un trasfondo simbólico y psicoanalítico que Altman prefiere no desvelar del
todo al espectador. Esto constituye un acierto puesto que transforma el film en una misteriosa delicia visual, muy bien
fotografiada y con ciertas resonancias místicas, destacadas en el epílogo
final. Fascinante.
domingo, 10 de abril de 2016
El hombre de la medianoche (Aka The Midnight Man)
3*
1972 y 1973 fueron dos buenos
años para el gran Burt Lancaster. Sin embargo, 1974 comenzaba con poco ímpetu
debido al rodaje de un telefilm
titulado El rey de Israel. Por eso no
es de extrañar el interés y el compromiso con el que Lancaster se introdujo en
este proyecto, hasta el punto de colaborar en el guión y en la dirección, junto
a Roland Kibbee. El argumento es bastante sencillo: un ex policía sale de la
cárcel en libertad condicional tras haber matado a su mujer. Un amigo suyo le
consigue un trabajo como vigilante en una Universidad privada. Pero, un día,
una estudiante es encontrada muerta y el vigilante sospecha que ha sido un
asesinato y comienza a investigar el misterio por su cuenta. De esta forma,
sobre una excusa argumental bastante sencilla, el desarrollo es un tanto más complejo
puesto que, según va investigando el protagonista, cada vez más personas están
implicadas en el caso, por uno u otro motivo. Uno de esos films desencantados, propios de la irredenta década de los setenta,
donde la inteligencia y la honestidad personal y profesional salen mal paradas
en un mundo copado por el egoísmo y la codicia, dos pilares básicos de este sistema
podrido en el que vivimos. De hecho, es curioso el ambiento elegido por el
guionista y el director para ambientar la historia (grabado en Carolina del
Sur, como recoge Ed Andreychuk en Burt
Lancaster: A Filmography and Biography): uno de esos Colleges USAmericanos con campus arbolado, residencias y demás
comodidades, donde incluso los profesores, entre clase y clase, buscan
satisfacer sus instintos más básicos. A la poco arriesgada dirección, Lancaster
añade una interpretación un poco mecanizada y un desarrollo un tanto tedioso y
confuso, todo lo cual jugó en contra del éxito de la película, hasta el punto
de condicionar el resto de la filmografía del actor, tal y como describe Kate Buford en su biografía Burt Lancaster: An
American Life.
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viernes, 8 de abril de 2016
Holocausto caníbal (Aka Cannibal Holocaust)
1*
El padre y la madre de casi todo
el cine reciente sobre found footage,
este film de Ruggero Deodato explota
sin rubor ni conmiseración ninguna el morbazo de una buena parte de los
espectadores cinematográficos, a la vez que muestra el cruel espíritu que hay
detrás del colonialismo Occidental (incluso de su acercamiento antropológico al
mismo). De hecho, los documentalistas son una panda de cabrones en toda regla. Deodato,
además, introduce escenas de sexo, sacrificios y desmembramientos reales de
animales (una tortuga, varias serpientes, monos, un cerdo salvaje), todo tipo
de secuencias desagradables, crueldades varias, etc., y todo ello acentuado por
una BSO que dramatiza y subraya todo lo que las imágenes muestran. A la postre,
lo que el espectador contempla no es plato de buen gusto ni educa de ninguna
manera. ¿Cine de denuncia? ¿Cine auto complaciente sin valor? ¿Obscenidad? Es
verdad que la obra juega a la ambigüedad y que, al incluir, varios puntos de
vista sobre los hechos, se desliza hacia la metaficción, recalcada por ese
“todos somos caníbales” final. Pero una cosa no se puede olvidar. Desde el
punto de vista ético, cuando una película muestra (y se recrea en) la muerte
gratuita de animales, traspasa el límite de lo razonable, pisoteando la
dignidad animal, y, por tanto, transforma el resultado en un insulto a la
razón y en una vergüenza para la empatía humana. Todas las demás
consideraciones (estéticas, técnicas, interpretativas, etc.) no pueden estar
por encima de la vida, por muy humilde que ésta sea.
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jueves, 7 de abril de 2016
Encuentros en la tercera fase (Aka Close Encounters of the Third Kind)
3*
Uno de los hitos históricos en el
cine de ciencia ficción familiar (esos encuentros de “tercera clase”), creado y
orquestado por la mano fílmica firme de Steven Spielberg (junto con E.T. El extraterrestre, Parque Jurásico, Inteligencia artificial y La
guerra de los mundos). De hecho, estamos ante uno de los blockbusters que salpican la filmografía
de su director, con una de las tramas más escuetas de la historia del cine y,
por lo tanto, con un guión estirado hasta la saciedad a partir de decenas de
pequeñas secuencias y planos, dadas de sí hasta el paroxismo, para crear un
suspense y una atmosfera: la del misterio que esconde el avistamiento de varios
fenómenos Ovnis. Eran otros tiempos, eran otros ritmos. Spielberg se tira a la piscina al introducir en la trama un par de familias disfuncionales, el poder
comunicativo de la música y al elegir como científico protagonista a François
Truffaut, que muestra ser tan mal actor como mítico director. Y acierta también
al representar un contact (Sagan dixit) con otras tecnologías en son de
paz. El film dura muchísimo y tiene
varias imágenes extraordinarias (de más está reconocer el talento del director
para crear una iconografía mítica) pero, también, tiene varios planos
acartonados, que le restan credibilidad final al producto. El final, por
cierto, también es un tanto decepcionante. Un producto que, como curiosidad,
daría pié a otras creaciones neocapitalistas, como el suprafamoso e
infrautilizado juego musical, Simon.
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martes, 5 de abril de 2016
Llovizna
3*
Durante un viaje nocturno en
coche, con una llovizna perpetua, Eduardo, un cobrador, regresa con 100.000
pesos en su bolsillo (“en billetes
chicos y grandes”). Durante la noche, recogerá a 4 indios y les llevará en el
auto, ocasionando y sufriendo extrañas situaciones de tensión. El protagonista
es un hombre ordinario (casado, con una hija y con una amante), con los miedos
y frustraciones propios de su clase social. Los indígenas acaban de enterrar a
una hermana, una chiquilla, hablan en su lengua, uno de ellos va “tomado” y han de llegar a la misma ciudad,
ya que son albañiles y van a una obra. El film
funciona como una especie de thriller
pero también como metáfora de un colonialismo y una multiculturalidad ruda y desigual (ese cartel
en la carretera que dice “la solución somos todos”). Mientras los aborígenes se
dediquen a bailar y a tocar su música en las puertas de las iglesias, todos
felices. Mientras se dediquen a laburar en la construcción, todo perfecto. Ahora
bien, si nos mezclamos con ellos, las cosas ya no son tan fáciles. En fin, con
tamaños ingredientes, la enchilada está servida. Sergio Olhovich dirige con una
sobriedad casi televisiva, pausando el ritmo y la trama, desarrollando un clima
de opresión y paranoia, a través de un “viaje sin fin” hasta el dramático desenlace. “Solo habían sido unos indios”. Estamos ante la adaptación
de un cuento del mexicano Juan de la Cabada, auténtico defensor de la cultura
indígena. De ahí, evidentemente, el irónico final.
sábado, 2 de abril de 2016
Organizacion criminal (Aka the Outfit)
3.5*
Seco, lapidario y violento thriller setentero, dirigido con astuta
sobriedad por el secretamente admirado director de El ex-preso de Corea, John Flynn, y que supone un hito considerable
en el cine hardboiled de la época.
Sobre una historia que nace de la misma fuente que la del clásico A quemarropa (del mismo novelista),
Robert Duvall y Joe Don Baker componen dos contundentes y desencantados
ladrones de poca monta que deben recuperar una suma de dinero en concepto de “indemnización”.
Por supuesto, la organización criminal hará todo lo posible para no soltar la
guita. Karen Black, como siempre, estupenda en su papel. Y Robert Ryan y Joanna
Cassidy aciertan al poner sus rostros y ademanes a un jefe del hampa y a su
respectiva amante. La planificación, el montaje, la roñosa ambientación, ese
realismo descarnado (producto del desaliento post sesentero), la BSO (del gran
Jerry Fielding), todos estos elementos ayudan a disfrutar un film que está a la misma altura que La noche se mueve, Carne viva, Un largo adiós,
Libertad condicional, Quiero la cabeza de
Alfredo García o El confidente:
es decir, que está al mismo nivel de calidad técnico-artística que este grupo
de neo film noir que juegan en la
liga B pero que son tan buenos como muchos de los de la liga A (El padrino, French Conecction, Serpico,
Yakuza, Harry el sucio o Klute).
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