miércoles, 15 de junio de 2016

Mis 5 libros imprescindibles sobre el cine:


-       El cine según Alfred Hitchcock (François Truffaut).
-      ¿Qué es el cine? (André Bazin). 
-       Douglas Sirk por Douglas Sirk (Jon Halliday).
-       Pursuits of Happiness: The Hollywood Comedy of Remarriage (Stanley Cavell).
-       The Psychotronic Video Guide (Michael J. Weldon).

La noche de Walpurgis

2.5*

Luis Buñuel y Jesús Franco son dos directores españoles que han disfrutado del reconocimiento de la Cinémathèque Françoise, que ha programado ciclos y homenajes a sus respetivas filmografías. Pero Paul Naschy es el único artista español que ha recibido un premio, en reconocimiento a toda su obra, de manos del gran gurú Roger Corman. Y no fue por casualidad: Jacinto Molina (que este es su verdadero nombre) es uno de los más talentosos y entregados ex culturistas cinematográficos. De hecho, su dedicación al cine fantástico y de terror es proverbial. Y una de sus más míticas creaciones es Waldemar Daninsky, un hombre lobo enamorado (a la manera del de Lon Chaney jr.) que se enfrenta, periódicamente, a vampiros, espectros y otros seres de la noche. La noche de Walpurgis, cuarta entrega de la serie, mezcla con cierta solera elementos de varias mitologías y tradiciones literarias en un cáliz resultón e interesante aunque arrastra una concepción algo naive del cine de género. Aún así, tanto por el encanto que tiene como por la significación dentro del desarrollo histórico del cine de terror en España, merece destacarse como una obra icónica y respetable. Lo más interesante del film, junto con la insólita recreación licántropa del propio Naschy (aquí, además, siendo dirigido por el gran Klimovsky), es alguna escena en cámara lenta de vampiras en pleno cotarro hemoglobínico. Un clásico de lo que Carlos Benítez ha denominado los “semblantes del fantaterror” español.

martes, 14 de junio de 2016

300: El nacimiento de un imperio (Aka 300: Rise of an Empire)

2*

La máquina palomitera de Hollywood vuelve a cagarla. En este caso, tenemos una chorradaca infográfica sobre la aceptable creación previa de Frank Miller, que funciona como una especie de precuela en relación con el éxito previo de Zack Snyder (de ahí lo de las Guerras Médicas), y que llena la pantalla con sangre digital, cientos de miles de extras pixelados y una trama ramplona e infantiloide. Es decir, que banaliza lo que Snyder pretendió trascender con su crónica visual de la batalla de las Termópilas. Lo que en 300 era una originalidad polémica, aquí es rutina escabechada. Ni siquiera los abdominales pintados impregnan la retina del espectador. Una de las pocas cosas que pueden producir algún tipo de emoción en el público es alguno de esos polvos helenos que salpican la trama, especialmente el que protagoniza una maravillosa Eva Green. Aunque, eso sí, son polvos sin amores: puro empotrismo, de ese que está tan de moda ahora, en estos tiempos que corren donde no hay ocasión para ningún tipo de preliminar. Como dice Artemisa: “you fight much harder than you fuck”. Este es el nivel de los diálogos.

lunes, 13 de junio de 2016

Man to Man

2*

Cioran escribió que la razón “es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza”. Y la ciencia, hija predilecta de la razón, es el ejemplo perfecto. Durante siglos, y también en la actualidad, la ciencia ha tenido que esconder las vergüenzas de sus acciones. La ciencia es una actividad (y una disciplina) que ha caído, a menudo, en el distanciamiento inhumano y en una falta de empatía repleta de crueldad. Buena parte de los científicos de los últimos doscientos años han metido la pata hasta las trancas, dejando en ridículo a la comunidad científica. Eso lo sabe casi cualquier ciudadano medianamente informado. Es decir, que no lo sabe todo el mundo, debido a esa mitificación cuasi primitivista con la que tratamos a la ciencia, amiga del progreso y aliada de la distopia. En todo caso, el film es uno de esos ejemplos bienintencionados que se propone denunciar la ignorancia de tiempos pasados, mostrando la normalidad con la que se desenvuelve la crueldad frente a lo desconocido, que normalmente se identifica con los más débiles (razas, animales, culturas, etc.). Sin embargo, las interpretaciones, varias situaciones y muchos diálogos no son del todo convincentes, así como el desarrollo estereotipado y parcial de la sociedad en la que está ambientada la historia. La buena intención de origen se transforma, así, en una película plana y sensiblera, como ha resumido acertadamente Carlos Boyero. De todas formas, es un ejemplo palmario de la estulticia humana, que no tiene edad y que se agazapa en cualquier tipo de personas, sean pobres o ricas, estén formadas o sean totalmente analfabetas. Y, como ejemplo, podría servir adecuadamente en la enseñanza obligatoria de las sociedades de masas en las que vivimos. Pero seguro que está película, con todos sus defectos, no llega a las aulas.

Black Rain

3*

Contrastes. Esta es la palabra que define con precisión al Japón contemporáneo. Así lo dejó escrito la Ruth Benedict de El crisantemo y la espada. Y esta es la palabra que representa con bastante acierto la premisa de este exitoso thriller de Ridley Scott, estrenado justo después de La sombra del testigo, dos años antes del super hit Thelma & Louise y el último film clásico de su director. Algo así como su Manhattan Sur. Dos policías de Nueva York, esa “gran zona gris”, han de extraditar a un asesino despiadado de la Yakuza (un tal Sato), al Tokio de finales de la ultraconservadora década de los ochenta. Con la ayuda del jefe de la Prefectura local, el gran Ken Takakura, deberán esquivar la guerra de poder entre la mafia japonesa, además de vengar un asesinato absolutamente imprevisible y que fue uno de los temas de conversación para buena parte de los espectadores que vieron el film en el momento de su estreno. Scott rinde homenaje a la cámara retardada de Peckinpah, para acentuar algunas escenas de acción, pero también a la contención y estallido de la violencia en el Yakuza de Pollack. Además, el guión se permite algunas pinceladas sobre culpabilidades históricas, raíces retorcidas y problemas de identidad cultural. En fin, un thriller rodado y fotografiado con un alto sentido estético (por el luego director de Speed) y con una BSO que martillea convenientemente la trama. 

jueves, 9 de junio de 2016

Contrato en Marsella (Aka The Marseille Contract)

3*

Aceptable thriller de acción sobre el mundo de la droga en Marsella, rodado con gusto y elegancia por un jubilado Robert Parrish y con la presencia de los siempre estupendos James Mason, Michael Caine y Anthony Quinn. El argumento sigue los elementos canónicos del género (el papel de las élites en el tráfico de drogas, la complicidad policial, la labor de los asesinos a sueldo para que nadie “de bien” se manche las manos, la heroicidad del hombre incorrupto, etc.) pero los dota de una singularidad especial, gracias a una dirección sobria pero que no renuncia a las pinceladas artísticas (con el color, con la iluminación) y con elegantes y fluidos movimientos de cámara. En este sentido, Parrish deja su impronta, por ejemplo, en algunas secuencias muy inteligentemente enlazadas, como la de la furgoneta y el tren. Se nota que el director consiguió un Oscar al mejor montaje por la excelente versión de Cuerpo y alma del tándem Rossen-Polonsky, en 1947.

lunes, 6 de junio de 2016

Los farsantes

3*

Crónica de la España de provincias de comienzos de los sesenta y retrato de una compañía de teatro ambulante que se dedica a viajar, de pueblo en pueblo, representando todo lo que se pone a tiro. En un momento particularmente conflictivo, el grupo tiene que aceptar pasar una noche divirtiendo a un grupo de personas pudientes, que intenta humillarles y aprovecharse de ellos (la escena del streeptease forzado es un auténtico social hit). Mario Camus sigue apuntalando la veta del cine neorrealista español, con toques naturalistas y elementos melodramáticos (con su consiguiente trama de atracción y amor), a propósito de la apertura mental de la farándula en contraposición a la sociedad que la envuelve. No por casualidad, el guionista fue Daniel Sueiro. Sin destacar especialmente por nada, la película se erige como una de las más rotundas radiografías de la España franquista, ahí donde la Iglesia y el fascismo conformaban los pilares de una sociedad hipócrita, mezquina y de miras insultantemente cortas. Varios años después, el gran Fernando Fernán Gómez se apuntaría un tanto con su particular recreación de la farándula en plena dictadura con su melancólico El Viaje a ninguna parte. Y, claro, esta obra de Camus estaba, seguro, en su mente y en su corazón, aunque, curiosamente, no la menta en sus memorias, El tiempo amarillo.

sábado, 4 de junio de 2016

A la caza (Aka Cruising)

3*

Pocas son las películas que retratan el mundo homosexual y, cuando lo hacen, pocas se atreven a adentrarse más allá del mapa que trazan los sentimientos entre personas del mismo sexo. Por eso, no es de extrañar la polémica que Willian Friedkin abrió con este contundente film de 1980, que retrata de una forma fidedigna una parte del submundo gay neoyorquino, tanto S&M como Leather. Y ello entre finales de la irredenta década de los setenta y comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta, los años de la doble moral reaganiana y del VIH. Un candidato a detective (Al Pacino) ha de infiltrarse en dicho submundo para intentar cazar a un cruel y sistemático asesino de homosexuales, a los que apuñala y desmiembra. Como casi toda la obra de Friedkin, la película ha sufrido ciertas amputaciones en el metraje (al parecer, faltan 40’) y, debido a eso, el espectador atento encontrará algunas lagunas, algunas escenas mal interrelacionadas, varias ambigüedades (como el uso de distintos actores para interpretar al asesino), etc. Aún así, y pese al fracaso comercial que sufrió la película, Friedkin se interesó en el tema por diversos motivos y consiguió un tenso, explícito y sórdido thriller físico-psicológico (de ahí la “R” de la MPAA que ostenta), que está ambientado en una parte de la fogosa subcultura gay de Nueva York. Pacino, una vez más, agarra la placa de policía y entrega un personaje creíble y sutil. Por su parte, Paul Sorvino y Karen Allen acompañan a las mil maravillas. La parte artística se complementa con una BSO que recuerda tanto la música como la parafernalia de cuero de los primeros discos de Judas Priest y que, en realidad, son de The Germs, Willy the Ville, Rough Trade

martes, 31 de mayo de 2016

Mis 5 imprescindibles de Takeshi Kitano:


-       Violent Cop (1989).
-       Sonatine (1993).
-       Hana-bi: flores de fuego (1997).
-       Dolls (2002).
-       Outrage (2010).

lunes, 30 de mayo de 2016

La vida secreta de Walter Mitty (Aka The secret life of Walter Mitty)

3*

El joven Walter Mitty trabaja como corrector en una empresa editora de ficciones pulp. Entre el control de su madre, la opresión de su prometida y de su suegra y las humillaciones de su trabajo, Mitty sueña despierto con todo tipo de aventuras inventadas. Como diría Marcel Proust, “vale más soñar la propia vida que vivirla, aunque vivirla es también soñarla”. Por eso, sí: todos tenemos una “vida secreta”, detrás de nuestras convencionales rutinas y empleos. Pero no todos la tenemos tan colorista y divertida como la de Mitty. Con la indulgencia propia de esta clase de cine mainstream de la época, Norman Z. McLeod dirigió esta comedia ingenua y de enredos, protagonizada por el inmensamente popular y talentoso Danny Kaye y que cuenta con algún que otro número musical en toda regla. La entrada de Boris Karloff en escena, la secuencia de la operación imaginada y la belleza de Virginia Mayo (nunca se la ha vuelto a ver tan hermosa como en esta película, salvo en El halcón y la flecha, por supuesto) son algunos de los puntos álgidos de un film que, sin tratarse de una obra maestra, ha resistido bastante bien el paso del tiempo. En el año 2013 se ha estrenado un remake, protagonizado por Ben Stiller y que ha tirado la casa por la ventana en cuanto a la recreación digital de los sueños de Mitty se refiere. Sin embargo, en cuanto a espíritu revoltoso se refiere, esta versión es más interesante.

sábado, 28 de mayo de 2016

Gallos de pelea (Aka Cockfighter)

3*

La novela picaresca, desde El lazarillo de Tormes o el Guzmán de Alfarache hasta las novelas proto postmodernas de Lawrence Sterne o de Henry Fielding, intentaban ofrecer una representación satírica de la sociedad del momento, afilando la descripción realista de los escalafones más bajos de la misma. Parece claro que este extraño film de Monte Hellman podría encajar en esta señera tradición literaria, que tan gloriosa influencia ha tenido también en el mundo del cine. Y es extraño por varios motivos. Primero, por tratarse de una película sobre un oscuro y cruel entretenimiento: las peleas de gallos, un espectáculo solo propio para gente muy limitadilla, intelectual y emocionalmente hablando (Por cierto, en la actualidad sería impensable rodar una película como esta, donde varios animales mueren luchando o son decapitados. Por suerte, ahora tenemos a asociaciones como PeTA, que luchan por un mundo no especista). Segundo, por ser una de las pocas películas del director donde el contenido y la forma resultan bastante convencionales (lejos quedan, por tanto, esos Westerns experimentales de los sesenta). Tercero, por tratarse de una obra rodada con la ayuda de varios monstruos del 7º arte (Néstor Almendros, por ejemplo, pero también Lewis Teague o Roger Corman). Cuarto, por presentar a un Warren Oates, extraordinario, que no pronuncia una sola palabra (salvo su voz en off) en toda la película. Por cierto, también aparece, como co-protagonista, el grandísimo Harry Dean Stanton, el hombre con el rostro de gorrión. Y quinto, por tratarse de una producción que parece que defiende lo que muestra, hasta que llega el irónico y cáustico final. En definitiva: una joya del cine underground USAmericano.

Estos son los condenados (Aka The Damned)

3*

La Guerra Fría y su epítome máximo, el Holocausto nuclear, han sido dos de las últimas pruebas fehacientes de que la humanidad está gobernada por una pandilla de matones indeseables, por un grupo de sociópatas avariciosos. En todo caso, como fenómenos históricos reales, ambos acontecimientos han condicionado buena parte del contenido de nuestras más recientes representaciones colectivas y, con ello, de nuestras producciones culturales, literarias, teatrales, poéticas, literarias. Y ello durante varias generaciones. La Hammer, bajo la extraña y sorprendente dirección de Joseph Losey, produce una película de ciencia ficción mezclada con la delincuencia juvenil, con la malévola sencillez de quien hace una pequeña tarta de manzana para luego rellenarla de sangre. La premisa del argumento, así como su desarrollo, es algo que se aconseja sea descubierto por el espectador deseoso de ampliar su experiencia vital. Entre el estreno de Eva y el rodaje de El sirviente, Losey recibió el encargo de rodar una historia del guionista Jamaicano Evans Jones (¡sí, el mismo de Wake in Fright!), que recrea una Inglaterra donde la gente se mueve entre la distopia institucional y el masoquismo personal, entre la inevitabilidad de un plan diabólico y el heroísmo fútil, como sugiere Colin Gardner en su revelador estudio sobre la filmografía del director USAmericano. El montaje paralelo no hace sino ir reforzando estas realidades que se cruzan y retroalimentan.

martes, 24 de mayo de 2016

Dabide no hoshi: Bishôjo-gari (Aka Beautiful Girl Hunter Aka The Star of David)

3*

Extraña y corrosiva Sexploitation japonesa, estrenada en 1979, y rodada por Norifumi Suzuki, premiado por el Festival de Yokohama por toda su carrera (una carrera que ha abordado el pinku eiga, el cine de acción, con Sonny Chiba, y otros subgéneros en varias ocasiones). Un violador y criminal se escapa de un sanatorio y llega a una casa donde se aplicará a todo tipo de perversiones y juegos sexuales con sus ocupantes, con bondage y maltrato incluidos, amen de las consabidas violaciones, tanto en estado de consciencia como de inconsciencia. La película sorprende por diferentes conceptos (especialmente por su lujuriosa concepción de la degradación sexual y de las parafilias) pero no es ajeno al shock que produce su visionado el hecho de que el director acompañe las escenas más fuertes con música clásica de fondo. Ni tampoco es ajeno la excelente calidad del film, tanto en sus aspectos técnicos como artísticos. Ni el hecho de que contextualice la degradación sexual con una teoría sobre el origen del mal. Una auténtica paradoja, ciertamente. Aunque hay que decir que la película no es explícita en ningún momento. También conocida como La estrella de David, Noribumi Suzuki denuncia la crueldad que se esconde, según él, tras las máscaras de los creadores de Auschwitz y de los que lanzaron las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Es decir, Suzuki nos recuerda el dictum de Benjamin, que tras cada documento de cultura se esconde un documento de barbarie.