Carlos Enrique Taboada fue un director mexicano, especializado
en el cine de terror, que tiene en su haber algunas películas sorprendentemente
interesantes, como su mítica Hasta el
viento tiene miedo o El libro de
piedra. Por su parte, Veneno para las
hadas (1984) cuenta la historia de Flaviola, una rica jovencita, que asiste
a un colegio donde conoce a Verónica, la cual afirma ser una bruja. A partir del
encuentro entra ambas, desarrollarán una relación dependiente basada en el sometimiento
y en la práctica de unos juegos progresivamente macabros, donde los adultos
tienen un papel muy secundario (de hecho, no se ve la cara de ninguno en toda la película). Utilizando una fotografía de interiores de una riqueza cromática
considerable, Taboada consigue crear ese suspense y ese miedo que caracterizan a
sus películas, a base de pequeños y sutiles sobresaltos y shocks. Por otro lado, hay una escena magnífica en un cementerio y
otra donde se aprecia la influencia del éxito contemporáneo de Tobe Hopper, Poltergeist, aunque, en general, la
cinta recuerda a El Otro, de Robert
Mulligan, y, por supuesto, al clásico de 1959, La Mala semilla, de Mervyn LeRoy. Una curiosidad: Steven Wilson, de los Porcupine Tree, tiene un tema con el mismo título.
jueves, 8 de marzo de 2012
martes, 6 de marzo de 2012
Latcho Drom
3.5*
Tony Gatlif, director francés de origen gitano, siempre ha
estado muy interesado por el estudio y la difusión de la herencia cultural de
ese pueblo nómada y disperso, el gitano, que convive con el resto de culturas donde se
asienta con esa mezcla de indulgencia e indiferencia que es propia de los pueblos
seguros de sí mismos y reacios a una completa asimilación. Latcho Drom es un recorrido por diversas comunidades gitanas que
van desde el subcontinente Indio hasta España, pasando por Egipto, Turquía,
Hungría, Rumania y Francia. Y como Cliford Geertz con su thick description (y, antes que él, Gilbert Ryle), Gatlif
pretende mostrar las características de un pueblo en base a la descripción de
un elemento clave de su cultura: en este caso, la música y la danza, que
cumplen un papel primordial en la reproducción generacional de un pueblo que, además,
posee una cultura oral muy fuerte. Estéticamente, la película es subyugante, como también lo son los distintos bailes, canciones y músicas que van deleitando al espectador. Por cierto, la influencia de la música romaní
en la cultura europea es algo todavía por estudiar, aunque la figura de Django
Reinhardt, por ejemplo, les hizo (en parte) justicia, reconociendo su legado.
Latcho Drom forma parte de una trilogía sobre el pueblo gitano, junto con dos obras de
ficción: Les princes (1983) y Gadjo Dilo (1997). Para terminar, Jeremy Marre rodó dos episodios de su famosa serie de 14 capítulos para Harcourt Films, con el expresivo título The Romany
Trail: Gypsy Music, la primera sobre África y la segunda sobre Europa. Finalmente, se aconseja completar con Gitanos de Buenos Aires, de Xavier Villaverde y Regina Álvarez, sobre la comunidad judía en Buenos Aires.
lunes, 5 de marzo de 2012
Carretera al infierno
3*
John Ryder, un autoestopista ambiguamente huraño, siembra el
terror en una carretera desértica y persigue con ahínco y muy mala leche a un
conductor solitario. El primero está excelentemente interpretado por Rutger
Hauer –actor fetiche de Paul Verhoeven-, mientras que al segundo le pone cara,
sudor y lágrimas un competente C. Thomas Howell. Rodada en el desierto de
Mojave, la opera prima de Robert Harmon consigue sacar partido a las
localizaciones, a los actores, a la excelente fotografía de John Seale y a la
mínima trama que sustenta la historia para construir un inverosímil pero
absorbente psychothriller con una
vaga inspiración en Terminator, de
James Cameron. Las conexiones del film,
dentro de sus limitaciones, son considerables (la estupenda The Hitch-Hiker de Ida Lupino, El diablo
sobre ruedas, Creepshow 2, Nunca juegues con extraños, el reciente remake).
domingo, 4 de marzo de 2012
El moderno Sherlock Holmes
4*
Ahora que está relativa y muy pasajeramente de moda el cine
mudo, vayamos a los verdaderos orígenes, concretamente a 1924, cuando Buster Keaton campaba a sus anchas como uno de los más grandes cómicos del momento,
junto a Charles Chaplin y a Harold Lloyd. En esta película, interpreta a un
joven proyeccionista que sueña con ser un gran detective -el crime-crushing criminologist, Sherlock
Jr.-, lo que conseguirá, precisamente, adentrándose
en una película que está proyectando en el cine en el que trabaja, aunque, en
realidad, todo ocurre en sus propios sueños. Keaton encadena gag tras gag en una imaginativa y divertida sucesión de aventuras,
persecuciones y sketches. Además, muestra su incomparable genio a la hora
de sintetizar en imágenes un sólido guión, apoyado con unos increíbles efectos
visuales y un magnífico montaje, en el que participó el propio Keaton. Y, todo
ello, en unos entretenidísimos 45’. Woody Allen se inspiraría en esta comedia
para su La rosa púrpura del Cairo y
John McTiernan para El último gran
héroe.
viernes, 2 de marzo de 2012
Nuestro día vendrá
Una de las rarezas del cine francés de los últimos años,
sobre una pareja de pelirrojos –Vincent Cassel y Olivier Barthelemy- que se embarcan
en una aventura, en una imprevisible road movie, de camino a Irlanda. A partir de esa premisa, la película se va
enrareciendo, pervirtiendo, enloqueciendo continuamente, mientras los
personajes van cambiando de roles en un intento por rebelarse contra todo lo
que creen que les ha venido sometiendo. La historia se va desarrollando en una
espiral de sinsentido y de violencia hasta un final que puede provocar varias
interpretaciones pero que, a la postre, insatisface al espectador. Por otro
lado, el film logra emocionar en
alguno de sus tramos pero, en conjunto, se muestra fallido, por su
inconsistente propósito de mostrar la locura de unos personajes desubicados,
rechazados, apátridas. Estéticamente atractiva y con una excelente
interpretación de la pareja protagonista, especialmente de Vincent Cassel,
supone el primer film de Romain Gavras, hijo del mítico Costa-Gavras –con
producción del propio Cassel-.
jueves, 1 de marzo de 2012
El crepúsculo de los dioses
4*
Grandísima e influyente película de tintes negros sobre la
mitología hollywoodense (en la línea de Cautivos
del mal) que, además, escenifica las exequias del cine mudo tras el paso al
sonoro. Un guionista en horas bajas (al que da vida un William Holden también
en horas bajas), que es perseguido por sus acreedores, conoce accidentalmente a
una vieja estrella del cine, la diva y desequilibrada Norma Desmond (Gloria
Swanson), que vive aislada del mundo moderno en su barroca mansión de Los Angeles y se encuentra protegida
por Max, su misterioso mayordomo (un tremendo Eric Von Stroheim, en un papel de
grandes resonancias personales y profesionales). Egos desmedidos, ambición a
prueba de arrepentimientos y enfermedades mentales para una historia
técnicamente brillante, de una profundidad humana admirable y narrativamente ejemplar
(aún a costa del retruécano de hacer
de un cadáver el narrador de la historia). El guión es del propio director, Billy Wilder,
escrito a dos manos con su fiel Charles Brackett, en su último trabajo juntos.
Espectacular escena de inicio, con esa imagen desde el fondo de la piscina
que ha pasado a la historia del cine (obra del director de fotografía de Perdición, John Seitz) e icónico final,
con una Swanson soberbia en su última actuación. Sin embargo, el
romance entre Holden y la joven aspirante a guionista parece trucada, la
conclusión se muestra también un poco atropellada y, además, la puesta en escena
del despecho final se revela ciertamente forzada. Los estudios de la Paramount, Cecil B. De Mille, Buster Keaton y otras estrellas del cine mudo aparecen por el metraje imprimiendo (con
su incontestable presencia) veracidad y crédito a este ácido retrato de la
industria del cine y de algunas de sus obsesiones, especialmente del éxito
asociado a la juventud. Una película especular, donde el cine emula a la vida y
la vida imita al cine, en una cadena circular y decadente.
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William Holden
miércoles, 29 de febrero de 2012
Mis 5 imprescindibles de Ingrid Bergman:
-
Casablanca (1942).
-
Encadenados (1946).
-
Te querré siempre (1954).
-
Hedda Gabler (1963).
-
Sonata de Otoño (1978).
lunes, 27 de febrero de 2012
El gran miércoles
3*
En 1978, John Millius escribió y dirigió este homenaje al paso
del tiempo y al proceso de madurez a través del cual la mayoría de las personas
se vuelven más egoístas e individualistas y no solamente pierden la inocencia
de su juventud sino también los valores asociados a ella, como el de la
amistad. Para redondear la propuesta, Millius ambienta la historia en el atractivo
mundo del surf, repleto de cuerpos
hermosos, juventud, rebeldía y fiestas, muchas fiestas. Además, contó con el
protagonismo de varios actores familiarizados con este deporte (Jan-Michael
Vincent y William Katt, el gran héroe
americano, además de Gary Busey), lo cual es de agradecer, especialmente en
las escenas rodadas en la cresta de las olas. Aunque la película comienza con la narración en off del personaje de Katt, la segunda mitad de la historia tiene como protagonista al
personaje de Vincent, con lo que se añade una apología de la amistad al punto de vista nostálgico de la primera mitad. Además, la trama se sitúa en un duro y difícil momento de la historia de los USA (entre
los sesenta y los setenta), con el cambio que implicó también en la conciencia coleciva del país. Con ciertos toques sociológicos, humorísticos y con esa marejada hedonista del momento, la
película fue rodada en Hawai y en California con una absorbente fotografía en Panavisión. Entre el candor rebelde de Ride the Wild Surf, de Don Taylor
(1964), y la actualización semi
profesional de En las manos de Dios,
de Zamlan King (1999), la película tiene su más fiel seguidor en el film de Kathrin Bigelow, Le llaman Bodhi.
sábado, 25 de febrero de 2012
La calle de la vergüenza
4*
Tras la 2ª Guerra Mundial, el parlamento japonés debate por
enésima vez la posibilidad de prohibir la prostitución, lo que acarrearía graves
consecuencias para los sectores implicados. El gran Kenji Mizoguchi –en su
última película, de 1956- rueda una historia patética y despiadada sobre un
local de alterne del barrio rojo de Tokio, irónicamente llamado La aldea de los sueños, y sobre la vida
cotidiana de las prostitutas que trabajan en él. A lo largo de todo el film, Mizoguchi va ofreciendo breves estampas
sobre cada una de las protagonistas, la unión de las cuales revela la lucha, el
sacrificio y las penurias que hay detrás de las sonrisas del oficio. Sin
estridencias, sin subrayados y con un score un poco discordante (de Toshirô Mayuzumi), Mizoguchi firma una desgarradora denuncia acerca
de la explotación humana y de la manipulación de las conciencias de los más
desfavorecidos, y lo hace con el característico sobrio estilo del director, una
puesta en escena cuidada al detalle, una fotografía del grandísimo Kazuo
Miyagawa –el inventor de la técnica Bleach Bypass- y, por supuesto, su maestría narrativa. Una de las protagonistas
recuerda al personaje de Anna Magnani en Mamma
Roma, de Pasolini. Por su parte, en España, en 1937, se estrenó Barrios Bajos, un alegato contra la
prostitución, entendida como una forma de explotación sexual de la mujer.
viernes, 24 de febrero de 2012
La guerra de Charlie Wilson
3*
El creador de la exitosa serie de TV El ala oeste de la Casa Blanca y guionista de La red social, Aaron Sorkin, fue la persona elegida para escribir un
guión (a partir de la documentada obra de George Crile) sobre los tejemanejes
políticos del congresista texano Charlie Wilson (Tom Hanks) para incrementar el
presupuesto de los EE.UU. en sus operaciones en Afganistán, asesorado por un
agente de la CIA de oscuro pasado. Sin embargo, de hecho, dichas operaciones
apoyaban una guerra encubierta contra la presencia soviética en la zona (guerra que ha sido mitificada
en la ultraconservadora Rambo 2). Por
su parte, lo que hace Mike Nichols es contar esa historia de una manera
simplista, maniquea y mostrando un claro posicionamiento político en favor de
la lucha contra el comunismo, posicionamiento que consigue ser relajado,
subrepticiamente, mediante una inteligente estrategia consistente en mezclar conversaciones
sobre asuntos técnicos y militares, negociaciones políticas de alto nivel,
viajes a tutiplén y fiestas y juergas varias para crear la apariencia de normalidad
y producir el siguiente argumento: los políticos son gente normal (no llevan
una vida normal, es verdad, pero sus rasgos son los mismos que los de la gente
normal: predilección por las mujeres hermosas, respeto por la religión y por la
tradición, una ligera dipsomanía, admiración por los profesionales y por las
personas francas y directas, etc.). Por lo tanto, sus acciones son normales y, por
supuesto, sus consecuencias serán normales. Ergo
buenas. Y aquí esta el problema. Que la película está tan comprometida en este
argumento que, al final, debe dejar caer una crítica (si bien limitada) en el
único punto flaco de la historia, según la perspectiva narrada. Pero para eso
el lector debe ver la película (si no lo ha hecho ya) y sacar sus propias
conclusiones. Por lo demás, la historia cuenta con dos buenas interpretaciones,
la de Seymour Hoffman y la de Amy Adams, mientras que el personaje de Julia Roberts no solamente
es un poco repelente sino que, además (y extra cinematográficamente hablando) la
belleza de la actriz está francamente desaprovechada. El resto de elementos
técnico-artísticos, a la altura de la producción.
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martes, 21 de febrero de 2012
El Hotel New Hampshire
2.5*
Win Berry (Beau Bridges) decide construir un hotel familiar
en el que todos puedan vivir y trabajar. A partir de esta premisa,
la película va encadenando distintas escenas, relacionadas –principalmente- con
el desarrollo emocional y sexual de los hijos de la familia Berry así como con
sus sueños y con los sueños de los padres. Sin embargo, el hotel no tendrá el éxito
esperado y la familia entera deberá viajar a Viena, con lo que la acción se verá politizada. Un Tony Richardson en horas bajas, siguiendo el estilo desenfadado y
descarnado de Tom Jones con el que se
hizo famoso. Sin embargo,
esta vez, sin duda, el tono no es el apropiado –una mezcla inadecuada de
jocosidad, ordinariez y surrealismo- y, por supuesto, el guión no está suficientemente
elaborado, lo cual hace a la historia poco convincente. Sin embargo, sí es apropiada a la moraleja de la historia su levedad general, tal y
como queda patente desde las primeras escenas del film. Equipo técnico artístico de la ultima etapa del director (Watkin,
Lambert), nutrido grupo de actores en el inicio de sus carreras: (Rob Lowe, Nastassja Kinski, Matthew Modine, Seth Green, Wallace Shawn) y protagonismo de la solvente Jodie
Foster. Aunque es verdad que el director inglés se ha especializado en adaptaciones
literarias y que, habitualmente, éstas son de una elevada calidad, El Hotel New Hampshire es la menos estimulante de todas las adaptaciones cinematográficas de la obra de John Irving.
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lunes, 20 de febrero de 2012
La caja 507
3*
Años antes de la contundente No habrá paz para los malvados (2011), el director vasco Enrique Urbizu ya había probado suerte con
el thriller policial en su opera
prima Todo por la pasta y en la más
solvente La caja 507, que es
el retrato de una venganza, espoleada por un descubrimiento casual. Está
ambientado en el submundo de la especulación inmobiliaria (que expolia el
litoral español) y se basa en un guión un tanto inverosímil (obra del propio
Urbizu y de Michel Gaztambide) pero que en pantalla funciona a la perfección, gracias
–especialmente- a una excelente planificación y a las convincentes interpretaciones de los dos
actores protagonistas, Antonio Resines y José Coronado (especialmente la del
segundo). Unas interpretaciones que, por otro lado, hacen innecesario mantener
el suspense sobre la base de un recurso habitual en el género: un montaje
artificioso. La película podría haber sido mucho más interesante si se hubieran
pulido incongruencias de guión y se hubiera mantenido -o apuntalado- el ritmo
de la trama. Y en este punto, tiene algo de responsabilidad el score ya que, lo que menos destaca es,
sin duda, la BSO de Mario de Benito, aunque hay que decir que el sonido, en
general, también es francamente mejorable.
sábado, 18 de febrero de 2012
Los chicos del maiz
Basada en un relato del infatigable Stephen King, Los chicos del maíz es un pequeño clásico
del terror adolescente de la ultra conservadora década de los ochenta, con más defectos que virtudes. Sin
embargo, puede seguirse con cierto placer gracias a una propuesta novedosa en
el cine de terror de la época: utilizar el clima de conservadurismo reinante para proponer
una alegoría sobre la religión (sobre este tema es interesante consultar la obra de Harold Bloom, La religión en los Estados Unidos). En una pequeña y apartada comunidad agrícola de
Iowa, unos jóvenes se han adueñado del pueblo para vivir sin juegos, sin música
y sin otras cosas propias de la infancia, incluyendo a los adultos. Están
dirigidos por dos de sus miembros (el profeta Isaac y su mano derecha
ejecutora Malachai), que encarnan a los verdaderos protagonistas del film, por
su omnipresencia, fanatismo y violencia. Con la participación de una
jovencísima Linda Hamilton y con una estética que recuerda ligeramente a Grant Wood, las escenas en las que los maizales parecen transformarse en laberintos
mantienen aún cierto interés, a costa de la devaluación general de la película.
La moraleja de la historia parece decir que “cualquier religión sin amor y sin
compasión es falsa”, lo cual no es, ciertamente, nada baladí. La primera
película de Fritz Kiersch (quien conseguiría mejores logros con su tercer
largometraje, Winners take all), que
dio pie a una cadena de secuelas por debajo, incluso, del
original (sic). El espectador puede encontrar influencias de esta historia en la reciente The Maze.
jueves, 16 de febrero de 2012
El silencio de un hombre
4*
Estilizado thriller
noir sobre las actividades de Jef
Costello, un asesino hierático, solitario y meticuloso que es como un samurai. O como un
tigre. Interpretado por Alain Delon, en la cumbre de su atractivo y de su éxito, el personaje trae a la mente al Vince Edwards de Murder by contract. Inspirándose en la novela The Ronin, Jean Pierre Melville crea una obra hipnótica, de una incisiva
abstracción, con una escenográfica austera y una puesta en escena precisa, elegante
y muy elocuente (tanto que los 10 primeros minutos no contienen diálogo
alguno). En la línea de El último suspiro,
supone una de las obras cumbre del polar francés, en general, y del cine de Jean Pierre Melville, en particular, y
constituye la segunda parte de la trilogía
Delon del director, además de Círculo rojo y Crónica negra. La influencia de esta película en la obra de Johnnie
To, John Woo o del propio Quentin Tarantino, entre otros, es notable y conviene
recordarla, así como en Ghost Dog, del gran
Jim Jarmusch.
miércoles, 15 de febrero de 2012
Mis 5 imprescindibles de Orson Welles
- Ciudadano Kane (1941).
-
La dama de Sanghai (1947).
- Sed de mal (1954).
-
Campanadas a medianoche (1965).
-
Fraude (1973).
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viernes, 10 de febrero de 2012
Millennium: los hombres que no amaban a las mujeres
3.5*
Parece que David Fincher tenía ganas de desenmascarar y de castigar
a un psycho killer, después de la
soberbia Se7en y, sobre todo, de la
laberíntica e hiper perfeccionista Zodiac.
Por eso, quizás, ha aceptado llevar a la pantalla grande un encargo escrito por
alguien lo suficientemente cercano a su imaginario y a sus obsesiones como Stieg Larsson, creador de la franquicia Millennium. Y por eso, probablemente también, ha decidido ser fiel
al contenido noir de la novela, a su
trama detectivesca, a los oscuros secretos de la disfuncional familia de empresarios
suecos protagonista y, finalmente, a la propia localización original, los
contrastados paisajes de la Suecia actual. Sin embargo, la historia es
excesivamente enrevesada, por momentos poco convincente (como esa escena en la
que Craig entra en la casa del asesino sabiendo quién es o esa otra en la que Salander despluma unos cuantos bancos suizos con la
ayuda de una peluca, un pasaporte falso, un bolso de imitación y todo su –en
este caso- inverosímil talento) y con un final, con varias resoluciones
encadenadas, impropio de Fincher y más cercano a la naturaleza telefílmica del guión. Dicho esto, la película está
muy bien narrada y contiene la suficiente ambigüedad para hacer que la historia
enganche, además de contener breves pero apropiadas dosis de humor. Por su
parte, los actores principales crean dos personajes fascinantes -cada uno a su
manera, evidentemente-. Magnífico, por tanto, ese actor tan sutil como rudo que
es el proletario Daniel Craig aunque merecen una mención aparte Christopher
Plummer –en un papel que estaba reservado a Max von Sidow- y Stellan Skarsgård
-dos secundarios de lujo y las dos caras de una misma moneda, de una misma familia- así como la BSO de Reznor y Ross, incluyendo la adaptación de un tema de Led Zeppelin para los títulos de crédito iniciales.
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jueves, 9 de febrero de 2012
Grupo salvaje
5*
Sin lugar a dudas, la obra maestra de Sam Peckinpah y una de las mejores películas de la historia del cine, de una fuerza descomunal. The Wild Bunch (en su título original)
no es un western arropado por las
convenciones clásicas del género sino que es una película insurrecta, donde la
historia y, sobre todo, los personajes desmitifican casi todas las convenciones
previas. En este sentido, el film entronca
con la crisis y con la desilusión USAmericana de la época y, también, con esa
sombra del sueño americano: la figura del perdedor (pero de un perdedor que se
sacrifica, al menos, por un ideal ético y contra la explotación y la crueldad
humanas). Por eso se la ha calificado de crepuscular aunque podría ser preferible hablar de mexican western, en la línea de Veracruz,
Bandido, Yo soy la revolución, ¡Agáchate maldito! o Los
compañeros. Con un diseño de producción que potencia la belleza de lo
miserable, de lo sucio y de lo imperfecto (obra de Edward Carrere), Peckinpah
exprime al máximo a sus espléndidos actores protagonistas, a esa compacta y
genial cuadrilla de secundarios (encabezados por un soberbio Warren Oates), a
sus colaboradores técnico-artísticos (excelente fotografía de Lucien Ballard,
renovador montaje de Lou Lombardo y soberbio score de Jerry Fielding), y, sobre todo, a un guión magníficamente escrito (pletórico de ideas y motivos), de una sutileza admirable, de una
emoción infecciosa y de una complejidad vital, humana y social, que se expande hasta
un nivel pocas veces alcanzado en el género. Tanto el comienzo como el final (de una violencia cinematográfica inusual hasta el momento, 1969) han pasado merecidamente
a la historia del cine.
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martes, 7 de febrero de 2012
Bukowski
2.5*
![]() |
| (Imposible conseguir imágenes del cartel original o de la carátula del DVD) |
En 1973, cámara en mano, Taylor Hackford y Richard Davies,
con un minúsculo presupuesto, siguieron al poeta Charles Bukowski hasta San
Francisco, invitado por Lawrence Ferlinghetti para impartir una lectura de poesía en el City Lights Poets Theater. Hackford va alternando escenas
grabadas en la calle con extractos de dicha lectura, así como reflexiones
hechas por el poeta en las más variadas situaciones (habitaciones de hotel, en
la casa del escritor en Los Ángeles, en la calle, en un coche, en las carreras
de caballos, etc.). En un económico Black & White, Bukowski muestra sus adicciones –su alcoholismo-, su sentido del
humor, su obsesión por los caballos y por las mujeres, así como sus
interesantes reflexiones sobre la vida. Al parecer, Hackford hizo mucho por
popularizar la obra y la vida de Bukowski en los EE.UU. con este film. El documental de John Dullaghan, Bukowski: Born into this, complementa el
visionado de este pionero homenaje de Hackford, al cual –por descontado- se
cita. Y también es aconsejable echar un vistazo a Barfly y a Factótum, retratos
ficcionados sobre el gran poeta usamericano y su alter ego Hank Chinaski.
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