Curiosa pero fallida revisión más serie B todavía del clásico de Jacques Tourneur La mujer pantera, con toques típicos del
subgénero, especialmente del clásico de Kurt Neuman, La mosca (de sólo dos años antes, 1958). Pero que estas referencias
cinéfilas no nos engañen, la película mueve más a la risa que al pavor, de
tantas escenas bizarras y vergonzosas que encadena la historia: desde el propio
disfraz de la mujer avispa (cutre a más no poder) hasta el pseudo ataque de un gato; desde los torpes diálogos hasta esa
secretaria que no deja de limarse las uñas y para la cual parece que no hay un
trabajo definido; desde el atropello más económico de la historia del cine
hasta esos experimentos de saldo del doctor Zinthrop con un perro adulto y un
cachorro, intentando hacernos creer que tienen la misma edad; o intentando
hacernos creer que una rata blanca es la cría de un conejillo de indias; desde
esas imágenes de las supuestas avispas (que son, en realidad, abejas), hasta ese
final absurdo (sic). Y podríamos seguir. Además, la historia salta de Nueva
York a Los Ángeles con un desparpajo que da gusto. En fin, que como experiencia
fílmica bien merece escurrir el bulto pero como experiencia psicotrónica bien
vale esos 73’, como algunas películas del modestísimo Ed Wood jr. Aviso a
navegantes: la música, constante, disonante y muy, muy cansina, puede causar más de un trastorno. Lo único destacable del
film es la salerosa interpretación de la menuda Susan Cabot, actriz que tuvo
una vida realmente dramática.
lunes, 6 de febrero de 2012
sábado, 4 de febrero de 2012
Infierno en el Pacífico
3*
Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del
encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un
japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune,
respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial).
Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos
personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración,
después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría
en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman,
en uno de sus más interesantes films, concretamente
su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas
Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy
pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con
resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de
un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada
en los EE.UU.
jueves, 2 de febrero de 2012
Los nombres del amor
3.5*
Las formas del amor son variadas. Sin embargo, si Ortega y Gasset tenía razón, no hay amor sin instinto sexual, ya que éste es como la
fuerza que tira de aquel. Y cuando el segundo desaparece, hay que tirar de algo
más que del instinto para conservar el primero. Esta es la parte de la historia
donde muy pocas comedias se atreven a entrar, salvo esta película (y algunas
otras, por cierto). Los nombres del amor
es una divertida e ingeniosa comedia francesa sobre un hombre y una mujer, de
muy variada condición ideológica y social, que se enamoran tras un conflictivo
primer encuentro, a partir del cual encadenarán todo tipo de situaciones jocosas
y alborozadas, sobre la base de las enormes
diferencias que les separan, a la manera de los antitéticos Cary Grant y Kathy
Hepburn en La fiera de mi niña, de
Howard Hawks. El solvente Jacques Gamblin y la desenvuelta Sara Forestier (acertada pareja protagonista), rinden convenientemente en sus respectivos
roles en esta inteligente película, escrita y dirigida por Michel Leclerc, con
la sombra de Woody Allen flotando en el ambiente. Atención a la estrategia de
la protagonista para derrotar y convertir ideológicamente a sus oponentes
políticos, especialmente las razones que esgrime al final del film.
miércoles, 1 de febrero de 2012
The Driver
3.5*
Hipnótico thriller,
escrito y dirigido con magnética simplicidad por Walter Hill, en 1978, y con una
pareja de actores perfectos para los papeles de The Driver y The Detective,
Ryan O’Neal y Bruce Dern, respectivamente (el papel de O’Neal, sin embargo, fue
escrito originalmente para el propio Steve McQueen). Por cierto, Monte Hellman rodó, en 1971, una película en la que los nombres de los portagonistas se referían directamente a su función en la trama (Carretera asfaltada en dos direcciones). La historia es sencilla:
un extremadamente talentoso conductor, especializado en huidas y parco en
palabras, es perseguido por una especie de sheriff,
obsesionado con darle caza, como si de un forajido se tratara. El conductor
contará con la ayuda de una testigo, Isabelle Adjani, que hace gala de un inglés
tan mediocre como su interpretación. Las escenas de persecuciones
automovilísticas están estupendamente planificadas, rodadas y montadas, en la
línea de Bullit (rodada 10 años antes) y, especialmente, en la línea de The Lineup de Don Siegel (20 años anterior).
La fotografía, del autor de A Quemarropa, es noctámbula, imantada, elegante (como la de Heat, de Michael Mann), así como su puesta en escena. El
productor y escritor de TV, Clyde
Phillips, pergeñó una versión novelada del conciso y excelente guión de Walter
Hill. Por otro lado, en 2011 se ha estrenado una especie de remake, Drive, con Ryan
Gosling, que está cosechando muchos éxitos y reconocimientos (pero que tampoco es gran cosa).
martes, 31 de enero de 2012
Mis 5 imprescindibles de Meryl Streep:
-
El cazador (1978).
-
Kramer contra Kramer (1979).
-
La mujer del teniente francés (1981).
-
La decisión de Sophie (1982).
-
Los puentes de Madison (1995).
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Kramer contra Kramer,
La decisión de Sophie,
La mujer del teniente francés,
Los puentes de Madison,
Meryl Streep
viernes, 27 de enero de 2012
Sherlock Holmes: Juego de sombras
3.5*
Guy Ritchie tiene un pequeño problema como director: sólo sabe
contar una historia y, además, lo hace siempre de la misma manera (ahí está la tetralogía
underworld para probarlo: Lock & Stock, Snatch, RocknRolla y Revolver). Bueno, sólo sabe contar una
historia salvo que se trate de sus dos adaptaciones del imaginario holmesiano (y de la justamente olvidada Barridos por la marea). En esta ocasión, Holmes y su
inseparable Watson (con ayuda de una vidente gitana) deben descifrar y desmontar un complot del propio Moriarty
para colapsar el mundo occidental, nada menos. Dentro de una factura de
película de acción, cuasi jamesbondiana, la historia cuenta con excelentes coreografías y con unas secuencias llenas de efectos visuales, ferozmente montadas, aunque están ralentizadas y aceleradas a capricho. Esta recuperación de la acción para el mundo sherlockiano tiene un digno antecedente en el anime dirigido por Hayao Miyazaki y Kyosuke Mikuriya. Por otro lado, la ambientación, la escenografía, el diseño de vestuario y la puesta en escena son
exuberantes, densos, victorianos (todo convenientemente retratado por Philippe Rousselot).
Con un Lestrade especialmente desubicado, un Moriarty que apunta maneras, una
Irene Adler bellísima y un indolente Mycroft (a la altura de Stephen Fry), Guy
Ritchie entretiene al espectador sin insultar su inteligencia, con una personal
versión de la inmortal creación del escocés Sir Arthur Conan Doyle, del que se
apropia varias ideas del canon original (especialmente de Estudio en escarlata, El signo de los cuatro, El valle del miedo, La aventura de la segunda mancha, El intérprete griego y, obviamente, El problema final, entre otros). Lo más destacable del film, sin embargo, es el carácter arrabalero,
descuidado y levemente vulnerable de este Holmes, magistralmente interpretado por
Robert Downey jr. Dos curiosidades: el personaje del
coronel Sebastian Moran está extraído de la aventura La Casa vacía y la escena con los caballos contiene un motivo musical que Ennio Morricone compuso para Dos
mulas y una mujer y que Hans Zimmer ha reutilizado (por cierto Zimmer se inspiró para la BSO de la anterior entrega en varios motivos del Euro Western).
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miércoles, 25 de enero de 2012
Vive como quieras
4*
Una de las películas más corrosivas de toda la filmografía
de Frank Capra (quien, por otro lado, era un convencido defensor de los ideales
individualistas y religiosos del republicanismo original y un fiel servidor del
optimismo rooseveltiano de la época).
Basada en la obra de teatro homónima de George Kauffman y Moss Hart y
guionizada por Robert Riskin –colaborador habitual del director-, Capra, en
esta ocasión -en vez de aplicar su crítica feroz a la política (como en Caballero sin espada) o a los media
(como en Juan Nadie)-, nos desvela lo
que hay tras las bambalinas del capitalismo: una vida llena de frustración, represión
y millones de callejones sin salida, lo que dinamita cualquier intento de
entablar una relación humana digna de ese nombre. Sólo hay cabida para los vínculos
levantados sobre la falsedad, el interés y lo pecuniario. Magnífico guión, oportuno
diseño de producción, inolvidables interpretaciones (especialmente las de Lionel
Barrimore –que estaba enfermo de artritis-, Jean Arthur y Edward Arnold) y magnífica
BSO de Tiomkin, para una historia tan subversiva y tan vigente que todavía asusta.
Una de las cosas más entrañables de la película es contemplar el cambio vital
del estupendo personaje de Poppins (Donald Meek) así como la inverosímil –pero
catártica- conversión final. Dentro de ese espíritu de anarquía que insufla vida al film, nada que ver con esa comedia fantástica -con la forma pero sin el alma dickensiana-, al estilo de ¡Qué bello es vivir! o, incluso, de El gran salto, de los Hermanos Coen,
pero sí con Los fabulosos Tenenbaums y con la familia Berry de El Hotel New Hampshire.
lunes, 23 de enero de 2012
Arrebato
3.5*
Año 1979. Madrid. José Sirgado (Eusebio Poncela) es un
director de cine, adicto a la heroína, que descubre que su ex novia (Cecilia
Roth) –con la que había roto- ha acampado en su propia casa. Además, está
intentando rodar una película de terror, La
maldición del hombre lobo, que tiene todo tipo de problemas. Por otro lado, en una
escapada con su amiga Marta conoce a Pedro, un adicto al cine que lo vive como
si no existiese ninguna otra cosa sobre la faz de la tierra. Tiempo después,
José recibe una película y una cinta de audio donde Pedro le explica los
alucinantes y extraños acontecimientos que ha vivido y en los que está
implicada su cámara de Súper 8. Y así
comienza la película… Arrebato (segundo
y último largometraje de Iván Zulueta, en 35 mm) destaca como una rara avis en la filmografía española,
tan dada a una especie de autocensura pro
comercial (dejando a un lado varias notables excepciones, por supuesto).
Para empezar, constituye una absorbente reflexión sobre el cine, sobre su capacidad
de asombrarnos, de deslumbrarnos, y, por tanto, de evadirnos de la realidad. Como propone la película, el
cine nos arrebata. Destaca, además,
por la sugerencia que hace del cine una especie de vampiro: nos roba parte del
tiempo que podríamos dedicar a la vida; nos deja sin vida. Pero cualquier
reflexión sobre el mensaje de la película no es sino una conjetura y, como tal,
está sujeta a múltiples revisiones, como la esencia misma de Arrebato, una maravilla entretejida con underground neoyorkino, E.A Poe y el cine-ojo de Dziga Vértov.
domingo, 22 de enero de 2012
Mensajero de la muerte
2*
Típica producción Cannon (obsesiones de Golan-Goblus detrás) sobre matanzas y venganzas. En esta ocasión, un avejentado Charles Bronson (en el papel de un periodista metomentodo) debe investigar el asesinato de toda una familia de mormones. Para ello, deberá desentrañar el secreto que esconde el personaje de John Ireland en sus tierras. Acción con cuenta gotas, suspense de teleserie y personajes recortables para la enésima colaboración entre el gran Charles Bronson y la ciega justicia. A la dirección, el otrora interesante J. Lee Thompson (autor de El cabo del terror, El oro de Mackenna, La bahía del tigre o Los cañones de Navarone, entre otros títulos).
Típica producción Cannon (obsesiones de Golan-Goblus detrás) sobre matanzas y venganzas. En esta ocasión, un avejentado Charles Bronson (en el papel de un periodista metomentodo) debe investigar el asesinato de toda una familia de mormones. Para ello, deberá desentrañar el secreto que esconde el personaje de John Ireland en sus tierras. Acción con cuenta gotas, suspense de teleserie y personajes recortables para la enésima colaboración entre el gran Charles Bronson y la ciega justicia. A la dirección, el otrora interesante J. Lee Thompson (autor de El cabo del terror, El oro de Mackenna, La bahía del tigre o Los cañones de Navarone, entre otros títulos).
viernes, 20 de enero de 2012
Rio Rojo
4*
Tras sus dos celebradas incursiones en el mundo del film noir con la Warner Brothers, Rio Rojo constituye el primero de los cuatro ríos que el gran Howard Hawks
rodó como homenaje a los pilares del Western
y a su particular universo fílmico, con un enorme John Duke Wayne y un debutante Montgomery
Clifft como protagonistas, y con un nutrido grupo de característicos (entre
ellos Walter Brennan, Joanne Dru, John Ireland y los Harry Carey, padre e hijo).
La historia es tan arquetípica como el regreso de Odiseo a Ítaca: un ganadero, su
hijo adoptivo y un grupo de cowboys tienen
que trasladar un enorme rebaño de vacas a Missouri porque la Guerra de Secesión
ha hundido los precios en el estado del que proceden, Texas. Sin embargo, los pormenores
del accidentado viaje transcienden la naturaleza primigenia del argumento y
convierten a Río Rojo en un acertado retrato psicológico y en una grandiosa
película sobre el esfuerzo personal, la camaradería, el espíritu de superación,
el amor y los conflictos intergeneracionales, con el pulso de la épica
recorriendo toda la narración y latiendo casi en cada fotograma, en cada
escena, en cada línea de diálogo. Excelente equipo de profesionales: Bernard
Chase, Dimitri Tiomkin, Russell Harlan, Christian Nyby y dos dobles no
acreditados: los siempre excelentes actores Ben Johnson y Richard Farnsworth, junto a Shelley Winters. Baz Luhrmann adaptaría esta historia en Australia (2008).
miércoles, 18 de enero de 2012
Posesión infernal
3*
Posesión Infernal (Evil Dead en su gráfico título original), el debut
como realizador del blockbustermaníaco
Sam Raimi, es un clásico moderno del cine de terror, mitad gore mitad splatstick.
Con claras referencias al imaginario de Lovecraft, Raimi reúne a cinco de sus
amigos en una cabaña en mitad de un bosque de Tennesse, al que sólo se puede
acceder por un puente. Accidentalmente, descubren un libro y una cinta
magnetofónica que hace revivir a un espíritu demoníaco que intentará (y
finalmente lo conseguirá) poseer a todos. Bueno, a todos menos al bueno de Ash (Bruce Campbell). La cinta destaca por su atmósfera (realmente conseguida), por unos
efectos especiales chirriantes pero efectivos, por su humor negro, por unos travellings subjetivos imposibles y
velocísimos, por una planificación ciertamente original, por aciertos
escenográficos varios (como el del espejo que se hace agua), por unos efectos
de sonido sorprendentes y por múltiples referencias al género (desde Wes Craven
hasta La matanza de Texas, pasando
por La noche de los muertos vivientes).
Tuvo dos continuaciones: Terroríficamente muertos y El ejército de las
tinieblas, ambas protagonizadas por el antihéroe Ash. Como curiosidad, el assistant editor de esta parte era nada
menos que Joel Cohen.
martes, 17 de enero de 2012
Santo contra el cerebro diabólico
2*
Una de las primeras apariciones del entrañable ídolo de la lucha
libre mexicana, Santo, el enmascarado de
plata. En este caso, en Valle del río, una zona westernarizada de México a donde un policía (Fernando) y su
colaborador (Conrado) han llegado en busca de la novia del primero (Virginia),
y ya, de paso, para poner fin a las correrías diabólicas del cacique local
Refugio Canales (un estupendo Luis Acebes). Es muy posible que, en su momento
(1963), esta película fuera admirada por su acción y por sus peleas. Hoy en día, no deja de ser una extravagante y caricaturesca producción, con un
diseño de personajes y una trama propias de los cómics de los años cincuenta (como
nuestro Roberto Alcázar y Pedrín, por
poner un ejemplo). Como rocambolesco es también el arrebatado y frenético score de Enrico Cabiati. Por cierto, en el primer
tercio de la película, hay una escena en una cantina, donde dos mujeres beben y
conversan, con un corrido de fondo, que es de una actualidad sorprendente.
domingo, 15 de enero de 2012
Mis 5 imprescindibles de Hayao Miyazaki:
- El castillo en el cielo (1986).
- Mi vecino Totoro (1988).
- Porco Rosso (1992).
- El viaje de Chihiro (2001).
- El castillo ambulante (2004).
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Mi vecino Totoro,
Porco Rosso
miércoles, 11 de enero de 2012
El topo
La última versión de las desventuras de George Smiley (personaje
creado por el gran John Le Carré sobre la biografía de Kim Philby), esta vez
con un gélido director sueco tras la cámara, Tomas Alfredson, el autor de la
sobrevalorada Déjame entrar. A lo largo de su dilatado metraje (127’), Smiley (un sobrio Gary Oldman) debe averiguar cuál de sus compañeros
trabaja para el enemigo; es decir, debe encontrar el topo que se encuentra
oculto en el seno de su ex organización: los servicios secretos británicos. Para
ello, Alfredson construye una narración excesivamente morosa y con varios
errores, con un montaje confuso donde se mezclan escenas contemporáneas con
múltiples flashbacks, y que va
siguiendo a unos personajes aburridos en una trama ambigua que recuerda a una
partida de ajedrez pero sin tablero… El
topo aprovecha, también, un buen puñado de clichés (tanto temáticos como visuales) extraídos de varias
películas de espionaje, como Clave Omega,
Scorpio, Los tres días del Cóndor o, especialmente, de la modesta pero
absorbente serie de la BBC que, sobre el mismo material, protagonizó Alec Guiness en 1970. Por otro lado, la BSO
es soberbia dentro de su sencillez. Sin embargo, el resultado final destaca
precisamente por esta mezcla de errores, ambigüedades y clichés, consiguiendo, precisamente, el efecto que pretendía:
confundir al espectador con una narración fría sobre un personaje frío que
tiene por encargo una misión innecesaria.
martes, 10 de enero de 2012
Soñadores
3*
En la última película de Bernardo Bertolucci hasta la fecha, el director de Novecento se apunta al revisionismo histórico y rueda una sofisticada crónica sobre los despertares sexuales, sentimentales y políticos de parte de una generación, con alguna reminiscencia al Bande á part de Godard. Matthew (Michael Pitt), un estudiante californiano, recala en el París de la primavera del 68 y entabla amistad -en la Cinémathèque française- con Isabelle (Eva Green) y con Theo (Louis Garrell), los dos hijos siameses de un reconocido poeta francés. Al comienzo de la erótica relación a tres bandas, Matthew parece ir por detrás de los hermanos, mientras que, según avanza la película, el tímido californiano consigue descifrar y revelar el infantilismo mental y emocional en el que viven Isabelle y Theo y les obliga a enfrentarse al mismo. Por otra parte, lo interesante de la historia –por significativo- es la forma en la que los acontecimientos políticos disparan, dirigen o interrumpen la acción. Aunque en este punto, el director no termina de sentirse cómodo. Cinematográficamente hablando, Bertolucci rinde un sentido homenaje al 7º arte, aprovechando un recurso que ya había sido utilizado en más de una ocasión, especialmente en esa cinéfila teleserie yanqui, Dream on (conocida en España como Sigue soñando). Por ello, hay multitud de referencias a películas de Hollywood y francesas, a partes iguales, junto a alguna de Bergman. La película es una producción inglesa, sobre una novela de un autor escocés (Gilbert Adair), dirigida por un italiano, sobre un acontecimiento ocurrido en Francia y con un equipo técnico y un plantel de actores de varias nacionalidades; sin embargo, el espíritu general se nos antoja francamente usamericano. La BSO, por último, es una sugerente y emotiva selección de canciones populares.
En la última película de Bernardo Bertolucci hasta la fecha, el director de Novecento se apunta al revisionismo histórico y rueda una sofisticada crónica sobre los despertares sexuales, sentimentales y políticos de parte de una generación, con alguna reminiscencia al Bande á part de Godard. Matthew (Michael Pitt), un estudiante californiano, recala en el París de la primavera del 68 y entabla amistad -en la Cinémathèque française- con Isabelle (Eva Green) y con Theo (Louis Garrell), los dos hijos siameses de un reconocido poeta francés. Al comienzo de la erótica relación a tres bandas, Matthew parece ir por detrás de los hermanos, mientras que, según avanza la película, el tímido californiano consigue descifrar y revelar el infantilismo mental y emocional en el que viven Isabelle y Theo y les obliga a enfrentarse al mismo. Por otra parte, lo interesante de la historia –por significativo- es la forma en la que los acontecimientos políticos disparan, dirigen o interrumpen la acción. Aunque en este punto, el director no termina de sentirse cómodo. Cinematográficamente hablando, Bertolucci rinde un sentido homenaje al 7º arte, aprovechando un recurso que ya había sido utilizado en más de una ocasión, especialmente en esa cinéfila teleserie yanqui, Dream on (conocida en España como Sigue soñando). Por ello, hay multitud de referencias a películas de Hollywood y francesas, a partes iguales, junto a alguna de Bergman. La película es una producción inglesa, sobre una novela de un autor escocés (Gilbert Adair), dirigida por un italiano, sobre un acontecimiento ocurrido en Francia y con un equipo técnico y un plantel de actores de varias nacionalidades; sin embargo, el espíritu general se nos antoja francamente usamericano. La BSO, por último, es una sugerente y emotiva selección de canciones populares.
lunes, 9 de enero de 2012
El zurdo
3*
Curioso y extraño western -de los más insólitos que se han
rodado nunca-, sobre la historia de Pat Garrett y del sufrido Billy el Niño, con
un Paul Newman histriónico poniendo en práctica a la perfección el manierismo que había aprendido
en el Actor’s Studio de Nueva York,
en un papel que –por otro lado- estaba destinado a James Dean. Se trata del
primer trabajo cinematográfico de Arthur Penn, tras una experimentada carrera
en el mundo de la televisión. Se mueve entre la tragedia griega y la torturada obra
de Tennesse Williams, por lo que no es de extrañar encontrar a Gore Vidal como coautor
del guión (basado, toda sea dicho, en su propia versión televisiva anterior).
Un tanto larga y previsible, sin embargo, se hace respetar, aunque esté por
debajo, en calidad e interés artístico, de la versión que Sam Peckinpah estrenó
en 1973.
domingo, 8 de enero de 2012
El precio del poder
3*
El precio del poder es la historia de Tony Montana (Al
Pacino), un inmigrante cubano, en los EE.UU. de la década de los ochenta, que
consigue hacerse rico gracias a su falta de escrúpulos y a su ambición. Con
ambos ingredientes -y con una descontrolada violencia- levanta un lucrativo imperio de
narcotráfico en Miami. Brain de Palma presenta, así, su fracasada
versión épica del clásico de Howard Hawks, Scarface (1932), sobre un guión del ex adicto a la cocaína y luego popularísimo director
de cine Oliver Stone. El problema es que Tony Montana es un personaje
antipático y patético, incluso cuando reflexiona de manera autocrítica delante
de sus socios y compañeros. Además, está infectado hasta la médula por el virus
de la autodestrucción, lo que le lleva indefectiblemente al fracaso. Aunque no todo
está perdido porque la película, desde otro punto de vista, es un magnífico retrato del mundo de la
droga, desde su cultivo hasta su comercialización y su consumo, pasando por sus conexiones con
los ámbitos de la política, la judicatura, la policía y los bancos. En resumen, El precio del poder constituye una grandilocuente exageración, violenta y pueril -al servicio de Al Pacino-, en la línea de lo que ofrecería Martin Scorsese con su Casino -al servicio de Joe Pesci-. De Palma
debió arrepentirse de tan egocéntrico, irascible y vacuo personaje porque años
más tarde rodaría una inteligente y comedida especie de secuela, Atrapado por su pasado, con un acertado
Al Pacino.
jueves, 5 de enero de 2012
La ventana indiscreta
4.5*
No se sabe muy bien cuáles son las razones por las que, en
un determinado momento, un director es capaz de rodar una obra maestra. Si
hablamos de Alfred Hitchcock, que tiene un buen puñado de magníficas películas,
la respuesta puede hacerse aún más complicada. En cualquier caso (y al margen
de posibles explicaciones), podría decirse que Rear Window constituye la aleación definitiva de todas las virtudes
y obsesiones de su orondo director. Rodada completamente en los estudios de la Paramount (lo que obligó a planificarla
al detalle y a volcarse en la magnífica iluminación), cuenta una historia conocida
por todos: un hombre en silla de ruedas utiliza su cámara fotográfica para
espiar a sus vecinos desde la ventana de su apartamento en el Greenwich Village, con la oposición de su
hermosa prometida. La película cuenta, además, con la nebulosa pero irrebatible presencia
de una muy uptown Grace Kelly, de un
Jimmy Stewart comodísimo en su papel de Voyeur (que debe imaginar un crimen para luego resolverlo), y se apoya en un suspense
excelentemente tramado y narrado, en el marco incomparable de una escenografía fabulosa, obra
de Hal Pereira. De más está señalar la influencia en Peeping Tom de Michael Powell, o en Blow Up, o en Brian de Palma, o en tantos
otros aunque, a su vez, podría estar influida por El susto, de 1946. Un detalle. El minuto 15 ya ha pasado a la historia del cine: constituye el mejor beso filmado nunca en Technicolor.
martes, 3 de enero de 2012
Saw V
1.5*
La quinta entrega de la franquicia sobre Jigsaw (Puzzle), construída con una vuelta de tuerca menos, con infinitas referencias al resto
de la saga y con una estética telefilmera. Evidentemente, parece como si por sí misma no tuviera mucho que contar. De hecho, es un producto tan rutinario y dependiente que el director fue el diseñador de producción y el director de la segunda unidad en Saw II, Saw III y Saw IV, lo que se puede apreciar en uno de los pocos aciertos del film: una trampa inspirada en El pozo y el péndulo de E.A. Poe. Por otro lado, los actores parecen salidos de un Tú sí que vales de la televisión canadiense. En cualquier caso, e intentando no ser objetivos, la película se puede ver siempre y cuando se disponga de un buen cargamento de
palomitas, refrescos de cola y demás chucherías. Si, además, te encuentras sólo en un antiguo cine de madera destartalado (en San Carlos de Bariloche, por ejemplo), y
tienes el dia paranoico, además de reirte, quizás pases algo de miedo.
lunes, 2 de enero de 2012
Aliens
Tras la asombrosa e innovadora combinación -de ciencia
ficción clásica, estética biomecánica y patrones importados del género de
terror- que contenía Alien, el 8 pasajero,
James Cameron tenía por delante una tarea bastante complicada: realizar una
secuela de la magistral película de Ridley Scott que fuera una fiel
continuación y, a la vez, algo totalmente distinto. De esta manera, Cameron
recupera la intención de los guionistas originales, Walter Hill y David Giler,
y rueda una obra maestra de acción claustrofóbica, muy realista en su
concepción y desarrollo, con un apropiado ambiente militar (inspirado en la
obra de Robert A. Heinlein, Starship
Troopers) y siguiendo la premisa de su predecesora: una heroína al frente
de la acción -magníficamente interpretada por Sigourney Weaver, por cierto-
pero en esta ocasión enfrentándose no a un único alien (como en la primera parte), sino a toda una colonia de xenoformos. Magnífica en todos sus aspectos técnicos y artísticos, Aliens sobresale por un conseguidísimo in crescendo dramático y por un épico clímax final que llega a producir
admiración en cualquier espectador, por muy aguerrido que sea. Curiosamente, justo un año después, en 1987, aparecería en pantalla otro alienígena despiadado, Predator.
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